Dulce de leche

NEUQUÉN

Por Redacción

Gerardo bilardo gbilardo@rionegro.com.ar

Señales claras de un proceso de escurrimiento de su propia fuerza política comienzan a llegar desde la Legislatura al gobierno de Jorge Sapag. Se trata de un proceso con punto de partida en el triunfo electoral, primero en la interna y luego en las generales, del sector que lidera el senador electo Guillermo Pereyra, un hombre que ya no confronta sino que ensaya ejercicios de seducción y abre puertas para negociar. El gobierno ya perdió tres votos de diputados que llegaron a la Cámara con el estatus de aliados, involucrados en el armado de una ingeniería de partidos satélites que el MPN alienta en tiempos electorales para restarle fuerza a la oposición. Gabriel Romero, Daniel Baum y Fernanda Esquivel abandonaron el barco que comanda Sapag con asombrosa rapidez, un golpe que sorprendió hasta el propio gobernador. El voto de Daniel Andersch, un diputado del MPN que reporta directamente a Pereyra, no cuenta desde hace tiempo, y más recientemente otros tres legisladores del mismo partido, Luis Sapag, Raúl Bettiga y Eduardo Enríquez, están “con media valija hecha”, según grafican en los pasillos de la Legislatura. La homogénea fuerza legislativa con la que arrancó el proyecto del gobernador la actual gestión se tradujo inicialmente en la tranquilidad que representa contar con el respaldo de 19 votos sobre los 35 integrantes de la Cámara de Diputados. A mitad de mandato, el escenario se presenta más complejo y obliga a Sapag a plantearse una estrategia de renegociación de alianzas para definir temas centrales, incluso con partidos que no comulgan con el MPN. Aunque el funcionamiento del Poder Legislativo no es comparable a una ciencia exacta –pero a la hora de aprobar una ley sí lo es– el oficialismo mantendría ahora influencia sobre 16 votos y, en el peor escenario, sobre 12. Por ahora esta fisura se observa en detalles que no escapan a los ojos de los observadores parlamentarios. Esta semana estuvo a punto de prosperar un pedido de tratamiento sobre tablas para interpelar al ministro de Salud, Rubén Butigué, impulsado por la diputada de la Coalición Cívica-ARI Beatriz Kreitman. Por un voto no se pudo avanzar con esta propuesta, pero esa proximidad hacia un objetivo no deseado para el oficialismo fue suficiente para dejar en evidencia que las matemáticas pueden cambiar en el recinto. El irresuelto conflicto con los profesionales de salud que está presente desde hace más de seis meses entró como una cuña en el bloque del MPN, incluso afectó a diputados que aún reportan sin titubeos al proyecto de Sapag. Los médicos buscan una recomposición salarial y el reconocimiento de un espacio en la mesa de negociación con el gobierno. Sostienen que los acuerdos cerrados con los gremios ATE y UPCN provocaron un achatamiento de la escala salarial, con impacto negativo en la de los profesionales. Los médicos del sistema público se sienten ignorados por las autoridades del Ejecutivo y acumulan tiempo suficiente de conflicto como para demostrarlo. Por esa razón fueron a pedir ayuda a los diputados, pero el bloque del MPN había resuelto seguir la línea Butigué. Sin embargo, dos de sus integrantes, la diputada Graciela Muñiz Saavedra y María Angélica Carnaghi, desobedecieron la orden y recibieron a la dirigencia de Siprosapune, el gremio que agrupa a este sector de Salud. Este nuevo escenario que se va configurando podría generar dificultades en caso de que Sapag reflotara la idea de modificar la Constitución provincial para presentarse a una nueva elección. Al oficialismo le costará cada vez más reunir los dos tercios que se necesitan para hacer una enmienda o aprobar una ley que declare la necesidad de una reforma constitucional. Pereyra es un actor que comienza a moverse con independencia en el armado de una estrategia de crecimiento. Esta semana se reunió con Miguel Pichetto, el jefe del bloque de senadores del Frente para la Victoria. El también dirigente sindical petrolero tomó distancia de aquel discurso inicial de contenido antikirchnerista con el que compitió en las primarias y ahora, que llegó al Congreso, dejó en claro que con él se puede negociar. Mientras todo esto ocurría en la semana, el gobernador Sapag se encontraba en Buenos Aires con bajo perfil, excepto en el almuerzo del Club del Petróleo del martes último donde habló del tema que más le interesa y al que no le esquiva: el desarrollo de la industria petrolera. Luego reapareció el viernes en Villa La Angostura participando en una competencia deportiva de mediana exigencia. La silenciosa permanencia del gobernador en Buenos Aires, sumada a la reaparición de mañana de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, alimentó rumores en torno a posibles avances en el proyecto para la construcción de la presa Chihuido. “Seguimos remando en el dulce de leche”, dijo con ingenioso humor una fuente del gobierno cuando fue consultada sobre el asunto. En el gobierno no quieren alimentar nuevas expectativas porque temen sumar frustraciones, pero la fuente reconoció que “hay una línea abierta” para encontrar financiamiento, aunque aclaró que se debe “trabajar bastante” para convertir este paso en un anuncio. Si Chihuido se llega a materializar, el gobierno de Sapag tendrá una chance de remontar el delicado momento poselectoral que transita, porque esta obra es multiplicadora de trabajo y movilizadora de la economía. Una inversión de 1.500 millones de dólares ayudaría a diluir el dulce de leche en el que ahora navega la gestión del gobernador.