EE. UU.: un ensayo general
DARÍO TROPEANO (*)
Desde hace varios años venimos advirtiendo desde estas páginas (2/12/2008, 11/11/2010, 6/8/2011) profundos desajustes estructurales de la política y la economía en los EE. UU. y los graves deterioros que ha ocasionado la globalización. El dólar es el arma más letal con que cuenta actualmente el país del norte. Letal en tanto aproximadamente el 58% de las reservas de divisas del mundo se mantiene en esa moneda (en poder de la Reserva Federal, el Fondo Fiduciario de Seguridad Social, países, empresas, personas) y esa capacidad de financiarse con los ahorros de parte del mundo a casi cero tasa de interés le otorga un poder enorme para endeudarse. Domina, además, una parte sustancial del mercado de bienes y servicios que diariamente se comercializa en dólares. Pero esta situación se modifica aceleradamente. Es letal además porque el nivel de endeudamiento y la falta de activación de su economía resultan evidentes. La denominada flexibilidad cuantitativa no es otra cosa que la millonaria emisión monetaria desplegada por la Reserva Federal (el Banco Central privado del país que emite los dólares y le presta a la Nación) para salvar enormes bancos fundidos por la especulación financiera inmaterial y el pago de los déficits públicos. La productividad de la mano de obra norteamericana aumentó casi un 40% en 25 años, sin embargo la participación en la riqueza de la mayoría de la población se ha reducido en porcentajes menores a 30 años atrás. El Nobel de Economía Joseph Stiglitz dijo hace pocos días que el 95% de los beneficios de la economía del país se ha canalizado desde el 2009 al 1% de la población, la cual capta más del 25% del ingreso nacional. El reciente espectáculo del cierre de algunas áreas del gobierno y el inminente incumplimiento de pagos de los Estados Unidos (default) estuvieron teñidos de lo que habría sido un debate entre el gobernante Partido Demócrata y un sector conservador del Partido Republicano, denominado Tea Party. La puja se desencadenó por un plan de salud impulsado por los demócratas, que en realidad es un seguro médico que no alcanza a toda la población y por el cual el gobierno aumenta gastos de subsidios a las empresas privadas, pero disminuye prestaciones. El programa es un paso más hacia la privatización del sistema sanitario. Como contrapartida, el Congreso negaba el aumento de la autorización de deuda –la que ya supera los 17 billones de dólares– para seguir financiando los gastos corrientes y el pago de los intereses de deuda. En cinco años, se incrementó en un 70%; vaya paradoja, justamente cuando comenzaron los rescates a los grandes bancos quebrados (lo que ellos llaman “demasiado grandes para caer”). Por otro lado, el informe de empleo de la Oficina Nacional de Estadísticas (BLS) de septiembre informó la baja reacción en la creación de puestos de trabajo. La deslocalización de empleos de las multinacionales hacia países pobres ha ocasionado un desastre fiscal y laboral que tenderá a disminuir en la medida en que se vayan reduciendo los salarios y aumentando la productividad (horas de trabajo y precarización de sus condiciones para aumentar la tasa de ganancia sobre el mismo). El presupuesto del 2013 trae una proyección a tres años de reducción de gastos fiscales hasta un 7% del PBI, siendo las principales partidas las de seguridad social. Sin embargo, la de gastos para “defensa interna” ha aumentado y el gobierno federal ha adquirido tanquetas y material diverso para enfrentar disturbios internos. A diario se producen manifestaciones sociales de diverso origen, lo cual es omitido por las grandes cadenas globales de televisión y las agencias de noticias, que proveen de información a miles de diarios en el mundo. El “sainete” de la semana anterior es un ensayo de pánico social hacia la preparación de un esquema de ajuste clásico como el que se desarrolla actualmente en Europa. Se trata de preparar a la población para los cambios que se avecinan y la eventual justificación de la confiscación de jubilaciones públicas y privadas ante el agotamiento de las fuentes de financiamiento, hoy bombeadas en su mayoría por la Reserva Federal, dado que se evidencia