El talón de Aquiles sciolista
En todos los países, sean democráticos o dictaduras, es normal que los dirigentes políticos se trasladen enseguida a los lugares más afectados por un desastre natural con el propósito de brindar la impresión de estar liderando las tareas de rescate y también de mostrar que son personas solidarias dispuestas a compartir el dolor de las víctimas. A menudo, la presencia de un mandatario –sobre todo si lo acompañan muchos funcionarios y una multitud de periodistas– sólo sirve para estorbar el trabajo de los equipos profesionales pero, como aprendió el presidente norteamericano George W. Bush en agosto del 2005 cuando el huracán Katrina devastó la ciudad de Nueva Orleans, a los políticos nunca les conviene confiar demasiado en la capacidad de funcionarios presuntamente preparados para hacer frente a una emergencia. Así las cosas, es lógico que el viaje decididamente inoportuno del gobernador bonaerense y candidato presidencial Daniel Scioli a Italia haya motivado mucho malestar entre sus adherentes y que, por fin consciente de que los costos políticos de ausentarse en un momento tan crítico podrían ser muy altos, haya optado por regresar al país antes de lo previsto, cancelando el encuentro que tenía programado con el primer ministro Matteo Renzi. Si bien a nadie se le ocurriría acusar al gobernador de estar detrás de los fuertes temporales que dejaron anegadas extensas zonas de la provincia de Buenos Aires, muchos están convencidos de que las consecuencias –algunos muertos, miles de evacuados, pérdidas multimillonarias y una sensación generalizada de desamparo– se han visto agravadas por la falta de obras públicas que debieron haberse emprendido en el transcurso de su gestión. Puesto que, según sus adversarios, Scioli no ha hecho nada para mejorar la muy deteriorada infraestructura de la provincia más poblada del país, tiene buenos motivos para preocuparse toda vez que llueve. Por cierto, de repetirse el desastre que sufrió La Plata hace un par de años, en el que murieron casi cien personas, las aspiraciones presidenciales de Scioli experimentarían un revés muy serio. Si bien el gobernador podría afirmar que, por razones políticas, durante años el gobierno nacional lo privó de los fondos necesarios para urbanizar adecuadamente zonas de riesgo en que se han improvisado asentamientos, en la actualidad depende tanto del apoyo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus partidarios incondicionales que no le es dado defenderse de tal modo contra quienes lo están criticando. Asimismo, aunque tuviera razón al informarnos que, a la larga, su visita a Italia arrojaría resultados más beneficiosos para los inundados que su presencia física en Luján, Arrecifes, Salto o La Matanza, un político tan experimentado como él sabrá muy bien que en circunstancias como éstas las impresiones importan mucho más que las alusiones a la necesidad de congraciarse con los italianos para que inviertan más. Tampoco lo ayudaría si, como ahora dicen voceros del gobierno bonaerense, se fue a Europa por razones médicas, ya que sería legítimo culparlo por las deficiencias de los hospitales provinciales y, para más señas, haría pensar que sus problemas de salud son más graves de lo que cree la mayoría. Felizmente para Scioli, su popularidad no se debe a que sus simpatizantes lo consideren un buen administrador sino a la impresión que brinda de ser un moderado amable que a su modo se siente consustanciado con el peronismo. En cambio, la reputación de su principal rival, Mauricio Macri, se basa en la convicción, que se ve reflejada en docenas de encuestas de opinión, de que a pesar de la hostilidad del gobierno nacional hacia su persona ha manejado los asuntos de la Capital Federal con eficiencia notable. Así, pues, para aprovechar la ausencia breve de Scioli el porteño anunció que enviaría equipos de especialistas y otros recursos de la Capital Federal a Luján y otros lugares inundados. No se trata sólo de un gesto humanitario, como aseveran los voceros de Cambiemos, sino también de una forma de decirnos que, conforme a las normas nacionales, el feudo de Macri es una especie de enclave desarrollado en un país hundido en el atraso y que por lo tanto el líder de Pro estaría en condiciones de hacer en la Argentina en su conjunto lo que ya ha hecho en la Ciudad de Buenos Aires.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Viernes 14 de agosto de 2015
