El único candidato hispano

Mientras que los senadores Hillary Clinton y Barak Obama están compitiendo por demostrar cuál de los dos es más famoso, otro aspirante a la nominación presidencial del Partido Demócrata el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson está recorriendo el país día y noche con el mensaje de que tiene la mejor hoja de vida y el mejor plan de política exterior.

Cuando digo día y noche, no exagero. Cuando solicité una entrevista con Richardson durante su visita a Florida el fin de semana pasado, me dieron una cita con él a las 6 de la mañana del sábado. En una conversación telefónica previa, el viernes, Richardson me dijo que se despierta todos los días a las 5 a.m., hace sus ejercicios diarios y empieza su día de trabajo a las 6 a.m.

Richardson, el único hispano entre los principales contendientes demócratas, tiene efectivamente una trayectoria impresionante: fue recientemente reelecto para un segundo período como gobernador de Nuevo México con un 69% de los votos y ha servido como secretario de Energía de los Estados Unidos, embajador de los EE. UU. ante las Naciones Unidas y congresista federal.

Cuando le pregunté qué le hace pensar que puede competir con las súper estrellas políticas Clinton y Obama, Richardson me respondió: «Yo he sido probado: tengo experiencia en política exterior, tengo experiencia en energía, he estado en la cancha y he sido exitoso».

Richardson está exigiendo un «nuevo realismo» en política exterior norteamericana, que reemplace las «ilusiones unilateralistas» del presidente Bush. Según me explicó: «Eso significa diplomacia primero, antes de guerras preventivas y acciones militares». Los Estados Unidos deberían restaurar sus alianzas y recuperar su reputación mundial como un país que respeta el derecho internacional, los derechos humanos y las libertades civiles, señaló. Para lograrlo, Washington debería, entre otras cosas, ofrecer reducciones de deudas al Tercer Mundo, firmar el Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global y adherirse a la Corte Internacional Penal, agregó.

Estados Unidos también necesita prestarles más atención a las amenazas que fueron pasadas por alto debido a «nuestra obsesión con Irak», como la posibilidad de que los terroristas se hagan de materiales nucleares. Esto requiere construir coaliciones antiterroristas más fuertes, señaló.

Richardson, quien habla buen español nació en California, de padre estadounidense y madre mexicana, y vivió de niño en Ciudad de México dijo que, de ser electo, «le prestaré más atención a América Latina y el Caribe que ningún otro presidente en el pasado».

Propuso deshacerse del «ridículo» muro fronterizo y lanzar un programa semejante a la Alianza por el Progreso del presidente Kennedy en la década del sesenta, con énfasis en la iniciativa empresarial, la educación, la nutrición y la energía renovable.

«El muro fronterizo es un símbolo terrible de división, un símbolo de intolerancia», afirmó Richardson. «Lo que se necesita es una vía sensata a la legalización de 12 millones de trabajadores indocumentados en Estados Unidos, sumado a medidas de seguridad realistas como duplicar los agentes fronterizos y más tecnología de detección».

En relación con los acuerdos de libre comercio pendientes con Perú y Colombia, Richardson afirmó: «Yo soy pro libre comercio. Pero creo que los tratados de libre comercio tienen que tener mayores obligaciones en tres áreas: disparidad de salarios, protección laboral y protección ambiental». Sobre de los tratados pendientes, dijo que sólo los apoyará si cumplen estos requisitos.

Con respecto a Cuba, el demócrata dijo que apoya la flexibilización de las restricciones de Washington a los viajes y remesas a la isla, pero no está de acuerdo en levantar el embargo norteamericano, a menos que hubiera una apertura política allí.

«Tiene que haber acciones recíprocas del gobierno cubano», dijo Richardson. «Pienso que Raúl Castro ha estado haciendo ruidos de querer mejorar la relación. La primera cosa que él debería hacer es liberar a los prisioneros políticos. Si él hace eso, tú entras en una negociación».

Mi opinión: Me inquieta la postura de Richardson sobre los tratados de libre comercio. Obviamente, su postura al respecto intenta ganar el aplauso de los grandes sindicatos norteamericanos, que están más interesados en proteger a sus miembros de la competencia extranjera que en velar por los intereses de los consumidores de Estados Unidos, o de las economías de América Latina.

Pero me gusta su hoja de vida: pocos han tenido su experiencia ejecutiva, diplomática y legislativa. Y también me gusta su compromiso con América Latina. A diferencia de los senadores Clinton y Obama, que tratarán de ganar votos hispanos afirmando ser grandes amigos de Latinoamérica, Richardson tiene un historial que lo prueba.

El candidato hispano está en una carrera cuesta arriba, pero si por algún golpe de suerte o talento llegara a ganar la presidencia, podría ser un puente de culturas dentro de Estados Unidos y entre las Américas.

 

ANDRES OPPENHEIMER (*)

Especial para «Río Negro»

(*) Periodista argentino. Analista internacional. Miami.


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