El mano a mano con Videla
Al menos a hoy, tres son la cartas enviadas por el obispo Hesayne al dictador Jorge Videla. Dos de ellas durante la vigencia de éste en el poder. La tercera, cuando –bajo azote de los vientos de la historia– el régimen castrense se extingue sin poder. Dos de las misivas son respondidas por Videla. La primera no. En todas las cartas, Hesayne se manifiesta en el estilo que en estas páginas detallamos. · Primera carta El 25 de julio de 1978, el obispo recaba la intervención personal de Videla “en un latente caso de injusticia”. Advierte que si recurre a él “es porque –como el caso anterior del joven Chironi, que le agradezco ante Dios lo que V. E. intercedió– la familia a la que en ésta me refiero no tiene nada que ver con la subversión”. El hecho involucra a una familia de Capital Federal: la madre y dos hijos, secuestrados el 27 de mayo de aquel año. El padre encontrará la casa saqueada. Al día siguiente –cuenta Hesayne– vuelven para devolver las “chequeras que no le servían”. Hesayne cuenta que el padre ha buscado a su familia sin ninguna suerte. Solicita entonces la intervención de Videla. Y destaca que tiene la seguridad de que V. E. quiere una paz real para nuestro país, asegurando a V. E. una oración diaria para que el espíritu de inteligencia lo asista y fortalezca”. El dictador no respondió esta carta. · Segunda carta Fue enviada por Hesayne el 16 de diciembre del 79. Le dice a Videla que ambos saben que en Argentina “hubo torturas y atropellos a la dignidad humana hasta en lo más elemental –actos inhumanos y por eso anticristianos–, tanto de parte de la subversión como de las FF. AA”. Le menciona además a Videla, la pobreza e injusticia social que persisten en el país. Y recuerda Hesayne que el domingo anterior a escribir esta carta, en el Angelus, el papa Juan Pablo II ha denunciado a Argentina y Chile como países donde se violan los derechos humanos. No ha mencionado a Argentina, pero 24 horas después el Observattore Romano habla de Argentina y Chile como unas de esas naciones. Videla salió al cruce y dijo que “Argentina no tiene que arrepentirse” de las violaciones a los derechos humanos. Hesayne le solicita entonces al dictador que ya que se proclama católico y ante el mensaje que anualmente hace a los argentinos con motivo de Navidad, no lo haga “si no le es posible realizar el gesto evangélico que en forma inequívoca le pide el papa a V. E. como primer responsable del gobierno y católico de profeso”. O sea, la verdad de lo que han hecho con miles de seres humanos. El 28 de diciembre, Videla responde. Niega que el poder militar haya violado los derechos humanos. Dice que lo hecho por ese poder cuenta con apoyo de la sociedad. Niega que la situación social sea grave. Y dice también que Hesayne está mal informado en relación con lo que él –Videla– piensa del mensaje de Juan Pablo II. Concretamente, sostiene que en conferencia de prensa en la Rosada, ante una pregunta sobre las palabras del papa, “manifesté que no tenía nada que agregar y señalé la coincidencia de nuestro sentir con lo expuesto por su santidad”. Finalmente que “cumpliendo con mi imperativo de conciencia, que no me proclamo católico, sino que simplemente doy humilde testimonio de tal en todos los actos públicos y privados de mi vida, quedando a Dios, nuestro Señor, reservado el juicio de ese testimonio”. · Tercera carta El 3 de mayo de 1983, ya con Videla fuera del poder y la dictadura hecha jirones, el obispo Hesayne envía una dura carta a Videla. Días antes, las FF. AA. publicaron un informe sobre lo actuado en la lucha contra la subversión. Es una pieza fundada en hipocresía. Nada de verdad en relación con las atrocidades que cometieron. En declaraciones por medios de difusión, Videla avala el documento. Entonces Hesayne le dice al dictador: “Ese documento es falso. No dice toda la verdad. Es inmoral, porque se basa en que el fin justifica los medios. Con esta misma argumentación se convalidarían la guerrilla y el terrorismo. Es hipócrita, porque usando el lenguaje cristiano del amor, la fe, la reconciliación, la comprensión, la piedad y el perdón, lo vacía de contenido. Luego, el obispo le dice a Videla y a cuantos “como usted son responsables de cualquier tipo de violencia que ha padecido la patria” que sinceren lo hecho. El 16 de mayo del 83, el exdictador le responde enojado a Hesayne. Acepta el derecho a discrepar sobre el contenido del documento emitido por el Ejército. Pero se lamenta del procedimiento usado por el obispo: hacer pública su opinión en tanto “avanza sobre aspectos personales que hacen al estado de conciencia”. Videla había recibido recién el 16 la carta de Hesayne. “Por ello –señala Videla– pese a que su publicación puede constituir un desafío para hacer de esto una polémica pública, llevo a su conocimiento que no he de caer en esa tentación. Y no he de hacerlo, porque pienso que de esta manera puedo contribuir mejor a la reconciliación de los argentinos”. Con esta carta termina el epistolario Hesayne – Videla. Dos datos: • Se vieron una sola vez la cara. Fue en Viedma en 1977. • En todas sus respuestas, Videla hace saber que enviaba copias de las misivas de Hesayne a “Su eminencia el señor presidente de la Conferencia Episcopal, a su excelencia el señor nuncio apostólico y su excelencia el señor comandante en jefe del Ejército, al único efecto de su personal conocimiento”.