En todos los países, sean democráticos o dictaduras, es normal que los dirigentes políticos se trasladen enseguida a los lugares más afectados por un desastre natural con el propósito de brindar la impresión de estar liderando las tareas de rescate y también de mostrar que son personas solidarias dispuestas a compartir el dolor de las víctimas. A menudo, la presencia de un mandatario –sobre todo si lo acompañan muchos funcionarios y una multitud de periodistas– sólo sirve para estorbar el trabajo de los equipos profesionales pero, como aprendió el presidente norteamericano George W. Bush en agosto del 2005 cuando el huracán Katrina devastó la ciudad de Nueva Orleans, a los políticos nunca les conviene confiar demasiado en la capacidad de funcionarios presuntamente preparados para hacer frente a una emergencia. Así las cosas, es lógico que el viaje decididamente inoportuno del gobernador bonaerense y candidato presidencial Daniel Scioli a Italia haya motivado mucho malestar entre sus adherentes y que, por fin consciente de que los costos políticos de ausentarse en un momento tan crítico podrían ser muy altos, haya optado por regresar al país antes de lo previsto, cancelando el encuentro que tenía programado con el primer ministro Matteo Renzi. Si bien a nadie se le ocurriría acusar al gobernador de estar detrás de los fuertes temporales que dejaron anegadas extensas zonas de la provincia de Buenos Aires, muchos están convencidos de que las consecuencias –algunos muertos, miles de evacuados, pérdidas multimillonarias y una sensación generalizada de desamparo– se han visto agravadas por la falta de obras públicas que debieron haberse emprendido en el transcurso de su gestión. Puesto que, según sus adversarios, Scioli no ha hecho nada para mejorar la muy deteriorada infraestructura de la provincia más poblada del país, tiene buenos motivos para preocuparse toda vez que llueve. Por cierto, de repetirse el desastre que sufrió La Plata hace un par de años, en el que murieron casi cien personas, las aspiraciones presidenciales de Scioli experimentarían un revés muy serio. Si bien el gobernador podría afirmar que, por razones políticas, durante años el gobierno nacional lo privó de los fondos necesarios para urbanizar adecuadamente zonas de riesgo en que se han improvisado asentamientos, en la actualidad depende tanto del apoyo de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus partidarios incondicionales que no le es dado defenderse de tal modo contra quienes lo están criticando. Asimismo, aunque tuviera razón al informarnos que, a la larga, su visita a Italia arrojaría resultados más beneficiosos para los inundados que su presencia física en Luján, Arrecifes, Salto o La Matanza, un político tan experimentado como él sabrá muy bien que en circunstancias como éstas las impresiones importan mucho más que las alusiones a la necesidad de congraciarse con los italianos para que inviertan más. Tampoco lo ayudaría si, como ahora dicen voceros del gobierno bonaerense, se fue a Europa por razones médicas, ya que sería legítimo culparlo por las deficiencias de los hospitales provinciales y, para más señas, haría pensar que sus problemas de salud son más graves de lo que cree la mayoría. Felizmente para Scioli, su popularidad no se debe a que sus simpatizantes lo consideren un buen administrador sino a la impresión que brinda de ser un moderado amable que a su modo se siente consustanciado con el peronismo. En cambio, la reputación de su principal rival, Mauricio Macri, se basa en la convicción, que se ve reflejada en docenas de encuestas de opinión, de que a pesar de la hostilidad del gobierno nacional hacia su persona ha manejado los asuntos de la Capital Federal con eficiencia notable. Así, pues, para aprovechar la ausencia breve de Scioli el porteño anunció que enviaría equipos de especialistas y otros recursos de la Capital Federal a Luján y otros lugares inundados. No se trata sólo de un gesto humanitario, como aseveran los voceros de Cambiemos, sino también de una forma de decirnos que, conforme a las normas nacionales, el feudo de Macri es una especie de enclave desarrollado en un país hundido en el atraso y que por lo tanto el líder de Pro estaría en condiciones de hacer en la Argentina en su conjunto lo que ya ha hecho en la Ciudad de Buenos Aires.
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