Del Alto Valle al país de los tulipanes

María Paula Iglesia Llanos es una joven científica roquense que dedicada a una rama de la geología, el paleomagnetismo, realiza una investigación en la Facultad de Ciencias de la Tierra, en Utrecht, Holanda. Ya hace un año que reside allí, y una vez pasado el "shock cultural" comenta sus impresiones a "Río Negro".

Redacción

Por Redacción

En la holandesa ciudad de Utrecht, surcada por canales y poblada de iglesias, María Paula Iglesia Llanos, una joven roquense que es doctora en Geología, engrosa sin querer la estadística de los talentos argentinos que han emigrado, aun temporariamente, para ensanchar sus horizontes de prometedora científica.

Y las vivencias de algo más de un año de residir en el país de los tulipanes confirman lo que tantas veces se ha dicho o escrito.

– ¡Como viajar a Saturno!- Así resume María Paula, a través del teléfono y a más de 14.000 km de distancia de Roca, el impacto que obró en ella la sociedad holandesa, tanto en el aspecto profesional como en lo personal.

La joven tiene 34 años y se encuentra realizando, a través del CONICET, una beca posdoctoral en la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Utrecht.

«Todo funciona» -dice- y añade que lo que más le impresionó de la gente, incluidos sus colegas del Laboratorio de Paleomagnetismo, es el tono distendido que se advierte en sus vidas y trabajos. La explicación la da ella misma: – «Tienen otro tipo de preocupaciones, evidentemente nadie está angustiado por qué va a pasar mañana».

El seguro de desempleo, ejemplifica, que el Estado abona a toda persona sin trabajo por poco es casi tanto como el salario de 1.500 dólares mensuales que cada tres meses le gira el CONICET, desde la Argentina. Sus compañeros, una veintena de talentosos geólogos holandeses, ganan 2.500 dólares por mes, además de los servicios sociales, de los que la investigadora roquense carece.

En su especialidad, el paleomagnetismo, que le valió aprobar con un «sobresaliente» su tesis doctoral en la UBA, sus investigaciones son únicas en Latinoamérica y revisten especial significación para un equipo de trabajo integrado por numerosos geólogos especializados en otras ramas como la bioestratigrafía o sedimentología.

María Paula, que cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio María Auxiliadora, aclara que sus investigaciones sobre los campos magnéticos antiguos del planeta aportan a las ciencias básicas. Los resultados de sus trabajos han sido editados y expuestos en publicaciones y congresos nacionales e internacionales. Uno de ellos recibió el premio al mejor estudio publicado por un investigador menor de 35 años, en la revista de la Asociación Geológica Argentina.

Sin embargo, la geóloga remarca que en el laboratorio que compartía en Buenos Aires con sus colegas argentinos, siempre estaba roto algo o no podía repararse por falta de presupuesto. Esta circunstancia, a fin de cuentas, le resultó beneficiosa, ya que su «training» para improvisar soluciones con tecnología y «software» más primitivos le valió especial reconocimiento de su tutor académico en el laboratorio universitario de Utrecht.

Pero ese no es el caso. Y explica que cuando termine su beca, en octubre de 2001, el CONICET le da la opción de un año de prórroga, pero sin paga alguna.

Es por eso que con la ayuda de su director holandés intentarán, ante dos instituciones obtener el financiamiento necesario para que María Paula Iglesia Llanos continúe con sus investigaciones que incluyen, para enero o febrero, un viaje a Mendoza con el objeto de recolectar nuevas muestras. Tras la charla telefónica, María Paula elige la facilidad de Internet para explayarse acerca de sus impresiones. «En este año en Holanda, por cierto que aprendí también qué es eso del «shock cultural». Básicamente, podría definirlo como encontrarse en un lugar donde los códigos no son ni mejores ni peores, pero completamente diferentes de los que una conoce. De todos modos el susto ya pasó. Ahora ya estoy disfrutando de las bellezas (planas) del país de los tulipanes, los molinos y los diques. Creo que finalmente puedo decir que soy auténticamente una holando-argentina. Sólo me falta encontrar mi príncipe».


En la holandesa ciudad de Utrecht, surcada por canales y poblada de iglesias, María Paula Iglesia Llanos, una joven roquense que es doctora en Geología, engrosa sin querer la estadística de los talentos argentinos que han emigrado, aun temporariamente, para ensanchar sus horizontes de prometedora científica.

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