El matrimonio que lleva cuatro décadas en las ciencias sociales y en la vida

Son la antropóloga Claudia Briones y el arqueólogo José Luis Lanata. Son reconocidos en su campo a nivel mundial, y eligieron a la Patagonia para desarrollar sus estudios. 




Pasión y paciencia. Claudia Briones y José Luis Lanata son investigadores del Conicet que se mudaron a Bariloche para desarrollar diferentes miradas sobre el debate del Antropoceno para comprender el pasado y pensar el futuro de la humanidad. Tienen en cuenta la interculturalidad como parte de la convivencia entre los seres humanos. Foto: Alfredo Leiva

Pasión y paciencia. Claudia Briones y José Luis Lanata son investigadores del Conicet que se mudaron a Bariloche para desarrollar diferentes miradas sobre el debate del Antropoceno para comprender el pasado y pensar el futuro de la humanidad. Tienen en cuenta la interculturalidad como parte de la convivencia entre los seres humanos. Foto: Alfredo Leiva

El Antropoceno, que es la era geológica que refleja el impacto del ser humano sobre la tierra, atrajo la mirada de dos investigadores que decidieron vivir en Bariloche. El es José Luis Lanata, que tiene una mirada “a gran escala” como arqueólogo que no puede dejar de pensar en miles de años atrás. Ella es Claudia Briones, antropóloga sociocultural para quien 100 años es muchísimo tiempo

Coinciden y disienten permanentemente. Cuestionan y debaten la mirada del otro. También se admiran profundamente. En los 43 años que llevan como pareja, Claudia Briones y José Luis Lanata se convirtieron en referentes de la antropología y la arqueología respectivamente. Publicaron artículos y libros, dieron clases en distintas partes del mundo y se distinguieron por diversas investigaciones. 

Sobresalen pero constantemente, intentan desmitificar el rol del científico. “Criamos hijas, hacemos las compras, cocinamos, compartimos las tareas del hogar. Somos bastante normalitos”, ironizó Briones. Se conocieron el día en que se inscribían por segunda vez en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Para los dos, la antropología pasaba a ser la segunda carrera. Con 20 años, ella había estudiado Letras y él, con 22, química.

“No seguimos la misma orientación porque yo entré en Arqueología y Claudia, en Sociales. Pero tuvimos muchas materias en común y ella hacía muy buenos apuntes que me prestaba. Hemos llegado a hacer cosas muy raras como rendir cinco finales de materias anuales en diciembre”, recordó Lanata. 

Con algo de nostalgia, agregó: “Uno se acuerda con cariño de las épocas de estudiante. Llegamos a ser 8 o 9 estudiantes los fines de semana, en un departamento de dos ambientes, para preparar exámenes. Todos barbudos en plena época del proceso”.  El mes de diciembre era el más codiciado por la pareja porque se organizaba el trabajo de campo de las investigaciones. Cuando fueron padres, debieron turnarse. 

La mirada puesta en Patagonia

Desde que eran estudiantes, investigan temáticas vinculadas a la Patagonia. La idea de radicarse en la región, coinciden, estuvo desde siempre.  “Siendo profesores de la UBA no teníamos muchas posibilidades. Era casi un sueño jubilatorio aunque los investigadores más jóvenes nos preguntaban por qué esperar tanto”, contó Briones.

Juntos a pesar de las diferencias “El Antropoceno es un tema que nos atraviesa fuertemente y no porque estemos de acuerdo. Nos complementamos. José tiene la perspectiva larga de los arqueólogos y piensa en millones de años. Muy diferente a la mía, como antropóloga sociocultural”, comentó Briones. Foto: Alfredo Leiva

Lograron concretar el sueño migratorio en enero del 2009 cuando se gestó la Universidad Nacional de Río Negro y se creó el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio, una unidad ejecutora de bipertenencia entre la universidad y el Conicet. 

En ese momento, junto a ellos, desembarcaron en Bariloche otros cinco investigadores del Conicet. Hoy, el plantel del instituto llega a 64 entre investigadores, becarios y personal técnico. La oferta para trabajar en la sede andina de la universidad llegó de manera inesperada vía mail. Briones se encontraba en Francia desde hacía tres meses y Lanata, en Inglaterra hacía casi un año. La pareja supo que había llegado el momento y aceptaron la oferta. También vía mail. 

