Desgaste

Es legítimo que se busque la responsabilidad política por los casos Pacek y Pili. Pero las denuncias contra Quiroga evidencian una sorda puja por el poder.



El próximo 26 se dilucidará si existe fundamento para el primero de los pedidos de juicio político al intendente Horacio Quiroga, referido al accidente ocurrido en una obra en construcción que derivó en la muerte de la vecina Sofía Pacek y, en poco tiempo más, el 17 de octubre próximo, ocurrirá otro tanto con el segundo, desencadenado por el caso de Raúl Pili, el hombre que se quemó a lo bonzo en medio del desalojo de su vivienda.

El mecanismo establecido por la Carta Orgánica Municipal es diferente al del juicio político previsto por la Constitución provincial y, contrariamente a lo que pudiera suponerse, hasta ahora el intendente no ha sido enjuiciado sino que solamente se han declarado admisibles las denuncias en su contra.

Quiroga ha hecho los correspondientes descargos y, luego de investigar las denuncias que se le formulan, las respectivas salas acusadoras deberán establecer, por seis votos sobre nueve, si existe responsabilidad política de su parte. De ser así, lo suspenderán y le iniciarán el correspondiente juicio, de lo contrario lo absolverán en forma definitiva.

Después de la hecatombe social y económica del 2001, la sociedad tendió a centrar la culpa de lo ocurrido en la clase política. Aunque los ecos de las cacerolas se fueron apagando, se mantiene una saludable predisposición de la población a exigir que los funcionarios respondan por sus actos en el desempeño de funciones públicas.

Salvando las enormes distancias con la tragedia de Cromañón, lo ocurrido en Neuquén es muy grave porque involucra de una manera u otra la vida de dos personas. En ese contexto, es lógico y razonable que los familiares de Pacek y de Pili tanto como sus respectivos vecinos exijan que se determinen claramente las responsabilidades de lo ocurrido, no sólo en el plano penal sino también en el administrativo-político.

Con todo, no se puede dejar de observar que, tanto en el caso de Cromañón como en los ocurridos aquí, existen implicancias políticas, en el sentido más crudo de las pujas por el poder, que se entrecruzan fuertemente con las motivaciones legítimas de los familiares.

En el caso de Ibarra, la oposición se montó sobre el dolor de los familiares de las víctimas para desplazarlo. En Neuquén, es ostensible que las denuncias contra el intendente son posibles por la acción deliberada de los concejales del MPN oposición en el Concejo Deliberante que dieron los cinco votos necesarios para hacer admisibles las denuncias. Así lo entendieron el intendente y sus colaboradores más cercanos, quienes salieron rápidamente a denunciar que el gobierno provincial estaba intentando desgastar al candidato a gobernador del radicalismo.

Aunque los ediles emepenistas han salido a aclarar que se ajustaron a la legislación vigente, la Carta Orgánica y la Constitución de la provincia, es público y notorio que en otras circunstancias no hubieran dudado en bloquear la aplicación de cualquier norma con tal de mantener a sus jefes y aliados a resguardo de posibles implicancias legales y políticas.

Baste, como ejemplo, recordar la actitud que adoptaron en su momento los diputados y los funcionarios del MPN para bloquear cualquier posibilidad de enjuiciamiento al gobernador cuando ocurrió el escándalo de las ternas para el TSJ, en el que Sobisch aparecía vinculado a un presunto intento de soborno para comprar el voto del diputado Jorge Taylor.

Por eso, más allá de la saludable investigación administrativa, necesaria para deslindar las responsabilidades de la comuna en los casos Pacek y Pili, la pregunta que la opinión pública debiera formularse hoy es por qué el MPN, que en los últimos años ha tenido en Quiroga un aliado, lo ha metido en semejante brete.

El intendente no se ha contentado con apoyar algunos de los proyectos más controvertidos del gobierno como las famosas ternas, la concesión adelantada del mayor yacimiento de gas de la provincia o la propia reforma de la Constitución, apenas hace unos meses renunció a una oportunidad única de liderar a toda la oposición para otorgarle a Sobisch un virtual salvoconducto que le permitió acceder a la presidencia de la Convención Constituyente.

¿Qué pasó?

El lunes por la noche, en una reunión realizada en la Casa de Gobierno a la que Quiroga concurrió para invitar al gobernador a los actos por el 102 aniversario de la ciudad, Sobisch le habría dado a entender al intendente que sus muchachos no piensan llevar lo del juicio político hasta las últimas consecuencias y se contentarán con salvar las apariencias.

De eso parece tratarse. Contrariando en los hechos la seriedad institucional que esgrimen como excusa, los concejales del MPN se fueron a hacer turismo en el glaciar Perito Moreno en lugar de estar presentes durante el descargo de Quiroga por el caso Pacek.

En una conferencia de prensa realizada después, los ediles intentaron justificar el papelón señalando que no se hicieron presentes luego de plantar la bomba para “no politizar el tema”.

En algún lugar de la cabeza de los concejales emepenistas la palabra política es una mala palabra. Esa es la idea que tienen de la actividad que desarrollan según lo revela su subconsciente.

¿Pero por qué el MPN habría de embarrar la cancha a un aliado? Está claro que hasta que el sobischismo empezó a esmerilarlo, el intendente era el candidato de la oposición mejor colocado en las encuestas. También, que el partido provincial está hecho para satisfacer las necesidades de sus jefes y abonados, y no para alentar los proyectos de poder de otros, independientemente de los servicios que éstos pudieran haber dispensado en determinadas circunstancias.

Quiroga debió suponer que esto iba a ocurrir, no lo hizo y ahora experimenta las consecuencias.

Si lo del MPN pegó fuerte, no menos amarga debe haber sido la conducta del concejal del PJ que se abstuvo en las dos oportunidades de votar contra la admisibilidad de las denuncias. Estamos hablando de un “aliado”, que hace pocos meses acompañó al quiroguismo en la lista del Frente Cívico para la Victoria.

Es un secreto a voces que el justicialismo neuquino tiene cuentas pendientes con Quiroga, y todo indica además que en la alianza del radical con el kirchnerismo se hacen sentir fuertemente las pujas de poder interno entre las incontables fracciones del PJ.

Es poco probable que el intendente termine siendo sometido a juicio político por cualquiera de estos dos casos. Pero sin duda este proceso le habrá de producir un desgaste. Su soledad actual no habla solamente del implacable hegemonismo del partido provincial, sino también de los límites de su propia estrategia de acumulación.

HECTOR MAURIÑO

vasco@rionegro.com.ar


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