Al menos a hoy, tres son la cartas enviadas por el obispo Hesayne al dictador Jorge Videla. Dos de ellas durante la vigencia de éste en el poder. La tercera, cuando –bajo azote de los vientos de la historia– el régimen castrense se extingue sin poder. Dos de las misivas son respondidas por Videla. La primera no. En todas las cartas, Hesayne se manifiesta en el estilo que en estas páginas detallamos. · Primera carta El 25 de julio de 1978, el obispo recaba la intervención personal de Videla “en un latente caso de injusticia”. Advierte que si recurre a él “es porque –como el caso anterior del joven Chironi, que le agradezco ante Dios lo que V. E. intercedió– la familia a la que en ésta me refiero no tiene nada que ver con la subversión”. El hecho involucra a una familia de Capital Federal: la madre y dos hijos, secuestrados el 27 de mayo de aquel año. El padre encontrará la casa saqueada. Al día siguiente –cuenta Hesayne– vuelven para devolver las “chequeras que no le servían”. Hesayne cuenta que el padre ha buscado a su familia sin ninguna suerte. Solicita entonces la intervención de Videla. Y destaca que tiene la seguridad de que V. E. quiere una paz real para nuestro país, asegurando a V. E. una oración diaria para que el espíritu de inteligencia lo asista y fortalezca”. El dictador no respondió esta carta. · Segunda carta Fue enviada por Hesayne el 16 de diciembre del 79. Le dice a Videla que ambos saben que en Argentina “hubo torturas y atropellos a la dignidad humana hasta en lo más elemental –actos inhumanos y por eso anticristianos–, tanto de parte de la subversión como de las FF. AA”. Le menciona además a Videla, la pobreza e injusticia social que persisten en el país. Y recuerda Hesayne que el domingo anterior a escribir esta carta, en el Angelus, el papa Juan Pablo II ha denunciado a Argentina y Chile como países donde se violan los derechos humanos. No ha mencionado a Argentina, pero 24 horas después el Observattore Romano habla de Argentina y Chile como unas de esas naciones. Videla salió al cruce y dijo que “Argentina no tiene que arrepentirse” de las violaciones a los derechos humanos. Hesayne le solicita entonces al dictador que ya que se proclama católico y ante el mensaje que anualmente hace a los argentinos con motivo de Navidad, no lo haga “si no le es posible realizar el gesto evangélico que en forma inequívoca le pide el papa a V. E. como primer responsable del gobierno y católico de profeso”. O sea, la verdad de lo que han hecho con miles de seres humanos. El 28 de diciembre, Videla responde. Niega que el poder militar haya violado los derechos humanos. Dice que lo hecho por ese poder cuenta con apoyo de la sociedad. Niega que la situación social sea grave. Y dice también que Hesayne está mal informado en relación con lo que él –Videla– piensa del mensaje de Juan Pablo II. Concretamente, sostiene que en conferencia de prensa en la Rosada, ante una pregunta sobre las palabras del papa, “manifesté que no tenía nada que agregar y señalé la coincidencia de nuestro sentir con lo expuesto por su santidad”. Finalmente que “cumpliendo con mi imperativo de conciencia, que no me proclamo católico, sino que simplemente doy humilde testimonio de tal en todos los actos públicos y privados de mi vida, quedando a Dios, nuestro Señor, reservado el juicio de ese testimonio”. · Tercera carta El 3 de mayo de 1983, ya con Videla fuera del poder y la dictadura hecha jirones, el obispo Hesayne envía una dura carta a Videla. Días antes, las FF. AA. publicaron un informe sobre lo actuado en la lucha contra la subversión. Es una pieza fundada en hipocresía. Nada de verdad en relación con las atrocidades que cometieron. En declaraciones por medios de difusión, Videla avala el documento. Entonces Hesayne le dice al dictador: “Ese documento es falso. No dice toda la verdad. Es inmoral, porque se basa en que el fin justifica los medios. Con esta misma argumentación se convalidarían la guerrilla y el terrorismo. Es hipócrita, porque usando el lenguaje cristiano del amor, la fe, la reconciliación, la comprensión, la piedad y el perdón, lo vacía de contenido. Luego, el obispo le dice a Videla y a cuantos “como usted son responsables de cualquier tipo de violencia que ha padecido la patria” que sinceren lo hecho. El 16 de mayo del 83, el exdictador le responde enojado a Hesayne. Acepta el derecho a discrepar sobre el contenido del documento emitido por el Ejército. Pero se lamenta del procedimiento usado por el obispo: hacer pública su opinión en tanto “avanza sobre aspectos personales que hacen al estado de conciencia”. Videla había recibido recién el 16 la carta de Hesayne. “Por ello –señala Videla– pese a que su publicación puede constituir un desafío para hacer de esto una polémica pública, llevo a su conocimiento que no he de caer en esa tentación. Y no he de hacerlo, porque pienso que de esta manera puedo contribuir mejor a la reconciliación de los argentinos”. Con esta carta termina el epistolario Hesayne - Videla. Dos datos: • Se vieron una sola vez la cara. Fue en Viedma en 1977. • En todas sus respuestas, Videla hace saber que enviaba copias de las misivas de Hesayne a “Su eminencia el señor presidente de la Conferencia Episcopal, a su excelencia el señor nuncio apostólico y su excelencia el señor comandante en jefe del Ejército, al único efecto de su personal conocimiento”.
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