Mundial Qatar 2022: una sede inédita elegida entre corrupción y muertes evitables

Luego de una polémica elección, el emirato se prepara para recibir a la fiesta del fútbol ante una lluvia de críticas y un choque cultural inevitable.





Las mejores selecciones se darán cita en Qatar 2022, con motivo de la primera Copa del Mundo que se llevará a cabo en Medio Oriente y en un país árabe.

“Será un torneo único en el que los seguidores podrán descubrir la cultura del país anfitrión y durante la fase de grupos tendrán la oportunidad de asistir a varios partidos al día”, dice la FIFA, en su página oficial.

Con su controvertida designación como sede en 2010 (ver recuadro), el emirato del Golfo Pérsico quedó relevado de buscar su boleto en el campo de juego, algo que nunca pudo lograr desde su participación en las Eliminatorias Asiáticas.

Con una historia futbolística joven, dado que la pelota rueda sobre su árido suelo desde las década del ‘50, Qatar apostó fuertemente al desarrollo de ese deporte con la creación de la Academia Aspire en 2004.

La evolución del fútbol qatarí llegó a su máximo estadío en 2019, cuando el seleccionado se coronó por primera vez campeón continental en la Copa Asiática tras vencer a Japón 3-1 en la final de Abu Dhabi.

Pero más allá de lo futbolístico, la vida y leyes en Qatar son muy diferentes a la de los países occidentales.

El emirato es un país muy conservador y tiene reglas que hay que respetar al pie de la letra. Si bien el consumo de alcohol está prohibido en la vía pública y mucho menos se puede circular alcoholizado, la FIFA anunció que permitirán la venta de la cerveza que es auspiciante oficial del certamen en las inmediaciones de los estadios, antes y después de los partidos.

La medida será tres horas antes del inicio y una hora después de que haya terminado el encuentro. Una vez dentro de la cancha, solo se podrá adquirir la variante sin alcohol.

Además, a partir de las 18.30, se podrá consumir alcohol en el “Fan Fest”, que se realizará en el centro de Doha.

Los derechos de la comunidad LGBTIQ+ en Qatar también fueron un tema que se puso en relevancia desde que se designó al país como sede. En Qatar la homosexualidad es un ilícito. El Código Penal qatarí tipifica a las relaciones homosexuales como un delito punible con hasta siete años de prisión.

Por el momento, se sabe que como forma de apoyo a las diversidades hay selecciones que van a jugar con una cinta de capitán de diversos colores bajo el lema “One love”.

Ante las reiteradas críticas sobre el tema, el presidente de la FIFA Gianni Infantino advirtió que la comunidad LGTBIQ+ iba a ser bienvenida en Qatar, pero a su vez agregó que había que respetar la cultura local.

En ese sentido, el debate tuvo su punto de polémica cuando el presidente del Comité Organizador del Mundial, Nasser Al-Khater, manifestó su rechazo a las manifestaciones de afecto público entre homosexuales.

“Así como nosotros respetamos las diferentes culturas, esperamos que la nuestra también lo sea”, indicó Al-Khater y dejó abierto el interrogante de qué ocurrirá cuando durante el mundial choquen esas “culturas”.

Desde ya, el mundo del fútbol estuvo en estado de alerta durante todo este tiempo. Abundaron los repudios y las manifestaciones en cuanto a estas problemáticas.

Una elección marcada por la corrupción

Qatar sorprendió al mundo el 2 de diciembre de 2010 cuando la FIFA lo designó como organizador del Mundial 2022.

El emirato fue elegido como anfitrión de la primera Copa del Mundo en Medio Oriente pese a su nula tradición futbolística, su escasa amplitud territorial y sus agobiantes temperaturas, que obligaron a correr la competencia a los inéditos meses de noviembre y diciembre.

Incluso con todos esos factores en su contra, el país árabe pudo derrotar a Estados Unidos, Australia, Corea del Sur y Japón en el proceso electivo.

Las sospechas de corrupción en el procedimiento no pararon de crecer desde ese momento y la FIFA inició una investigación interna a cargo de Michael J. García, exfiscal general de Estados Unidos, quien renunció a su cargo cuando la Comisión de Ética dictaminó que no habían existido irregularidades.

Las investigaciones de la prensa europea revelaron que el presidente de la Federación qatarí y también titular de la Confederación Asiática de fútbol, Mohammed bin Hamman, pagó hasta 3,6 millones a 30 miembros de la FIFA para asegurar el voto favorable a Qatar.

Según informó el periódico británico The Sunday Times, el camerunés Issa Hayatou y el marfileño Jacques Anouma, ambos integrantes del Comité Ejecutivo de FIFA, recibieron un soborno de 1,5 millones de dólares.

Nueve días antes de la votación, el entonces presidente de la UEFA, el francés Michael Platini, se había reunido con el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy y el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, emir de Qatar, para lograr el apoyo a la candidatura.

En diciembre de ese año, el expresidente de la FIFA, el suizo Joseph Blatter, y Platini fueron suspendidos por el Comité de Ética de la entidad. Unas 42 personas, entre dirigentes y empresarios, seis de nacionalidad argentina, fueron acusadas de participar del FIFA-Gate.

Los argentinos implicados en el escándalo de corrupción fueron los exdirigentes de Conmebol Eduardo Deluca -fallecido- y José Luis Meiszner y los empresario televisivos Hugo y Mariano Jinkis, Alejandro Burzaco y Hernán López.

A 20 días del Mundial, Blatter habló en el medio suizo “Tribune” y denunció a Platini por haber cedido ante presiones de Sarkozy.

“La elección de Qatar como sede fue un error. Seis meses más tarde de la votación, Qatar compró aviones de combate a Francia por valor de 14,6 millones de dólares. Era por supuesto un asunto de dinero”, reveló Blatter.

El costo irrecuperable del Mundial

Entre todas las resistencias que se plantean al Mundial 2022 en Qatar, el trato recibido por los trabajadores migrantes en las obras de infraestructura se transformó en una cuestión de extrema gravedad, por las denuncias de medios internacionales y Organizaciones No Gubernamentales (ONG).

El país organizador de la primera Copa del Mundo en Medio Oriente recibió duras acusaciones por su política de derechos humanos hacia los obreros de la construcción, provenientes en su mayoría de países de Asia Meridional, desde que obtuvo -no exento de polémica- la sede en 2010.

Hace un año, el periódico británico The Guardian publicó un informe que puso el tema en la agenda mundial, tras asegurar que más de 6.500 trabajadores migrantes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka murieron en Qatar durante los preparativos para la máxima competencia de la FIFA.

Los reclamos recibidos desde la comunidad internacional generaron una apertura de la legislación laboral qatarí comprobada con la abolición del sistema “kafala” (patrocinio), mediante el cual un trabajador migrante quedaba atado a su empleador para cambiar de empleo o salir del país.

Sin embargo, las denuncias presentadas advierten que los obreros viven en condiciones de hacinamiento, cumplen extensas jornadas de 14 a 18 horas, expuestos a temperaturas que puede alcanzar los 50 grados, sufren impagos o retraso en la percepción de sus salarios y, en algunos casos, están obligados a entregar su pasaporte al contratista.


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