“Al consultar con colegas que habían creado institutos o centros de investigación en Europa, lo primero que nos preguntaron era cómo íbamos a dejar la UBA por una universidad que recién empezaba. Cuando les mostré los paisajes, me dijeron: ‘sí, váyanse´”, ironizó Lanata.

Radicarse en Bariloche resultó todo un desafío. “Si bien la ciudad tiene gran cantidad de científicos, las ciencias sociales fueron diezmadas por la última dictadura. Pero logramos crecer porque no había centros de referencia de ciencias sociales en la zona cordillerana y mucha gente que se va a estudiar, quiere volver”, plantea el arqueólogo.

En 2018, Lanata fue nombrado miembro honorario del Royal Anthropological Institute de Gran Bretaña, una asociación creada en 1871. La más antigua asociación dedicada al fomento de la antropología.

“Cuando llegó ese mail, estuve a punto de borrarlo porque pensé que me querían vender libros o algo así. Nunca había estado en ese instituto. Se lo mostré a Claudia y ella consideró que parecía algo serio”, detalló.

Lanata consultó a sus conocidos en Cambridge si tenían algo que ver con el ofrecimiento pero se encontró con una negativa. “Poco después, me contaron que los alumnos de algunas clases que había dado cuando estuve en el 2000 y 2008 y, hoy están en Oxford y Cambridge llevando a cabo sus propias investigaciones, me habían postulado. Cuando miras a los pocos miembros que han distinguido, decís: ‘Se equivocaron 100%´”, dijo riéndose.

Colonialismo interno

El Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio, que dirige Lanata y del cual Briones forma parte, tiene un proyecto de unidad ejecutora para analizar la tensión entre demandas y políticas interculturales, focalizado en cinco ejes: conflictos ambientales, acceso a la tierra, políticas públicas, educación y patrimonialización.  “Siempre lo pensamos como un instituto interdisciplinario. Aun cuando somos antropólogos de formación, hay historiadores, lingüistas, geólogos, ingenieros agrónomos, politólogos, filósofos”, detalló Briones. 

¿El centro de investigación trasciende lo que pasa en la región? La antropóloga es contundente: “En el país, tenemos la idea de que las grandes universidades pueden trabajar en cualquier parte del país y las universidad nacionales de las provincias deben abordar solo su región. A eso llamamos colonialismo interno”.

Reconoció que un investigador “se enraiza en un lugar. Nosotros veníamos trabajando en la Patagonia y se trabaja a demanda con los problemas del entorno, entonces hay un foco acá pero no como camiseta de hierro del instituto. Las perspectivas comparativas son ricas”. 

En este sentido, Lanata puso como ejemplo que días atrás, “un colega español me decía que coincidimos en esta idea del Antropoceno, aunque con perspectivas diferentes. Empezamos a intercambiar ideas de lo que él ve en España y lo que sucede en América. Uno va y viene”.

 Compartir investigaciones y publicaciones

Pese a compartir la pasión por la ciencia, reconocen que la clave siempre fue “separar la vida profesional del hogar”. “En casa, no hablamos de trabajo. El tener una profesión afín sirvió para comprender las ausencias del otro, los trabajos de campo. Nos hemos apoyado mucho cuando el otro necesita”, confió Briones. 

Recién en 2002 y 2004, editaron dos libros juntos: Archaeological and Anthropological Perspectives on the Native Peoples of Pampa, Patagonia, and Tierra del Fuego to the Nineteenth Century.Living on the Edge y, Contemporary Perspectives on the Native Peoples of Pampa, Patagonia, and Tierra del Fuego: Living on the Edge. Ambos textos reúnen trabajos de distintos colegas del país sobre las problemáticas de los pueblos originarios de la región.

En los últimos años, la pareja se abocó al estudio del Antropoceno, un término acuñado por los científicos para describir una nueva era geológica que designa la época en la que las actividades del hombre empezaron a provocar cambios biológicos y geofísicos a escala mundial. 

