Deuda: combatiendo al capital



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Para algunos el capital es un factor económico, un conjunto de bienes físicos (dinero, máquinas, materias primas, etc.); para otros no es una cosa en sí misma sino una relación social de producción que produce en cosas. Por cierto el capital puede provenir de la naturaleza, y también del ser humano; este último es más que un factor de producción, es quien origina y transforma finalmente aquel.

Nuestro país atraviesa un alocado proceso de endeudamiento público que viene siendo abordado desde estas páginas desde su inicio. La partida para el pago de intereses que muestra el presupuesto 2018 recién presentado en el Congreso por el gobierno nacional alcanza casi el 10,3% de los gastos generales del Estado, cerca del doble que el año anterior. El endeudamiento externo es una de las consecuencias de contar con dólares para pagar el creciente déficit fiscal interno y el de la balanza comercial (más importaciones que exportaciones) y la fuga de capitales por envío de ganancias al exterior de las empresas, pago de servicios al extranjero, turismo y ahorro interno en dólares. Desde el 2016 se tomó deuda externa por 37.120 millones de dólares, la inversión extranjera directa está estancada (u$s 4.108 millones) y la fuga de capitales no deja de aumentar (u$s 20.103 millones) profundizándose el déficit de cuenta corriente cambiario (-23.197 millones), según informa la semana anterior el CEPA (Centro de Economía Política). La consultora Ecolatina en su último informe mensual afirma que las divisas que se obtienen del exterior se dirigen a la adquisición de bienes y servicios de consumo que no potencian la capacidad de repago de la economía, sumándose un creciente pago de intereses por deuda tomada para financiar el déficit público.

Hablando de eficiencia económica y “ahorro fiscal”, es importante que conozcamos que durante el presente año la Argentina paga u$s 1.100 millones de deuda pública por mes, es decir 200.000 millones de pesos cada 30 días, lo cual representa el 42% del déficit que se registra por año. El ministro de Finanzas sostuvo la semana anterior que en el 2018 la toma de deuda nueva alcanzará los u$s 30.000, lo cual arroja una cuenta simple: en tres años, la actual gestión habrá endeudado a la Argentina en 125.000 millones de dólares. No hay ahorro o eficiencia en el gasto para la toma de deuda pública en el país emergente donde existen los más altos retornos por especulación financiera, en el cual 1.200 cuentas para operar con Lebacs (títulos que emite el Estado) se abren cada día durante el 2017 (“El Cronista Comercial” 18/9/17). En el camino hacia el “país próspero” que pagará su deuda, distribuirá el ingreso, generará trabajo de calidad y construirá una educación de excelencia, el presupuesto para ciencia, técnica e investigación disminuye el 13,5% en el presupuesto 2018 y el ministerio respectivo está tomado hace días por el recorte generalizado en sus planes de desarrollo. La Comisión Nacional de Energía Atómica (la energía del desarrollo y la soberanía de los países) disminuye sistemáticamente su presupuesto y reduce sus proyectos de investigación.

Hablamos aquí de capital humano, del futuro de la ciencia aplicada a la economía del desarrollo y la autonomía estratégica de un país, de la industria involucrada en ese desarrollo tecnológico que representa capital económico nacional para un proyecto soberano que no condene a los jóvenes y a los emprendimientos en marcha a una nueva crisis de endeudamiento. No combatamos al capital humano y económico que nos dará futuro, no lo condenemos a pagar dólares que no podemos obtener sino a través de superávit comercial (produciendo granos de bajo valor) o tomando deuda nueva para pagar deuda vieja.

*Abogado, docente de grado y posgrado en la Facultad de Economía de la UNC


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