El cómic y el arte popular

Por Redacción

En Paula Socolovsky entramos en otro término que entra en conflicto con la gran pintura: lo ilustrativo. En su obra están la estampa japonesa y el dibujo de la ilustración infantil con contornos netos, negros, la imagen de una gran claridad de lectura.

Andrés Compagnucci es uno de los más jóvenes de la muestra, es diseñador en comunicación visual, hizo dibujo y pintura en un taller y después hizo fileteado.

Ahora que el fileteado por ordenanza municipal ha sido desterrado de lo colectivos, el lo rescata. Por y un lado exhibe una técnica al óleo hiperrealista de una extraordinaria perfección en la reproducción de los cromados que en esta muestra sobre «recuerdos» se ven en las placas como de bronces lustrados. Su muestra anterior fue de fileteado, la cosa popular de los ómnibus y en ésta las porcelanitas baratas de los souvenires, esa cosa que tiene que ver con lo urbano y con los adornitos que había en las casas años atrás y que se ve tanto París como en Córdoba, en , en Mar del Plata o en Las Grutas.

Está hecho con perfección técnica admirable pero no es un homenaje nostálgico. Utiliza un color saturado, una imagen que trasunta mucha alegría. Es el tema recreado de toda una moda de objetos que se siguen viendo porque es el rescate de lo popular y que aquí llama poderosamente la atención por la escala a la que fueron pasados esos pequeños objetos.

Los nuevos geométricos

El artista Osvaldo Monzo tiene una serie de trasgresiones -afirma el licenciado Guevara, director del Museo- a lo que sería la escuela geométrica. Esa escuela del arte argentino geométrico es perfecta, pura, de una prolijidad extrema: el color mezclado con minuciosidad, llevando al extremo sus característica técnicas. Acá en cambio una de las obras tiene marco o formato irregular, tenemos materia, relieve y eso se contrapone también con el buen borde de la pintura geométrica. Lo geométrico sólo simula serlo, simula ser racional pero no lo es.

La obra de Mauro Machado presenta imágenes impresas digitalmente con la frialdad y la perfección que da ese medio, pero a la retícula geométrica le ha puesto imperfecciones. Eso que en algunos neogeométricos está muy sutilmente, en otros es más notorio.

En Luis Lindner la pintura parece que no existir a pesar de su tamaño, porque fondo y forma casi no se definen, es como un croquis. Podemos hablar de geometría o de minimalismo o reduccionismo porque es de gran formato y perspectiva, y la línea está trazada a pincel, apenas con un tomo más. El impacto que quiere provocar es que parezca que no ocurre nada. Mimetiza, hace el trabajo para que no se note.

Marcelo Pombo, de la artesanía al arte

En la historia de Marcelo Pombo se combinan su formación autodidacta que consigue con su asistencia a un taller de artesanía cuando era chico y su experiencia docente con discapacitados donde usaba ese bagaje artesanal. Allí se destaca el uso de los materiales de descarte y del cotillón que se usa en manualidades. Acá hay otros «delitos» con respecto a la gran pintura: los recursos artesanales y los materiales considerados innobles.

Pombo dice: «mi vida se muestra en los materiales que uso». Por un lado se percibe el gran cuidado técnico y la gran destreza que muestra en sus obras y que se contradice con ese descuido de los materiales. Por otro lado está lo irónico de trabajar con telas de sábanas estampadas y si uno mira bien, ha trabajado también con la máquina de coser, con gran cuidado. Los materiales de él vienen de la tapicería y son cuerina, plavinil, nailon, tachas, tiras de cuero. El maneja el mundo del kitch urbano, el mismo abarrotamiento visual de las vidrieras, donde todo está mezclado. (C .V.)


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