“El voto electrónico es una gran ventana al fraude electoral”

Lo que se nos está presentando como una panacea es un simulacro de votación. Nos invitan el día electoral a participar de algo que parece un comicio pero es una puesta en escena armada en dos partes. Una parte proviene del SET (sistema electoral tradicional): tiene boletas de papel y urnas, puede o no tener cuarto oscuro y hay fiscales partidarios y autoridades de mesa. La otra parte, que se ha agregado como novedad “o maravilla tecnológica”, es el proceso informático, que consiste en una máquina de votar con una pantalla táctil en la que se introducen los votos ya no físicamente sino como dato informático, el que mediante la ejecución de un software en el procesador interno de la máquina procede a la impresión de los datos-votos al dorso de la boleta electoral, quedando oculto al momento de plegarla e introducirla en la urna. Después de analizarlo, le encuentro dos vicios graves y concurrentes de nulidad procesal que terminan en una gran ventana al fraude electoral. a) El primer problema es que todo el sistema –desde el software de la máquina, la captación en pantalla del voto y su digitalización aunque luego lo imprima en la boleta, el traslado de los datos-votos por la red que sea y su recuento– es hackeable a lo largo de su proceso, como lo es cualquier sistema informático, cuestión conocida mundialmente por personas, entidades y Estados que han sufrido ese tipo de ataques. b) El segundo problema, que a su vez es garantista del hackeo, es que las boletas provistas por la autoridad de mesa –todas idénticas en su forma, impresión y apariencia– al momento de ser introducidas en la urna no son firmadas por los fiscales partidarios ni las autoridades de mesa, por lo que resulta que nadie puede asegurar que el día del comicio o a posteriori no sean cambiadas parcial o totalmente. Comparando el SET con el voto electrónico observo que es muy difícil falsificar las firmas de fiscales y autoridades de todas las boletas de una urna y mas aún de todas las urnas del comicio, pero sí es posible alterar parcialmente o totalmente los datos-votos de la parte informática teniendo el conocimiento para hacerlo. El punto de mayor fortaleza del SET, y que nadie puede discutir, es la firma de los fiscales partidarios y autoridades de mesa intervinientes en los sobres que contienen las boletas, lo que garantiza que han sido introducidas en las urnas por los ciudadanos el día del comicio cumpliendo todo lo establecido por la ley electoral. Esto confiere a esas boletas carácter de documento público y valor instrumental para una posterior auditoría del comicio. El SET permite fiscalizar el acto electoral y en caso de reclamos partidarios o sospechas de errores o tentativa de fraude hacer un recuento auditor de boletas firmadas genuinas del día del comicio, cualidad que con las boletas sin forma no es posible. Resumiendo, la debilidad del sistema de voto electrónico (algunos lo llaman BUE por lo de boleta única electrónica, con chip también hackeable con herramientas NFC) está en que la parte informática del procedimiento es hackeable y en que no hay forma de distinguir la genuinidad de las boletas sin firma que se encuentran en las urnas; sin firma son todas iguales, genuinas o no. Por eso concluyo sin ninguna duda que nuestro sistema electoral tradicional de voto en papel es mejor y que, aunque es perfectible, jamás desechable porque sí es confiable, es lo más seguro que tenemos. Dejo estas inquietudes para autoridades partidarias y judiciales y la ciudadanía en general. Si no firman las boletas, entonces ¿de qué modo garantizan a la ciudadanía que esas boletas sin firmas que se encuentran en las urnas resultan del acto electoral del día del comicio? ¿Para qué, entonces, eliminar las firmas de fiscales partidarios y autoridades cuando esto minimiza y neutraliza su participación en la fiscalización y contralor de algo tan importante? ¿Por qué combinar la quita de la firma de las boletas de papel con un proceso informático de los datos-votos que puede ser hackeado y por lo tanto con esta nefasta combinación dar un resultado que burle la voluntad popular? Entonces, sabiendo, conociendo todo esto, ¿por qué no optimizar el SET, que es más fácil y seguro, en lugar de incorporar algo hackeable? Roque Manuel Sardá, DNI 7.840.441 Neuquén

