Detrás del horror de los saqueos

Por Redacción

Las Fiestas del 2013 son ciertamente distintas para la gran mayoría de los argentinos. La sensación es agria, de peligro e inseguridad. Y de profunda amargura. De pronto hay un durísimo despertar a una realidad que no era, para nada, impredecible: la de los saqueos y la violencia. Que había sido anticipada hasta por la misma jerarquía de la Iglesia Católica. Lo que sucede es una consecuencia obvia, casi cantada, de haber sembrado –sin descanso y con máxima perversidad– los odios y los resentimientos entre hermanos desde lo más alto del poder, por espacio de una interminable década. Pérdida miserablemente, es obvio. Para obtener con ello rédito político, de corto plazo. Y, mientras tanto, desarticular la economía, poniéndola a merced de los caprichos y llenándola de discrecionalidad, de modo de poderla saquear, hasta ahora impunemente. Como nunca en la historia argentina. En medio de la tensión social acaban de publicarse algunos resultados de una oportuna encuesta de la consultora de Raúl Aragón sobre la crisis social que nos golpea. Veamos algunos de ellos, por lo que significan. Primero, el 74% de los argentinos cree que los delincuentes y saqueadores aprovecharon las circunstancias para robar electrodomésticos y otros productos caros. Para delinquir en masa, entonces. Vaya perfil de salvajismo para una población sin fisuras étnicas ni religiosas. Segundo, los responsables de lo sucedido son, para los argentinos encuestados: el gobierno nacional (16%), el gobierno provincial (12,6%), ambos (8,5%) y una “conspiración política” (32%). Esto demuestra cuán exitosos han sido los políticos en transmitir a la gente la imagen de que gobernar es una tarea que no genera jamás responsabilidad alguna para los funcionarios públicos, tan sólo privilegios y prebendas. Además de oportunidades para sacar provecho, a través de la corrupción. Si las cifras son correctas, como cabe asumir, para los argentinos, el gobierno es sólo lejanamente responsable de cuidar por la seguridad y la propiedad de sus ciudadanos. Esas cifras, por lo demás, muestran cuán proclives a creer en la fantasía son algunos. Por esto la mentira inmensa que vive en los “relatos” perdura. Increíble. Tercero, el 58% de los argentinos cree que los saqueos y la inseguridad se extenderán y que habrá más violencia antes de las Fiestas. Y supone que no estarán protegidos. Están resignados, entonces, a su pobre suerte, sin exigir activamente cambios ante lo que suponen es la inminencia de más caos y perjuicios. Cuarto, el 43% de los argentinos supone que los saqueos y ataques pueden incluir sus propias casas. El 54%, en cambio, no cree que eso sea posible. Casi la mitad de la gente está, queda visto, aterrada; la otra mitad, apenas preocupada. Quinto, el 62% de los argentinos cree que la Policía debe reprimir a los saqueadores. Como si, para las autoridades y la Policía, hubiera otra segunda posibilidad o alternativa: la de permanecer pasivos. La mayoría comprende –y espera– que, cuando la seguridad de sus vidas y sus propiedades está amenazada, ella debe defenderse ejerciendo activamente el monopolio de la fuerza que la ley ha asignado al gobierno. Pero, curiosamente, hay nada menos que un 38% de los argentinos que no creen en esto, por ignorancia, resignación o pesimismo. Así de grave, socialmente. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

EMILIO J. CÁRDENAS (*)