Ecuador: Jaime Nebot sigue su idilio con Guayaquil

Redacción

Por Redacción

La alianza Partido Social Cristiano-Madera de Guerrero acaba de ratificar formalmente la candidatura de Jaime Nebot (por tercera vez) al cargo de alcalde de Guayaquil. Nebot, recordemos, es un auténtico ícono en esa activa ciudad costera, verdadero corazón económico de Ecuador y además, en mi opinión, el único político de envergadura ecuatoriano que hoy sería capaz de hacerle sombra a Rafael Correa en una eventual elección presidencial. Aventura política a la que, sin embargo, hasta ahora Jaime Nebot se ha negado sistemáticamente, prefiriendo seguir actuando tan sólo en la ciudad de sus logros, Guayaquil, donde tiene imagen de invencible. Los comicios municipales de Guayaquil serán el 23 de febrero próximo. Rafael Correa, plenamente consciente de la importancia de Nebot, ha comenzado a atacarlo y seguramente le dará batalla. Con buenas y malas artes, para tratar de desdibujar a Nebot en su propia tierra y debilitarlo en todo lo posible. El único voto de la coalición que se abstuvo de proponer la reelección de Nebot fue (a la antigua usanza) el del propio Jaime Nebot. Todos los demás miembros de la directiva partidaria lo apoyaron unánimemente, como ciertamente se esperaba. Los progresistas no hubieran actuado así. Se habrían votado a sí mismos. Correa ha estado provocando todo tipo de roces con Nebot, para hostigarlo, en procura de lastimar su imagen. El último encontronazo ha tenido que ver con el uso de la fuerza pública para controlar las protestas callejeras de la ciudadanía. Así como para desalojar algunos asentamientos irregulares. El 4 de diciembre la policía local usó moderadamente la fuerza para desalojar a una manifestación. Con anterioridad, había intervenido con motivo de la inaceptable quema de un hospital por parte de vecinos de un asentamiento irregular conocido como “Monte Sinaí”, que protestaban así (enfermizamente) por el desalojo de viviendas que habían sido construidas por usurpadores. Rafael Correa no ahorra calificativos, ni críticas, contra un paciente pero luchador Jaime Nebot. Señal evidente de que le teme y de que está dispuesto a iniciar una guerra sin cuartel, aun mucho antes de que Nebot haga algún anuncio sobre su posible candidatura presidencial. Para tratar de cruzarlo cuando todavía no tiene la dimensión que lograría si se decide al lanzarse al ruedo grande, el de la política nacional. Hay quienes creen que esto ocurrirá en los próximos dos o tres años. Otros son –en cambio– escépticos y creen, en su visión, que Nebot no lo hará hasta que el ciclo de Rafael Correa esté pronto a culminar. Lo cual, conociendo la poca afición de Correa por la democracia, puede no ocurrir nunca en el cercano plazo. Ya hay algunos testaferros y operadores de Correa que están pensando en cómo eliminar todas las barreras constitucionales y legales que hoy impiden a Correa eternizarse en el timón del poder ecuatoriano. Pero para poder hacerlo es necesario además desembarazarse de Nebot, un obstáculo político de gran envergadura. Casi el único. Si de pronto aparece en el escenario ecuatoriano la candidatura presidencial de Nebot, estaríamos frente a un interesantísimo duelo entre los dos titanes de la actual política ecuatoriana. Con un final por ahora imposible de prever. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

EMILIO J. CÁRDENAS (*)


La alianza Partido Social Cristiano-Madera de Guerrero acaba de ratificar formalmente la candidatura de Jaime Nebot (por tercera vez) al cargo de alcalde de Guayaquil. Nebot, recordemos, es un auténtico ícono en esa activa ciudad costera, verdadero corazón económico de Ecuador y además, en mi opinión, el único político de envergadura ecuatoriano que hoy sería capaz de hacerle sombra a Rafael Correa en una eventual elección presidencial. Aventura política a la que, sin embargo, hasta ahora Jaime Nebot se ha negado sistemáticamente, prefiriendo seguir actuando tan sólo en la ciudad de sus logros, Guayaquil, donde tiene imagen de invencible. Los comicios municipales de Guayaquil serán el 23 de febrero próximo. Rafael Correa, plenamente consciente de la importancia de Nebot, ha comenzado a atacarlo y seguramente le dará batalla. Con buenas y malas artes, para tratar de desdibujar a Nebot en su propia tierra y debilitarlo en todo lo posible. El único voto de la coalición que se abstuvo de proponer la reelección de Nebot fue (a la antigua usanza) el del propio Jaime Nebot. Todos los demás miembros de la directiva partidaria lo apoyaron unánimemente, como ciertamente se esperaba. Los progresistas no hubieran actuado así. Se habrían votado a sí mismos. Correa ha estado provocando todo tipo de roces con Nebot, para hostigarlo, en procura de lastimar su imagen. El último encontronazo ha tenido que ver con el uso de la fuerza pública para controlar las protestas callejeras de la ciudadanía. Así como para desalojar algunos asentamientos irregulares. El 4 de diciembre la policía local usó moderadamente la fuerza para desalojar a una manifestación. Con anterioridad, había intervenido con motivo de la inaceptable quema de un hospital por parte de vecinos de un asentamiento irregular conocido como “Monte Sinaí”, que protestaban así (enfermizamente) por el desalojo de viviendas que habían sido construidas por usurpadores. Rafael Correa no ahorra calificativos, ni críticas, contra un paciente pero luchador Jaime Nebot. Señal evidente de que le teme y de que está dispuesto a iniciar una guerra sin cuartel, aun mucho antes de que Nebot haga algún anuncio sobre su posible candidatura presidencial. Para tratar de cruzarlo cuando todavía no tiene la dimensión que lograría si se decide al lanzarse al ruedo grande, el de la política nacional. Hay quienes creen que esto ocurrirá en los próximos dos o tres años. Otros son –en cambio– escépticos y creen, en su visión, que Nebot no lo hará hasta que el ciclo de Rafael Correa esté pronto a culminar. Lo cual, conociendo la poca afición de Correa por la democracia, puede no ocurrir nunca en el cercano plazo. Ya hay algunos testaferros y operadores de Correa que están pensando en cómo eliminar todas las barreras constitucionales y legales que hoy impiden a Correa eternizarse en el timón del poder ecuatoriano. Pero para poder hacerlo es necesario además desembarazarse de Nebot, un obstáculo político de gran envergadura. Casi el único. Si de pronto aparece en el escenario ecuatoriano la candidatura presidencial de Nebot, estaríamos frente a un interesantísimo duelo entre los dos titanes de la actual política ecuatoriana. Con un final por ahora imposible de prever. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas

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