¿El fin de la ciencia libre?

Por Redacción

Laura Hojman (*)

El direccionamiento de las investigaciones científicas, la imposición de adquisición de determinadas herramientas o expansión en algunos campos no consensuados ocupan hoy gran parte de las tribulaciones de académicos, pensadores, organizaciones independientes y la dirigencia estudiantil universitaria, respecto de la desaparición del trabajo libre y democrático en la ciencia y tecnología a nivel mundial. Y precisamente el cuestionamiento, lejos de apuntar a los gobiernos, no tiene muchas veces un rostro o identificación sino, tal como a veces se señala, como responsables a los poderes supraeconómicos que deciden y también se trataría de una suerte de poderes supranacionales que opinan sobre la conveniencia de comprar armas, aviones de guerra, si se elaboran determinadas vacunas, se utilizan ciertos dispositivos tecnológicos o se imponen ciertas teorías económicas. La gran pregunta, teñida de sospecha, en resumidas cuentas es si las políticas de investigación, los prototipos tecnológicos, los trabajos académicos, los objetivos que tienen ¿alcanzan un nuevo conocimiento que beneficie a la mayor cantidad de gente o ayude a revertir alguna situación anterior o, tal vez, son parte de simples decisiones arbitrarias de quienes están de turno? El debate fue reflotado días pasados en la Universidad de Buenos Aires por el filósofo italiano Gianni Vattimo, de visita nuevamente en el país, donde advirtió respecto de las actuales acciones en Europa, Estados Unidos y países de América Latina “en nombre de verdades científicas”. Ese “cientificismo globalizado”, según describió el filósofo de la “Hermenéutica” y diputado por la comunidad europea, egresado de las universidades de Turín y de Heidelberg, discípulo de Hans-Georg Gadamer, influenciado en su pensamiento por Heidegger y Nietzsche, es la excusa para “justificar las políticas no democráticas en la ciencia y la tecnología”. Esta suerte de “cadena de montaje” en que están inmersos los países, como describió el visionario Charles Chaplin en el clásico “Tiempos modernos”, en su crítica a la automatización en la era industrial, también según los críticos podría determinar qué es cierto o falso, en qué creer o no, qué es noticia y qué no lo es. Más radical en sus afirmaciones, Vattimo sostuvo que “hoy en el conocimiento el problema es que no sólo la publicidad es mentira, sino también la ciencia”. En la Argentina, con un ejemplo a menor escala, el reciente conflicto con la elección de decanos en la Universidad de Buenos Aires puso nuevamente en el centro de la escena a estudiantes de Ciencias Exactas, facultad de las ciencias duras y las investigaciones tecnológicas y biológicas, donde los alumnos más allá de cuestionamientos a la representatividad estatutaria anquilosada reiteraron sus críticas hacia “el trabajo hacia afuera” de los científicos de esa sede de altos estudios. En Exactas y en otras casas como Ingeniería se naturalizó en los años 90 que los científicos hicieran trabajos o investigaciones a pedido de empresas de comunicaciones o laboratorios multinacionales, sin moverse de los laboratorios de esas facultades, y hoy está siendo cuestionado. Félix de Moya, doctor en Filosofía y Letras de la universidad española de Granada, aportó en su reciente visita a la Argentina para dictar un seminario una mirada más amistosa de la ciencia, en la que puso el eje en la calidad, visibilidad y excelencia en la investigación, el rol del trabajo investigativo y su “impacto reputacional”, el papel que cumplen las agencias nacionales y las instituciones y el posicionamiento de las investigaciones en la web. Para Moya, la Argentina “está entre los grandes países productores de ciencia en Latinoamérica” junto con Chile y Uruguay. En estas alentadoras noticias que trajo el académico español y en el radical descreimiento de Vattimo podría buscarse una respuesta respecto de si la ciencia dirige una superación del conocimiento actual, si podrá ser posible la aparición de libres y consecuentes Newton, Platón, Einstein o la comunidad científica estará más cercana a “acordar” o “concertar” cuáles serán las próximas “verdades” y “paradigmas” a seguir y profesar. (*) Periodista especializada en educación