Bloques que se adaptan
Cajas superpuestas que se unen y separan generando múltiples espacios logran combinar la apertura al exterior con la privacidad.
En una zona residencial de la pobladísima ciudad de México, y rodeada de casas mucho más grandes que los terrenos sobre los que emergen, el proyecto de esta vivienda planteaba el desafío de tener que generar espacios que logren a la vez apertura hacia el exterior y privacidad para la familia. Así se construyó un sistema de cajas superpuestas -unas abiertas, otras cerradas- que permiten a veces unir varias para convertirlas en un gran espacio fluído y otras veces dividirlas logrando bloques que funcionan como elementos aislados. “Siguiendo la forma lineal del terreno, se optó por el diseño de un volumen alargado elevado sobre un cuerpo transparente abierto hacia un jardín en planta baja que se separa lo más posible de las colindancias acentuando la independencia en relación con las casas de junto -detalla la arquitecta Fernanda Canales, creadora del proyecto, en la memoria descriptiva del mismo-. Otro volumen rectangular, aunque más pequeño, se apila sobre el segundo nivel siguiendo el juego de cajas superpuestas, y se abre por medio de unas terrazas hacia sus dos extremos. La vivienda, de 500 mts2, se ubicó ligeramente apoyada sobre el norte del terreno, generando un jardín al sur y aprovechando el sol que ingresa por el sur para generar un jardín y mayores aperturas del sector social. “En los lados más cortos del terreno, el frente de la casa y la parte trasera se manejan como piezas sólidas, mientras la casa queda abierta hacia sus dos lados largos”. La planta baja, un volúmen rectangular con jardines hacia ambos lados, funciona como zona pública. Al permitir que las aberturas se abran completamente hacia afuera, la sala se convierte en un espacio flexible que se adapta a distintos climas y usos. En esta planta, una caja más pequeña contiene el acceso, otro pequeño estar, la cocina y una terraza cubierta. Las zonas de servicio se ubicaron en el sótano. La planta alta contiene el sector más íntimo. Allí se dispusieron tres importantes dormitorios en suite, cada uno con su vestidor, y entre ellos se colocó un estar íntimo y zona de TV y audio para el disfrute de toda la familia. Acompañando toda esta planta, y sobre el techo del estar de planta baja, se colocó una cálida terraza con mucho verde y piso de madera que permite que cada habitación tenga su propio balcón y se separe lo más posible de la vivienda vecina. “Alternando los balcones de las habitaciones con estos bloques de concreto se reitera el juego entre lo abierto y lo cerrado que las distintas cajas van generando en todo el proyecto”, explica la arquitecta mexicana. Así como afuera predominan el concreto y el cristal, en el interior de la vivienda la madera marca el ritmo. Una biblioteca de ese material integra el proyecto. El mueble recorre toda la sala, se desdobla y sube la escalera integrando los dos pisos superiores a la vez que desciende también al sótano para convertirse en un mueble de cava. Así, el mueble-muro se adapta a su vez a cada nivel y al uso que la familia necesita en cada caso. “Hacia la calle la casa se maneja como un volúmen anónimo. Esta solidez exterior se interrumpe en el interior gracias a un pequeño patio en la zona cercana al acceso principal que conecta con la sala y un jardín que corre a todo lo largo de todo el terreno”, expecifica la arquitecta. “Por medio de esta superposición de llenos y vacíos la casa consigue dar la sensación de mayor amplitud dejando entrar el paisaje hacia el interior y extendiendo la casa hacia fuera”, concluye la Canales en la memoria descriptiva del proyecto. En la escalera, el techo de cristal permite el ingreso de la luz natural. Fotografías: Luis Gordoa y Sandra Pereznieto Fuente: Estudio Fernanda Canales
En una zona residencial de la pobladísima ciudad de México, y rodeada de casas mucho más grandes que los terrenos sobre los que emergen, el proyecto de esta vivienda planteaba el desafío de tener que generar espacios que logren a la vez apertura hacia el exterior y privacidad para la familia. Así se construyó un sistema de cajas superpuestas -unas abiertas, otras cerradas- que permiten a veces unir varias para convertirlas en un gran espacio fluído y otras veces dividirlas logrando bloques que funcionan como elementos aislados. “Siguiendo la forma lineal del terreno, se optó por el diseño de un volumen alargado elevado sobre un cuerpo transparente abierto hacia un jardín en planta baja que se separa lo más posible de las colindancias acentuando la independencia en relación con las casas de junto -detalla la arquitecta Fernanda Canales, creadora del proyecto, en la memoria descriptiva del mismo-. Otro volumen rectangular, aunque más pequeño, se apila sobre el segundo nivel siguiendo el juego de cajas superpuestas, y se abre por medio de unas terrazas hacia sus dos extremos. La vivienda, de 500 mts2, se ubicó ligeramente apoyada sobre el norte del terreno, generando un jardín al sur y aprovechando el sol que ingresa por el sur para generar un jardín y mayores aperturas del sector social. “En los lados más cortos del terreno, el frente de la casa y la parte trasera se manejan como piezas sólidas, mientras la casa queda abierta hacia sus dos lados largos”. La planta baja, un volúmen rectangular con jardines hacia ambos lados, funciona como zona pública. Al permitir que las aberturas se abran completamente hacia afuera, la sala se convierte en un espacio flexible que se adapta a distintos climas y usos. En esta planta, una caja más pequeña contiene el acceso, otro pequeño estar, la cocina y una terraza cubierta. Las zonas de servicio se ubicaron en el sótano. La planta alta contiene el sector más íntimo. Allí se dispusieron tres importantes dormitorios en suite, cada uno con su vestidor, y entre ellos se colocó un estar íntimo y zona de TV y audio para el disfrute de toda la familia. Acompañando toda esta planta, y sobre el techo del estar de planta baja, se colocó una cálida terraza con mucho verde y piso de madera que permite que cada habitación tenga su propio balcón y se separe lo más posible de la vivienda vecina. “Alternando los balcones de las habitaciones con estos bloques de concreto se reitera el juego entre lo abierto y lo cerrado que las distintas cajas van generando en todo el proyecto”, explica la arquitecta mexicana. Así como afuera predominan el concreto y el cristal, en el interior de la vivienda la madera marca el ritmo. Una biblioteca de ese material integra el proyecto. El mueble recorre toda la sala, se desdobla y sube la escalera integrando los dos pisos superiores a la vez que desciende también al sótano para convertirse en un mueble de cava. Así, el mueble-muro se adapta a su vez a cada nivel y al uso que la familia necesita en cada caso. “Hacia la calle la casa se maneja como un volúmen anónimo. Esta solidez exterior se interrumpe en el interior gracias a un pequeño patio en la zona cercana al acceso principal que conecta con la sala y un jardín que corre a todo lo largo de todo el terreno”, expecifica la arquitecta. “Por medio de esta superposición de llenos y vacíos la casa consigue dar la sensación de mayor amplitud dejando entrar el paisaje hacia el interior y extendiendo la casa hacia fuera”, concluye la Canales en la memoria descriptiva del proyecto. En la escalera, el techo de cristal permite el ingreso de la luz natural. Fotografías: Luis Gordoa y Sandra Pereznieto Fuente: Estudio Fernanda Canales
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