La inflación oficial

Javier Milei cerró su primer mes de gestión, una suerte de ciclo formal que no tiene más sentido que deshojar el calendario, con una pésima noticia que, sin embargo, propuso transformar en un dato positivo. Sus dotes de prestidigitador son más convincentes para sus seguidores que para la ciudadanía en general, que comienza a tener muecas de nervios ante un plan económico que por ahora solo licuó los ingresos.

El 25,5% de inflación que midió el Indec, a cargo de Marcos Lavagna, quien continúa en su puesto a propuesta del presidente, tiene muchas interpretaciones ideológicas y propagandísticas. El mandatario elogió al ministro de Economía, Luis Caputo, por el número, al asegurar que las proyecciones anticipan un dato peor. La estrategia de sobredimensionar los escenarios para que luego cualquier otro dato sea un bálsamo, parece funcionar todavía.

Sería intelectualmente deshonesto medir los primeros 30 días de gobierno de Milei por el número de inflación, más aún cuando el acumulado anual fue 211% y su gestión solo cubrió dos tercios del mes medido. El campo minado de precios que dejó el gobierno de Alberto Fernández no puede no ser el responsable.

Sin embargo, el presidente lo dejó en claro: para él fue un buen número, pese a que duplicó el dato de noviembre. Cualquiera pensaría que, pese a sus políticas de liberación de controles que fomentaron las subas de precios, hubiese sido mejor para su gestión tener otra señal -sobre un dato tan sensible como la inflación-, pero no hay criterios responsables que le puedan adjudicar esa responsabilidad.

Quizá el Gobierno lo sabía; por lo menos comunica corrigiendo los errores que le adjudican a Mauricio Macri en esa materia y aprovechó una parte del noviazgo con sus votantes -que suele durar unos 100 días- para acelerar una parte del plan económico al que, por ahora, solo se le conoce el impacto en los bolsillos. La promesa es que hay que pasar por momentos duros para alcanzar un futuro mejor.

Lo que también debería saber el gobierno es que el dato de inflación, más allá de los tironeos ideológicos, terminará con el tiempo adjudicado a su gestión. Por eso parece ser tan importante lo que ocurra en esta materia los próximos meses.

El vocero presidencial, Manuel Adorni, confirmó que se esperan varios meses más con alta inflación. El punto es cuánto más alta. Muchos consultores coinciden en que, si el dato de inflación de febrero queda por arriba del 15%, el escenario puede ser muy parecido a las proyecciones catastróficas que el propio Milei hizo en sus primeros discursos.

El nuevo gobierno mostró muchas señales que pusieron a los analistas a debatir si se trataban de estrategia o torpeza. En el camino inflacionario inmediato hay datos que parecen ser muy difíciles respecto de los números que intenta surfear la administración de Caputo. Combustibles, prepagas, tarifas y boleto de colectivo ya están anotados para el IPC de enero, otro dato del que quizá intente -y en cierto punto tenga razón- despegarse.

Pero será la estación final de las culpas ajenas. Por eso será clave el dato de febrero, que se publica en marzo, porque ese número contendrá el primer mojón del destino de la política económica, la que el importa a Milei. Los precios para el inicio del ciclo lectivo y, además, las recomposiciones salariales que se esperan, pueden empujar algunos números en las góndolas por fuera de la estimación oficial.

Es cierto que no todo es inflación y la cruzada que intenta el Gobierno en el Congreso lo demuestra. Con contradicciones, otra vez con la duda entre la astucia y la torpeza, el Ejecutivo dice que no hará cambios en la Ley Ómnibus y en paralelo sus ministros acceden a correcciones en casi todos los capítulos. Algo similar ocurre con el DNU/70 que corre su suerte, pero en la Justicia.

Sin embargo, si no baja inflación no habrá paraíso. Milei no plebiscitará su gestión por la dolarización o por alguna otra promesa. La medida del éxito será qué hizo con la inflación; todavía tiene margen, pero el inicio no pareció auspicioso.


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