Las reflexiones y los intercambios de ideas, concuerdan, arrancaron en el auto, camino al trabajo. El desafío fue complementar la mirada de un arqueólogo con la de una antropóloga. “El Antropoceno es un tema que nos atraviesa fuertemente y no porque estemos de acuerdo. Nos complementamos. José tiene la perspectiva larga de los arqueólogos y piensa en millones de años. Muy diferente a la mía, como antropóloga sociocultural”, comentó Briones.

Lanata reconoció que intenta “deconstruir la idea de una era geológica que supuestamente empezaría en 1950 (en 1945 fue la primera explosión nuclear). Esta idea de responsabilizarnos a los humanos de ser los promotores de una era geológica, en realidad, puede pensarse desde hace 8 mil o 10 mil años”. 

En este momento, trabaja con el equipo de Sistemas Complejos del Centro Atómico Bariloche para hacer modelos ecosistémicos y simulaciones matemáticas de distintos tipos. “Esto es más complejo que decir a partir de tal año, empezaron los cambios que llevan al Antropoceno. Por otro lado, los humanos en la Tierra no hacemos lo mismo en los mismos lugares. Hay una diversidad ecológica, ecosistémica y de relación entre individuos, grupos  y demás integrantes de la biósfera que hace que hagamos cosas distintas”, puntualizó. 

Briones toma distancia: “Ahí es donde yo opino diferente y empiezan los intercambios. Creo en la gran aceleración de los años 1960-1970 y tiene que ver con tácticas muy concretas. En mi caso, trabajo con prácticas sociales contemporáneas y presto atención a esas prácticas”. 

Advirtió que al no ser geóloga, “me siento libre de pensar que quizás esos marcadores geológicos hay que pensarlos de otro modo. Y que las islas flotantes de plásticos en los océanos son indicadores de los desastres que estamos haciendo en el planeta aunque no queden improntas de ello en las rocas”.

Qué investigan

Briones ha estudiado los derechos indígenas e interculturalidad, “siempre a través de las prácticas de las comunidades y organizaciones, especialmente los pueblos mapuche tehuelche”. 

“Si tomo mi perspectiva de 40 años de experiencia, se habilitaron pisos de conversación que antes estaban completamente censurados, invisibilizados. Eso habilita autoidentificaciones públicas que antes eran más estigmatizadas”, planteó la antropóloga. 

Aseguró que “se dieron los marcos jurídicos pero no necesariamente se aplican y en ese proceso se generan otro tipo de conflictividades. Son muchos años de reforma constitucional y parece que nada ha cambiado demasiado todavía. Hoy se habla en términos de derechos constitucionales reconocidos pero se siguen generando una serie de discriminaciones lejos de ser resultas”. 

Briones destacó que a principios de este año, logró publicar un libro “Conflictividades interculturales”, gracias a una invitación de investigadores alemanes y mexicanos. “El foco de reflexión es las conflictividades interculturales, las demandas indígenas como crisis fructíferas. Mi apuesta es que lo que se ve como problema hay que tomarlo como diagnóstico”. 

En el último tiempo, Lanata participó en uno de los primeros trabajos sobre paleoproteica en restos de megafauna americana (el estudio de las proteínas que se encuentran en ADN antiguo de animales que se extinguieron hace 12 mil o 15 mil años atrás) que se publicó en Nature. Este año, también publicó junto con otros 28 colegas argentinos, un trabajo en PLOS Genetics donde analizan la variabilidad genética argentina y sus posibles zonas de origen.  

Qué piensa el arqueólogo de la antropóloga

“Yo admiro esa capacidad de José Luis de tener como visiones de amplias escalas en lo temporal y espacial, de pensar procesos muy amplios. Él trabaja con el poblamiento de América pero también es el poblamiento del mundo” (Claudia Briones). 

Qué piensa la antropóloga del arqueólogo

“Admiro todo ella, lo bueno y lo malo. Admiro esa capacidad de incentivar a que la gente reflexione. Eso me parece muy fuerte. Yo soy más ortodoxo” (José Luis Lanata). 


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