El recurso más valioso

Por Redacción

Desde hace más de dos siglos, la riqueza relativa de los distintos pueblos se ha debido cada vez más al aprovechamiento de los recursos humanos y por lo tanto menos a los recursos naturales disponibles. Aunque a veces pareció que los líderes de países con grandes reservas de petróleo habían logrado revertir la tendencia así supuesta, sólo se trataba de una anomalía pasajera. Como acaban de enterarse los venezolanos, rusos, sauditas, nigerianos y otros que el año pasado vieron desplomarse el precio del crudo, en última instancia la inteligencia aplicada vale mucho más que la suerte geológica. Si bien en un esfuerzo por asestar un golpe a las empresas mayormente norteamericanas que, merced a la fracturación hidráulica, extraían petróleo y gas de yacimientos de esquisto como los de Vaca Muerta, los sauditas optaron por aumentar su propia producción, lo que, según ellos, ya ha tenido un impacto en el mercado internacional, todo hace pensar que de ahora en adelante el precio del crudo reflejará la evolución de los procesos de fracking. Aunque voceros del régimen autocrático de Arabia Saudita dicen confiar en su capacidad para hacer volver el reloj atrás, hay límites a lo que podrían lograr. Puesto que es de prever que, andando el tiempo, las empresas del sector se hagan más eficientes, a menos que en el Oriente Medio haya convulsiones tan graves que la región deje de exportar petróleo, sería poco probable que en los años próximos un barril llegara a costar más de 80 dólares, lo que se trataría un desastre para países gobernados por personas de mentalidad rentista como Venezuela y, en menor medida, otros de América Latina. En aquellas partes del mundo en que los recursos naturales son abundantes, no sólo políticos populistas sino también intelectuales propenden a sacralizarlos, haciendo de algunos, sobre todo del petróleo, el símbolo máximo de la soberanía nacional que les corresponde defender contra la rapacidad ajena por los medios que fueren. Tal actitud, que a veces se ha visto acompañada por la convicción aparente de que todos deberían tener derecho a aprovechar gratuitamente los avances posibilitados por el trabajo de científicos en los países ricos, ha contribuido al atraso de sociedades en las que, como en la nuestra, las elites políticas e intelectuales suelen estar más interesadas en asegurar la soberanía petrolera o minera que en estimular la investigación. A juzgar por los resultados concretos de los intentos de diversos gobiernos, como el kirchnerista, por impedir que extranjeros se queden con la empresa más emblemática de todas, YPF, el nacionalismo de los recursos naturales no ha servido para nada. Sería mucho más racional que el gobierno se apasionara por la educación, reaccionando frente a cualquier indicio de deterioro con la misma indignación que le supuso la participación de la empresa española Repsol en YPF, pero sucede que, desde su propio punto de vista y aquel de la mayoría, dicha alternativa parecería ridícula. Para que la Argentina por fin se aparte del rumbo que, a través de tantas décadas, la ha llevado a su situación lamentable actual, sería necesario que la clase política y quienes le aportan ideas reconocieran que, en el mundo en que nos ha tocado vivir, los recursos humanos son muchísimo más importantes que los naturales, para entonces obrar en consecuencia. Que éste sea el caso dista de ser una novedad, puesto que hace más de cien años países como Suiza y el Japón, que carecen de ventajas naturales, ya estaban entre los más prósperos, pero por sus propias razones, a partir de inicios del siglo pasado los líderes políticos más influyentes de nuestro país se han resistido a entenderlo. ¿Serán más realistas sus sucesores? Por desgracia, no hay demasiados motivos para suponer que, aleccionados por el fracaso patente del retardatario “modelo” kirchnerista, decidan que ha llegado la hora de privilegiar la inteligencia y voluntad de superarse de los habitantes del país que, lo mismo que en otras latitudes, son los recursos más valiosos, los que determinarán si la Argentina terminará conformándose con ser un país del Cuarto Mundo, pobre y crónicamente subdesarrollado, o si hará un esfuerzo genuino por recuperar el terreno que ha perdido no sólo en el transcurso de “la década ganada” sino también en muchas anteriores.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Miércoles 20 de mayo de 2015


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