El adolescente y su entorno

Por Laura Hojman

Muchas generaciones de padres han caído en el error de considerar que la educación del adolescente y, más puntualmente a partir de los 13 años, ya es responsabilidad exclusiva del joven y la escuela, sin medir que sus hijos están transitando por zonas de cambios, carencias y necesidades, en los que las familias pueden colaborar más a que sea exitoso.

En la educación, precisamente, se conoce hoy el papel decisivo de las familias en facilitar o dificultar el aprendizaje de los adolescente. «Apoyar a los adolescentes para que les vaya bien en la escuela depende de lo que hagan juntas la familia y la escuela. Las dos partes son responsables de ayudarlos», señala un documento de UNICEF, de la Argentina.

De todos modos, se deja bien sentado que el joven es el responsable final de su rendimiento.

El material de trabajo, denominado «Las escuelas y las familias», apunta a reconocer en primer lugar que hay tantos adolescentes como familias -no existe uno que sea igual al otro- y a partir de ese pensamiento se admite que hay diferencias en modos y tiempos para estudiar, hábitos, espacios destinados en la casa y de allí a respetarlos y valorarlos. Acompañarlos y darles apoyo en el aprendizaje es todo un esfuerzo, que muchos -¿la mayoría?- de los adultos hacen de cuenta que no les compete o que no es importante. Muchas familias, aunque en apariencia no son totalmente conscientes de su papel en el éxito o el fracaso de la educación de sus hijos, tampoco saben cómo hacerlo. «Debemos saber que, aunque muchas veces demuestren lo contrario, los adolescentes valoran la participación de los padres y su interés y preocupación por ellos», señala la organización para agregar que los jóvenes «necesitan ayuda, aunque rara vez estén dispuestos a pedirla».

Hay que tener en cuenta que ellos rechazan las actitudes autoritarias, es decir aquellas órdenes sin fundamentos ni razones y que, por eso, hay que estructurar una relación con ellos en la que no se sientan solos, que no crean que lo que les sucede es sólo a ellos y que pueden contar con el apoyo de su familia.

Alerta el documento acerca de las nefastas consecuencias del uso de la violencia, el castigo, el deber hacer, «que no les hacen bien ni mejoran los logros de aprendizaje». Por el contrario señala que «cualquier tipo de violencia que sobre él se ejerza lo lleva a repetirlo». La Organización para la Infancia y la Adolescencia recomienda a los padres pensar que los jóvenes «no están al margen de las situaciones que afectan a la población en general» y en ese sentido que también están involucrados en la situación económica, la organización de la propia familia, los compromisos domésticos y algunos en los laborales.

También aconseja distinguir los problemas «de» y «en» los jóvenes. Como «tarea para el hogar» se distingue que el apoyo escolar en la casa puede comprender actividades de todo tipo, simples y complejas. Para partir de las más simples -aquellas que todos los padres pueden hacer- se indica enseñarles a los chicos a discernir cómo aprovechar mejor el tiempo, el espacio, cómo favorecer el diálogo con ellos, enriquecer la relación con la escuela, ayudarlos a tomar decisiones y qué actitudes promover en ellos. Yendo a las más complejas, puede tratarse de supervisar carpetas, boletines, tomarles lección antes de un examen, aclarar consignas de trabajo o estudio, explicar los temas que estén al alcance de los padres, orientar en la búsqueda de material escrito para preparar trabajos y hasta ayudarlos a pensar en cómo resolver situaciones problemáticas. (DyN)


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