El hospital lleva más de un año sin incinerador

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- El hospital zonal de esta ciudad lleva más de un año enviando sus residuos patógenos a General Roca con un alto costo, mientras sigue demorada la construcción del nuevo horno incinerador del nosocomio, que no entrará en servicio antes de agosto.

Así lo reconoció el director del hospital, Norberto Delfino, quien dijo que la instalación «cumplirá con todas las normas, tiene su estudio de impacto ambiental en regla y garantiza la no contaminación».

Precisamente el viejo horno del hospital, que sufrió desperfectos irremediables en abril de 2000, habían generado muchas denuncias por la emisión de humos malolientes y luego varias entidades ambientalistas exigieron que el incinerador sustituto sea instalado en otro lado.

Luego de muchas idas y venidas, Salud Pública decidió emplazarlo en el mismo lugar y terminar cuanto antes con la onerosa metodología de enviar los patógenos a Roca. Encargar la incineración a otra empresa hubiera tenido un costo mayor para la provincia.

La rotura del antiguo horno deparó a los directivos del nosocomio un dolor de cabeza que parece interminable. El hospital produce unos 100 kilos diarios de residuos que la empresa Surbasa-Zavecom retira cada semana para incinerarlos en su planta de Roca.

El servicio le cuesta a Salud Pública unos 3.600 pesos mensuales. De modo que ya acumuló gastos por una cifra que duplica los 20 mil pesos que pagó por el horno nuevo, aún por instalar.

La empresa contratada para el transporte reclama en estos días el pago de cinco meses atrasados, pero ése no es el único conflicto relacionado con los patógenos. También los empleados han denunciado más de una vez de tener que las bolsas de patógenos se acumulan en un sitio inadecuado, donde no hay refrigeración.

A todo esto, la cadena de errores e impericias llevó a prolongar más de un año una emergencia que en un principio se iba a resolver en 90 días. Ayer Delfino explicó que la obra para el nuevo horno se demoró por la obligada licitación , que se adjudicó la empresa Gallardo Construcciones.

El edificio donde funcionará el incinerador se ubica al oeste del predio del hospital y hoy está a medio construir.

Delfino opinó, no obstante, que el tratamiento de los patógenos «es un tema que obligadamente debe asumir al municipio», que en este caso no se hizo cargo. «En los hechos fuimos discriminados» dijo el director del hospital, recordando su propia experiencia anterior en Roca «donde la municipalidad se encarga del tratamiento de todos los patógenos, incluso los del hospital».

En Bariloche, existe otro horno pirolítico que opera con bajo concesión municipal, pero su capacidad es limitada y sólo alcanza para eliminar los desechos de los sanatorios y consultorios privados. Ocurre que cuando se construyó años atrás esa instalación, la provincia no quiso entrar en el convenio y prefirió manejarse con su propio horno.

Surgido luego el conflicto por la rotura del horno hospitalario, la conducta del municipio fue errática y contradictoria. El jefe municipal de Inspección de ese entonces, Ricardo Vélez, había exigido al hospital que para el nuevo horno busque un sitio alternativo fuera del radio urbano. También dijo que en un plazo breve el horno del municipio que funciona en el barrio San Francisco sería trasladado. Pero el tiempo pasó, Vélez dejó el cargo y esas exigencias quedaron en la nada.

Dudas por la quema en el área urbana

Según el director del hospital, la incineración de la basura patógena en pleno centro no significará ningún riesgo. No obstante, el anterior jefe de Inspección municipal, Ricardo Vélez, había dicho que existe abundante normativa que desaconseja su ubicación en áreas densamente pobladas. Cuando el funcionario dejó el cargo, el celo que generaba la cuestión decayó llamativamente. Poco después el municipio avaló al hospital en su proyecto de volver a quemar los residuos en su propio predio.

Un grupo de ambientalistas de todo el país conformó recientemente la llamada Coalición Ciudadana Antiincineración para denunciar que la quema de residuos médicos «es una de las principales fuentes de contaminación ambiental por dioxinas y mercurio».

Según informes que tomaron de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, los incineradores emiten «furanos, arsénico, plomo y cadmio», entre otras sustancias contaminantes. También señalaron que las cenizas «deben ser enterradas» porque «son mucho más tóxicas que el residuo mismo sin tratar».

Para los ambientalistas, «los tratamientos con sustancias químicas, autoclave y microondas del residuo potencialmente infeccioso han demostrado ser efectivos». (AB)


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