Roque Manuel Sardá, DNI 7.840.441 Neuquén


Lo que se nos está presentando como una panacea es un simulacro de votación. Nos invitan el día electoral a participar de algo que parece un comicio pero es una puesta en escena armada en dos partes. Una parte proviene del SET (sistema electoral tradicional): tiene boletas de papel y urnas, puede o no tener cuarto oscuro y hay fiscales partidarios y autoridades de mesa. La otra parte, que se ha agregado como novedad “o maravilla tecnológica”, es el proceso informático, que consiste en una máquina de votar con una pantalla táctil en la que se introducen los votos ya no físicamente sino como dato informático, el que mediante la ejecución de un software en el procesador interno de la máquina procede a la impresión de los datos-votos al dorso de la boleta electoral, quedando oculto al momento de plegarla e introducirla en la urna. Después de analizarlo, le encuentro dos vicios graves y concurrentes de nulidad procesal que terminan en una gran ventana al fraude electoral. a) El primer problema es que todo el sistema –desde el software de la máquina, la captación en pantalla del voto y su digitalización aunque luego lo imprima en la boleta, el traslado de los datos-votos por la red que sea y su recuento– es hackeable a lo largo de su proceso, como lo es cualquier sistema informático, cuestión conocida mundialmente por personas, entidades y Estados que han sufrido ese tipo de ataques. b) El segundo problema, que a su vez es garantista del hackeo, es que las boletas provistas por la autoridad de mesa –todas idénticas en su forma, impresión y apariencia– al momento de ser introducidas en la urna no son firmadas por los fiscales partidarios ni las autoridades de mesa, por lo que resulta que nadie puede asegurar que el día del comicio o a posteriori no sean cambiadas parcial o totalmente. Comparando el SET con el voto electrónico observo que es muy difícil falsificar las firmas de fiscales y autoridades de todas las boletas de una urna y mas aún de todas las urnas del comicio, pero sí es posible alterar parcialmente o totalmente los datos-votos de la parte informática teniendo el conocimiento para hacerlo. El punto de mayor fortaleza del SET, y que nadie puede discutir, es la firma de los fiscales partidarios y autoridades de mesa intervinientes en los sobres que contienen las boletas, lo que garantiza que han sido introducidas en las urnas por los ciudadanos el día del comicio cumpliendo todo lo establecido por la ley electoral. Esto confiere a esas boletas carácter de documento público y valor instrumental para una posterior auditoría del comicio. El SET permite fiscalizar el acto electoral y en caso de reclamos partidarios o sospechas de errores o tentativa de fraude hacer un recuento auditor de boletas firmadas genuinas del día del comicio, cualidad que con las boletas sin forma no es posible. Resumiendo, la debilidad del sistema de voto electrónico (algunos lo llaman BUE por lo de boleta única electrónica, con chip también hackeable con herramientas NFC) está en que la parte informática del procedimiento es hackeable y en que no hay forma de distinguir la genuinidad de las boletas sin firma que se encuentran en las urnas; sin firma son todas iguales, genuinas o no. Por eso concluyo sin ninguna duda que nuestro sistema electoral tradicional de voto en papel es mejor y que, aunque es perfectible, jamás desechable porque sí es confiable, es lo más seguro que tenemos. Dejo estas inquietudes para autoridades partidarias y judiciales y la ciudadanía en general. Si no firman las boletas, entonces ¿de qué modo garantizan a la ciudadanía que esas boletas sin firmas que se encuentran en las urnas resultan del acto electoral del día del comicio? ¿Para qué, entonces, eliminar las firmas de fiscales partidarios y autoridades cuando esto minimiza y neutraliza su participación en la fiscalización y contralor de algo tan importante? ¿Por qué combinar la quita de la firma de las boletas de papel con un proceso informático de los datos-votos que puede ser hackeado y por lo tanto con esta nefasta combinación dar un resultado que burle la voluntad popular? Entonces, sabiendo, conociendo todo esto, ¿por qué no optimizar el SET, que es más fácil y seguro, en lugar de incorporar algo hackeable? Roque Manuel Sardá, DNI 7.840.441 Neuquén

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