Del Centro Atómico a la enseñanza de danzas bolivianas
Daniela Montaño es ingeniera química en el área de Procesos. En Culturica, instruye sobre el folclore de su tierra natal.
Concurrir a una clase de danza folclórica boliviana permite asistir a la expresividad que Daniela Montaño es capaz de otorgar al baile. “Somos gente tan alegre, contagiando nuestro ritmo al compás de los tambores” aporta desde la letra la reproducción musical que anima pasos de saya. Hasta que ¡sale caporal! Entonces surgen las coloridas polleras cortas que adquirirán frenético vuelo con movimientos de cadera. Baile “en metatarso las damas, rodillas juntas, cuello erguido. Paso básico y dibujar un rombo con los pies”, son algunas de las indicaciones.
Luego llegaría el huayño con sus diagonales, zapateos y ondeo de pañuelos; el tinku con aires de lucha ritual entre dos bandos. La profesora ilustra que “en quechua significa encuentro. Una vez al año las comunidades pelean ofrendando su sangre a la tierra, a la Pachamama”. La danza proviene de esa ceremonia, por eso las manos son puños y los pasos firmes. Romina y Anahí, dos de las alumnas, demuestran postura y plasticidad. La clase concluye con chacarera y ejercicios de elongación tras el exigente despliegue físico.
Iniciado como taller de saya (danza afroboliviana) y caporal, fue ampliándose “a medida que avanzábamos. Es sobre danzas andinas que conozco de mi país, trato de difundirlas”. Una vez adquiridos, “los pasos son herramientas para bailar libremente”. Con coreografías ”trato de que las clases sean dinámicas porque viene bastante gente, pero pueden bailarse linealmente”, explica Daniela.
Desde Cochabamba
Nacida en Cochabamba, reside aquí desde noviembre e integra el equipo abocado al Proyecto Carem25 –prototipo de reactor nuclear de baja potencia– en el área Procesos del Centro Atómico Bariloche. Licenciada en Ingeniería Química, “cuando terminé la carrera, a los 23 años me mudé a Buenos Aires por cuestiones de trabajo. Vivir sola no es tan fácil, al año de venir remando pasé por un lugar donde había un letrero que decía: taller de danzas bolivianas.
“Encontré al profesor tarijeño Orlando Vilca”, a cargo de la agrupación Pachakútec. “Habré bailado allí unos tres años. Está en la sangre, y el estar fuera de tu país te da como más incentivo, las ganas de mostrarlo y difundirlo te sobrepasan. Esperaba seguir en Bariloche pero no había un conjunto. Así que decidí dar clases”.
Imposible permanecer impasible ante la gracia que la embajadora boliviana despliega cuando danza. Acentuada por el colorido de prendas tejidas, cintas y plumas adornando el sombrero, que porta para la sesión fotográfica. La vestimenta que usa fue adquirida en Bolivia. “Tengo cuatro vestidos y ahorro para comprar más. Son hechos a mano por un artesano de allí. Ahora estoy adaptando polleras, sencillas, bordadas, para que las chicas bailen”, dice.
“Los vestidos son traídos de Bolivia, hechos a mano por un artesano. Estoy adaptando polleras, sencillas, bordadas, para que las chicas bailen”.
Daniela Montaño, la profe que trabaja en el CAB.
Datos
- “Los vestidos son traídos de Bolivia, hechos a mano por un artesano. Estoy adaptando polleras, sencillas, bordadas, para que las chicas bailen”.
Concurrir a una clase de danza folclórica boliviana permite asistir a la expresividad que Daniela Montaño es capaz de otorgar al baile. “Somos gente tan alegre, contagiando nuestro ritmo al compás de los tambores” aporta desde la letra la reproducción musical que anima pasos de saya. Hasta que ¡sale caporal! Entonces surgen las coloridas polleras cortas que adquirirán frenético vuelo con movimientos de cadera. Baile “en metatarso las damas, rodillas juntas, cuello erguido. Paso básico y dibujar un rombo con los pies”, son algunas de las indicaciones.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora