En la sangre
la peña
jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar
A veces tengo la sensación de que por mis venas corre un poco de sangre y también una buena dosis de folclore. Sino no podría explicar lo que siento cuando en un escenario empieza a sonar esa dosis de guitarras, con una pizca de bombos, baterías y voces cargadas de zambas y chacareras. Y se me vino a la memoria la letra de una zamba que cantaban los Cantores del Alba, que decía “zamba cuando escuchan tus acentos todo el norte se viste de fiesta, por mis venas crecen zambas cuando te veo bailar, te esperan los del alto, los del valle bailaran, Catamarca Salta el Santiago y Tucumán”. Por un momento sentí cierto privilegio, pero miré a un costado, miré al otro, miré a la tribuna, había gente de 15, de 20, 30, 40, 50, 60, 70 y tal vez alguno mayor, muchos con la misma expresión de felicidad mientras sonaban los pesos pesados del género. Entendí que son, que somos muchos a los que el folclore les corre por las venas, esos que sienten por dentro esas expresiones inexplicables que genera la música que le apasiona. Supongo que los amantes del tango, del rock y de otros géneros sentirán lo mismo, sólo que esta vez me decidí a contarlo. Me pasó este verano en mi pueblo, en Andalgalá, donde pude escuchar y sentir en vivo a unos cuantos del folclore en el Festival Nacional del Fuerte. Noches templadas hicieron el aguante para que todo saliera redondo. Entendí que muchos llevaban el folclore en la sangre porque por un momento la lluvia amagó con quedarse y nadie se movió de su lugar. Se mojaron un rato, pero seguían aplaudiendo y vivando a sus preferidos. Se mezclaron edades, se mezclaron expresiones, pero todas tenían los mismos destinatarios. Se aplaude todo, desde el consagrado que viene cargado de elogios hasta el nuevo que viene remando y necesita esos aplausos para seguir. Y así fue, Pero bastó que entraran al escenario tal vez el grupo folclórico vivo más cargado en años del país. Los interminables Manseros Santiagueños fueron el detonante de la locura en un estado con más de 20.000 personas. Sí, desataron la locura, fenómeno difícil de explicar, pero real, tan real como que los contratan en todos los festivales porque son de los que más convocan. Esos exponentes de bombos y guitarras criollas no se ven todos los días y aunque sus voces hoy luzcan gastadas, el placer de verlos, de escucharlos fue enorme. Podría decir que es el folclore virgen, ese que no tuvo ningún agregado. Lo cantan, lo tocan desde hace más de medio siglo. Ellos lo saben, claro que saben que el público los admira, porque si no fuera así no seguirían recorriendo miles y miles de kilómetros en el país para llevar su música, para llevar su canto y su presencia, que no es cosa menor en este tiempo. Hasta se dieron el lujo de cantar a capela uno por uno, cada uno con un tema, con recitado incluido en la Apología de la Chacarera, de Julio Argentino Gerez: “Que tiene la chacarera, que tiene que hace alegrar. Es tristeza, es alegría, es una danza, es canción; ella es alma de una región que evoca la raza mía, es una rara melodía nacida del corazón”. Con ese fragmento alcanzó para que la gente, 20.000 personas de pie, pidiera que Los Manseros Santiagueños no se fueran esa noche. Y como saben de generosidad en los escenarios, siguieron y siguieron sin límites. Esa misma gente que se multiplica por miles es la que también lleva el folclore en la sangre. Pasaron Los Manseros, vino Canto 4, siguieron Carabajales que dieron un show impresionante y el infaltable Sergio Gallegillo y los amigos, que llenó de chaya el festival cuando el sol acariciaba las montañas que rodean el pueblo. Un placer de principio a fin, con la música en la sangre.
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