El temor sigue vigente

Por Redacción

BARILOCHE (AB).- Camila Namor y Flavia Huenchupan estaban ilusionadas con su primer emprendimiento. Habían acordado comprar el fondo de un pequeño comercio que durante diez años una pareja de jubilados había levantado. Camila había trabajado para ellos y quería seguir con el negocio, que está ubicado en la calle Onelli al 1850. No alcanzaron a trabajar un mes cuando se quedaron sin nada. Sólo con deudas y mucho dolor. Un año después de los saqueos, siguen endeudadas y viven con temor de que el drama se repita. No son las únicas. Varios comerciantes que aceptaron dialogar con “Río Negro” reconocieron que están atemorizados. Se sienten solos. Incluso algunos optaron por no recordar lo que vivieron hace un año. Es un drama que prefieren olvidar, aunque no puedan. Algunos comerciantes todavía no superaron el trauma. Irma Parra está desde hace un año con tratamiento médico, comentó su esposo Enrique Beckedahl, quien se excusó de dar una entrevista porque no quería volver a revivir el dolor. Ambos eran dueños de la tradicional tienda “Casa Irma” que durante 53 años funcionó en Onelli y Rosales. Tras los saqueos nunca más volvieron a abrir. Para poder vivir, optó por alquilar el local. Los 30.000 pesos que les otorgó el gobierno provincial como compensación por los daños no cubrieron ni las reparaciones del quiosco-regalería “Mainqué”. El dolor se percibe en sus palabras. Camila tiene 20 años y los saqueos la sorprendieron con un embarazo de 8 meses, con un préstamo por pagar y sin nada porque los saqueadores les robaron todo y destruyeron el pequeño local. Su amiga Flavia tiene 24 años y vive el mismo drama. A Camila los ojos se le llenan de lágrimas cuando recuerda esa jornada de los saqueos. Contiene la indignación como puede para no llorar. Cuenta que le habían pagado 20.000 pesos a los dueños y debían 30.000, a abonar en cuotas. El comercio estaba lleno de artículos. “Ellos estaban cansados y no querían seguir trabajando, como yo era empleada les propuse comprarles el fondo de comercio”, explica Camila. El hecho El 20 de diciembre del año pasado, Camila y Flavia estaban en el negocio cuando se enteraron de que había saqueos en Changomas. Las chicas ya eran dueñas, aunque en los papeles el negocio seguía siendo de la pareja de jubilados, que estaba con ellas. “Nosotros habíamos cerrado a las 12:30 porque nos avisaron que estaban en Changomas. Estábamos los cuatro, cerramos todos y nos fuimos”, cuentan. “¿Qué iban a querer sacar si acá no teníamos comida?, acaso teníamos un par de caramelos y alfajores”, rememoran las chicas. A las 15:30 les avisaron sus padres que el comercio había sido saqueado, junto con otros locales de esa zona. “Mi papá tiene 69 años y encima la gente le decía: “Saquee señor”, con un revólver acá (y se señala la cintura). ¿Qué puede hacer un hombre de 69 años contra tres delincuentes con revólver?”, plantea Camila. Flavia recuerda que cuando llegó al local no había nada. Y lo que no se llevaron lo destrozaron. Recordó que había un nene de 10 años revolviendo para ver qué se podía llevar. Encontró una nena de unos 7 años bajando por la escalera que conducía al depósito. Ya no había nada por robar. “Las madres los mandaban a que entraran y se llevaran las cosas”, señalan indignadas las jóvenes. “¿Qué ejemplo les dan a sus hijos?”, preguntan. Pero el dolor más fuerte para Camila es lo que vino después. Cuenta que por los saqueos el anterior dueño del local enfermó. Ella fue su empleada durante un tiempo y lo conocía bien. No se recuperó Asegura que el hombre no se recuperó nunca de haber visto todo destruido. Que hayan robado todo el trabajo de años. “Él se empezó a sentir mal y la médica de cabecera no le prestó mucha atención que digamos. Le decía que era sólo depresión”, cuenta Camila. “Se le formó un cáncer”, indica. Recuerda que “no conseguíamos dadores de sangre y él se debilitaba porque no podía comer, tenía cáncer en los intestinos. Estábamos con ellos todo el tiempo”, explica la joven. Operaron al hombre, pero falleció hace unos siete meses. Su esposa quedó sola y las chicas la tratan de acompañar porque sólo tiene un hijo. “Ella está sola, perdió a su marido por culpa de todo lo que pasó y nadie se acercó a ella y le dijo aunque sea un sentido pésame”, afirma indignada y con bronca. “A los políticos no les interesa. Ellos tienen su sueldo que es bastante grande”, añade. Camila y Flavia volvieron a abrir en marzo pasado. Tuvieron que empezar de cero. Los 25.000 pesos que el gobierno provincial otorgó como compensación no cubrieron las pérdidas. “Volvimos por el hecho de que teníamos que pagarle a ellos (por los dueños anteriores”, explicaron. También porque no hay mucho trabajo en la ciudad). Sus padres tuvieron que cubrir los préstamos que habían pedido y ellas volvieron a tomar créditos para reparar el comercio y comprar algo de mercadería. Un año después todavía no terminaron de reparar todo. Y le siguen pagando como pueden el fondo de comercio a la viuda. Las chicas aseguran que días atrás, cuando los rumores de saqueos golpeaban las puertas, optaron por retirar toda la mercadería y llevárselas a sus casas. Explican que vivir y trabajar en esas condiciones es complicado. “Perdemos días de trabajo y si no trabajamos no tenemos para pagar las deudas”, señalaron. “Realmente ya asimilamos que nadie nos va a ayudar”.

Camila Namor y Flavia Huenchupan tuvieron que volver a empezar.

jorge villalobos jvillalobos@rionegro.com.ar