En la Asamblea, Fernández intentará retomar la iniciativa política

Tras el escándalo de las vacunas, Fernández abre mañana las sesiones ordinarias del Congreso. Defenderá las medidas sanitarias y podría reimpulsar los proyectos contra la Justicia.

Ha sido un año largo y duro para el gobierno de Alberto Fernández. Es cierto, el año de gestión se cumplió el último 10 de diciembre, pero así funcionan ciertas fechas en Argentina: el Presidente inaugurará mañana el período de sesiones ordinarias. Sin embargo, la Asamblea Legislativa es más que la mera apertura del trabajo regular del Congreso. Es, además y fundamentalmente, la presentación de un plan de gobierno, un relanzamiento y un balance. Y Fernández llega a este lunes en medio de una de las crisis políticas más importantes de su gobierno. El Presidente y el Ejecutivo, tras el escándalo de las vacunas, buscan retomar algún tipo de agenda “positiva”, un objetivo difícil, y todos los cañones apuntan a la Justicia.

Fernández dará su discurso en la Cámara de Diputados, este lunes, a las 12.00 horas. El escenario de por sí será especial: el Presidente y algunos miembros de su gabinete a serán los únicos funcionarios ajenos al Poder Legislativo que estarán presentes en el recinto, de acuerdo a lo informado oficialmente. Y legisladores sólo habrá unos pocos, fundamentalmente los jefes de las bancadas de cada una de las Cámaras.

En Juntos por el Cambio descartaron hacer algún tipo de acto político contra el presidente por el caso de las vacunas ese día -como instalar pancartas en las bancas, práctica que repitió el kirchnerismo en el pasado-, informaron voceros de la coalición opositora. 

El Presidente agradeció ayer -a través de Twitter- a las organizaciones políticas y sociales que convocaron a una movilización en las calles, pero pidió suspenderla: “Nosotros cuidemos al prójimo aunque otros no lo hagan”, dijo en relación a la marcha de ayer contra el gobierno.

Según informaron a este diario desde el Ejecutivo, el Presidente se referirá al “atípico” año que vivió el país por la pandemia del coronavirus y en ese sentido intentará destacar algunos signos de ligera recuperación económica registrada en los últimos meses, tras la catastrófica caída económica sufrida en los meses previos. Es decir, al “recibimos un país dañado en su tejido social y productivo” del discurso del 2020, se agregará la justificación de la pandemia: a la herencia recibida, el imponderable, y un intento de esperanza.

El Presidente viene de una semana plagada de cambios de humor. Ante el escándalo de las vacunaciones de privilegio a funcionarios y amigos del poder, Fernández reaccionó primero con cautela y con una limpieza: sacó del camino al ahora ex ministro de Salud, Ginés González García, y ordenó a su nueva ministra, Carla Vizzotti, dar rápidas señales de transparencia. Poco después, en México, pasó al enojo, a la justificación de la vacunaciones de funcionarios, a los ataques y críticas a la oposición, los medios y la Justicia. Y luego, en Corrientes, criticó al “mundo injusto” por la falta de vacunas. En Presidencia hay quienes recomiendan al mandatario volver al sendero de la cautela, pero otros, en el kirchnerismo más duro, son más partidarios del golpe por golpe. Hay expectativa sobre cómo se manejará finalmente Fernández.

La Justicia volvería a ser un eje central del discurso del Presidente. El año pasado, fue el punto clave de sus propuestas. “Venimos a ponerle fin a la designación de jueces amigos, a la manipulación judicial, a la utilización política de la Justicia y al nombramiento de jueces dependientes de poderes inconfesables”, dijo el mandatario y anunció: “Nos proponemos impulsar un reordenamiento de la Justicia federal”.

Hace poco más de medio año duerme en Diputados el proyecto de Reforma Judicial que impulsó el mandatario y que apunta fundamentalmente a quitarle poder a los jueces federales de Comodoro Py y que fue aprobado por el Senado, con modificaciones al texto original de parte de Cristina Kirchner, en agosto pasado.

En el medio, el Senado también aprobó la reforma del Ministerio Público Fiscal, un proyecto para intentar remover al Procurador de la Nación interino, Eduardo Casal. Mientras tanto, sigue frenado, en esa misma Cámara, el pliego de Daniel Rafecas, candidato a Procurador de Fernández, que no es respaldado con ímpetu por el cristinismo. El Ejecutivo analiza también, luego de las recomendaciones del Consejo de asesores judiciales creado por el mandatario, una iniciativa para intentar restarle poder a la Corte Suprema mediante la creación de un “tribunal intermedio de arbitrariedad” que intervenga ante planteos judiciales en casos de corrupción. 