desde hace meses un retiro acelerado de las inversiones financieras en dólares. El Estado Federal se ha gastado el Fondo Fiduciario de Seguridad Social (fuente Washington blog), cambiándolo por pagarés no negociables y el futuro de las jubilaciones resulta incierto. La ola especulativa durante los días que duró la crisis sobre el tope de deuda fue especialmente aprovechada por Wall Street, que no dejó de aumentar sus ganancias mientras el “ Titanic” se movía pesadamente. Dado que el sistema político norteamericano es una democracia semidirecta (donde los ciudadanos no eligen directamente a sus representantes) y la participación ciudadana escasa, casi todos los integrantes del Congreso reciben fuerte influencia de los intereses de Wall Street, influyen en sus decisiones y obtienen información privilegiada. Esto posibilita obtener miles de millones de dólares de ganancias en las operaciones especulativas de la Bolsa, incluyendo divisas internacionales, acciones, materias primas, manipulando el precio de ellas. El concurso preventivo de la ciudad de Detroit es parte del ensayo general de achicamiento público y privatización de servicios básicos y espacios públicos que actualmente se desarrolla. En medios de comunicación masiva y publicaciones especializadas (ej. Wall Street Journal) se fomenta este debate justificado en la necesidad de achicar el déficit estatal. Esto ya sucedió en el Estado de Jefferson, Alabama, y en la ciudad de Stockton, California. Mientras tanto, la agencia oficial China Xinhua ha acuñado hace muy pocos días un concepto que se expande rápidamente en estas horas: construir un mundo “desamericanizado”, dado que los eventos evidenciados por los EE. UU. muestran una nación hipócrita e irresponsable. Para los que tienen dólares y bonos de tesoro: Una y otra vez somos recurrentes en el tema, dada la cobertura histórica contra el riesgo inflacionario y de devaluación que tiene el dólar para los argentinos. Pero es necesario advertir –principalmente a los grandes tenedores– que un cambio en la matriz de las monedas de reserva en el mundo está en plena marcha y el dólar será el primer sacrificado. Días antes del acuerdo en el Congreso de los EE. UU. sobre el límite de deuda, se informó que las reservas del país del norte apenas llegaban a 30.000 millones de dólares, menos aun que las argentinas. A esa fecha, las nueve primeras corporaciones que cotizan en Bolsa disponían de mayor efectivo que el propio Estado. La autorización para nuevo endeudamiento hasta el 7 de febrero aumentará cerca de ochocientos mil millones de dólares la deuda, hacia un horizonte de techo máximo acordado por ambas Cámaras de 23 billones. Para viabilizar esta descontrolada necesidad del Estado, la Reserva Federal –ante la disminución de las compras externas de títulos del Tesoro– deberá aumentar la compra de deuda nacional emitiendo más moneda. Además, dado que los intereses que pagan los títulos del Tesoro de los EE. UU. son menores a la inflación y la posibilidad de un impago de deuda se mantiene, la FED deberá aumentar la emisión monetaria y los préstamos al Estado, ya que se reducen las ventas a terceros. Y dado que el yuan de China y otras monedas han ganado terreno en la liquidación de cuentas internacionales e incluso en el mercado de compra-venta de petróleo –donde el dólar aún reina, siendo su principal fuente de sostén en las transacciones comerciales–, la necesidad de salir del dólar de los grandes inversores y los bancos centrales nacionales hace bajar su valor de cambio en los mercados de divisas, provocando un aumento de la inflación en los EE. UU. Es necesario estar advertido de los cambios en marcha porque un nuevo sistema monetario con apoyo en el oro (las recientes bajas del metal son absolutamente prefabricadas) está en desarrollo y hay muchos ahorradores que han confiado una vida de trabajo en una moneda de fácil acceso (dólar) donde sentirse apoyados. Para el pequeño inversor nacional, el impacto puede ser menor, pero para los medianos con títulos del Tesoro puede haber sorpresas. (*) Abogado. Docente de grado y posgrado Facultad de Economía de UNC
DARÍO TROPEANO (*)
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