El oficialismo no pudo durante estos últimos seis meses lograr el apoyo de sus aliados regulares en la Cámara Baja para avanzar con la sanción definitiva de la Reforma Judicial. Fernández reclamó sin éxito en varias oportunidades desde entonces que el Congreso apruebe la norma de una vez.

El gobierno necesita recuperar el control agenda. Un año, una pandemia, numerosos reveses judiciales, un vacunagate y varios escándalos después, el Jefe de Estado volvería a reclamar su sanción este lunes.


Giacobbe: “La cantidad de gente a convencer es poca”

Jorge Giacobbe, director de Giacobbe y Asociados.

P: ¿Cómo llega Fernández a la Asamblea Legislativa de este año, en comparación con el anterior?
R: La apertura de sesiones es como el arranque del año político. Me parece muy sintomatológico: en esta fecha, en el 2020, Alberto tenía 38 puntos de imagen positiva, y menos de 50 de negativa. Ahora tiene 36 de positiva, y más de 50 de negativa. En el medio llegó a tener 68 puntos de imagen. Ese fue el subibaja: 30 puntos para arriba, 40 para abajo, de desgaste.

P: Un tiempo de “esperanza” era.
R: Nosotros hacemos una nube de palabras: pedimos a los encuestados que describan a Fernández con una sola palabra, a libre elección. Al inicio de su gestión la principal palabra era “esperanza”. Hoy, las principales palabras con las que la opinión pública lo define son: “mentiroso”, “títere” e “inútil”. Hay un cambio de posicionamiento muy severo. A todas las figuras políticas que la opinión pública quiere sentar en el sillón de Rivadavia les asigna la idea de la “esperanza”: lo mismo pasó con Macri y Cristina. Cuando eso se rompe, empiezan a aparecer otros conceptos, los de la despedida. Cristina arrancó como “esperanza” y terminó como “corrupta”; Macri terminó como “inútil”.

P: Todas palabras de consecuencias, de que algo sucedió y los convirtió en eso.
R: Claro, son sintomatológicas. Lo de “inútil” hay que verlo más allá de lo peyorativo, es alguien que no puede resolver un problema. Y después la palabra “mentiroso”, gente que votó esa fórmula, que esperaba que el fuera moderado, que fuera liberal, peronista, que balanceara el poder con el kirchnerismo. Se sienten engañados.

P: Ahora, Cristina estuvo ocho años, Macri tuvo cuatro. Esto está pasando en un año. ¿Es normal?
R: No es nada normal. Porque no es normal la pandemia tampoco. Antes de la pandemia a Alberto ya le iba a tocar un país en una situación que hacía prever que su gobierno iba a ser triste, lacónico, porque simplemente no estaba la plata suficiente para cambiar todas las angustias sociales. A eso le vino a la pandemia. Él hoy exhibe el desgaste de haber gobernado tres años, no la imagen de un presidente al que le faltan tres años”.

P: Se espera que el gobierno ponga el foco ahora en algunas leves señales de recuperación económica. ¿La percibe la opinión pública, es una buena estrategia?
R: No. Los 26 puntos de imagen positiva son antes del caso de las vacunas VIP. No me parece que el camino vaya para arriba. Tampoco creo que sea para abajo, porque ese 26% parece ser lo sólido, el kirchnerista duro, el que te justifica cualquier cosa. El gobierno espera que la economía crezca este año 6%. Vamos a entrar en la dinámica cínica de siempre: la parte de la población que quiere a Cristina va a decir ‘que bueno’, y va a tratar de convencer al resto de que salimos del pozo y vamos a ser todos felices. Y el 65% que odia a Cristina va a decir, ‘crecimos 6, pero che, perdimos 20”, entonces vamos a tardar cinco años en recuperar lo que perdimos en uno. La cantidad de gente realmente a convencer es muy poca.

P: ¿Es una buena ocasión al menos para recuperar el control de la agenda, que parece perdido?
R: Pero si de marzo hasta antes del vacunatorio VIP perdieron 40 puntos. ¿Por qué pensamos que la peor crisis la están viviendo ahora? Los argentinos con esto se horrorizan, pero no lo ven nuevo. Pero el gobierno sí está teniendo una gran habilidad: lograr tapar las buenas noticias. Si te posicionás en noviembre, el problema del gobierno era la baja aceptación de la vacuna rusa. Eso se torció: la noticia buena para el gobierno es que el nivel de aceptación creció notablemente. Bien, el plan de vacunación va a funcionar. Y ahí viene la argentineada: una noticia buena la terminan tapando con una mala, las vacunaciones VIP. No es la dinámica del malo, es la dinámica del tonto. Esta es la frutilla de la crisis, pero vienen en crisis ya.


Römer: “Hay dudas sobre la capacidad de gestión”

Graciela Römer, directora de Graciela Römer y Asociados.

P: ¿Qué cambió para el gobierno desde la última Asamblea Legislativa?
R:Es una gestión muy contaminada por la pandemia. El gobierno tuvo que afrontar una realidad inédita y Alberto Fernández se concentró en fortalecer su liderazgo, la pandemia le dio un soporte en ese sentido. Arrancó con un fuerte nivel de apoyo por el perfil que adquirió el manejo de la crisis. Pero esto se fue perdiendo especialmente a partir de septiembre y octubre. En primer lugar, por la fatiga que generó las distintas cuarentenas; en segundo lugar, por las contradicciones entre el manejo de la pandemia y el discurso tanto del Presidente como de los principales voceros, como el ex ministro de Salud, que no respondía al volumen que la incertidumbre que la población iba adquiriendo; y en tercer lugar, por la limitación real para cubrir las necesidades objetivas que el país tiene

P: Es decir, ¿el Presidente se para el lunes ante una sociedad fatigada y crítica?
R: Y con dudas. A la incertidumbre general que marca el clima de época de la pandemia, se suma la incertidumbre y la desconfianza respecto de la capacidad para llevar adelante su manejo, de la capacidad de gestión.

P: El escándalo de las vacunas viene a sumarse a ese contexto general de todo el 2020.
R: Esto complica seriamente la necesidad del Presidente de recuperar su imagen. Y no es un tema menor: hay cosas que están sucediendo a nivel de la opinión pública. Si uno analiza el orden de demandas de la población, en términos de los principales problemas, lo que observa es que inflación, empleo, seguridad están presentes. Pero hay otra demanda, que tiene que ver con la corrupción y que viene creciendo de forma sistemática, y que se va a ver potenciada de aquí en más. Porque el “vacunagate” se ha convertido en un elemento emblemático del fuerte cuestionamiento de la opinión pública en relación a la dirigencia política y a la propia democracia. Es un fenómeno mundial, hay un fuerte cuestionamiento a los problemas de las democracias para cumplir con su contrato de base que es la participación y la igualdad. El vacunagate viene a demostrar el incumplimiento del eje central de la propuesta del peronismo, igualdad de oportunidades. El propio sistema político, el propio Estado es quien depreda las posibilidades de lograr equidad, en este caso en la salud. Para hacer una buena elección el gobierno debe sostener la masa de votantes que tiene, pero además debe ampliarla y estos casos van impactar sobre eso.

P: En este contexto, ¿es una buena estrategia para el Presidente mantener el discurso que mostró en los últimos días, de enojo, de críticas a la oposición, a la Justicia, a los medios?
R: Yo creo que no. Argentina despierta una enorme incertidumbre. Tenemos problemas de caja, no hay dinero. La emisión no es una opción porque genera inflación, el aumento de gasto en subsidios no es una opción, y la posibilidad de pedir dinero prestado es prohibitivo por las tasas que tenemos que pagar. La generación de credibilidad no va de la mano con un discurso que va dirigido solamente a su mercado político interno, a su propia tropa. No es un buen discurso en ni siquiera en términos de estrategia electoral.


La suspensión de las PASO, una incógnita tras el escándalo

Antes de que estallara el caso de las vacunaciones VIP, el gobierno nacional había comenzado a presionar con fuerza para avanzar en el Congreso con una suspensión o prórroga de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias que deben celebrarse en agosto. En el oficialismo habían advertido que no sería tratado en las sesiones extraordinarias que finalizaron el viernes, sino que sería un tema para retomar con el comienzo de las sesiones ordinarias en marzo. Tras el escándalo, el plan se volvió una incógnita. 

La iniciativa recibió el rechazo no sólo de los bloques legislativos de Juntos por el Cambio, de modo que avanzar con este tipo de iniciativas generaría inevitablemente un aumento de tensión con la oposición, sino que tampoco fue respaldado de forma contundente por el kirchnerismo duro, que busca pelearle poder a los intendentes del conurbano bonaerense.

El argumento del Ejecutivo para avanzar con una suspensión o postergación de las PASO era -y así lo dijo el ahora ex ministro de Salud Ginés González García- que celebrar elecciones en agosto supondría un riesgo epidemiológico innecesario. El proyecto, con la crisis política que desató en el gobierno nacional el caso de las vacunaciones de privilegio, quedó en suspenso. Pero no descartado.


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