El petróleo se dispara más de 50% por la guerra y los países aplican medidas para frenar el impacto

En Argentina, YPF postergó por 45 días el incremento de impuestos a los combustibles para contener los aumentos en los surtidores.

Redacción

Por Redacción

El precio internacional del petróleo se disparó más de un 50% desde el inicio del conflicto en Medio Oriente y ya ronda los 110 dólares por barril, generando una fuerte presión sobre los combustibles en todo el mundo. Frente a este escenario, gobiernos de distintos países comenzaron a desplegar medidas de emergencia para amortiguar el impacto en la economía y evitar una escalada inflacionaria.

Desde fines de febrero, el barril de crudo pasó de cotizar cerca de 72 dólares a ubicarse en torno a los 110, impulsado principalmente por las tensiones en la región y el cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula una parte clave del suministro energético global.

En la Argentina, el Gobierno avanzó en los últimos días con una serie de medidas para contener los aumentos en los surtidores. Entre ellas, se destacan la postergación del incremento de impuestos a los combustibles, el desacople temporal del precio internacional del Brent y la ampliación de los límites de mezcla con biocombustibles.

A esto se sumó la decisión de YPF de implementar un esquema excepcional para estabilizar los precios de la nafta y el gasoil durante 45 días, mediante un “buffer” que busca moderar las subas. Otras compañías como Shell y Axion se alinearon con esta estrategia. Aun así, los combustibles acumulan un aumento promedio del 25% en el último mes, con precios que superan los $2000 por litro en varias regiones del país.

A nivel global, las respuestas fueron diversas y abarcan desde subsidios y rebajas impositivas hasta controles directos sobre los precios.

En Estados Unidos, el presidente Donald Trump decidió flexibilizar restricciones al comercio de petróleo ruso y a buques vinculados a Irán, en un intento por aliviar la oferta global.

En Asia, varios países activaron planes de emergencia. Filipinas declaró la crisis energética, Corea del Sur limitó la compra de combustible y promovió el ahorro, mientras que Tailandia y Vietnam impulsaron el trabajo remoto para reducir el consumo. Pakistán, en tanto, restringió horarios de actividad económica.

Japón, altamente dependiente del suministro que pasa por Ormuz, comenzó a liberar reservas estratégicas y a intervenir para limitar los precios minoristas. China, por su parte, optó por suspender temporalmente la exportación de combustibles refinados para priorizar su mercado interno.

En Europa, países como Alemania y Austria establecieron límites a la frecuencia con la que las petroleras pueden aumentar precios. España redujo el IVA de los combustibles del 21% al 10% y congeló tarifas energéticas, mientras que Italia prorrogó rebajas y destinó la recaudación extra a subsidios para consumidores.

En América Latina también se multiplican las medidas. México acordó con estaciones de servicio topes al precio de la nafta. En Brasil, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva suspendió impuestos al gasoil hasta 2026 y lanzó subsidios al sector. Chile, en tanto, avanzó con el congelamiento del kerosene, restricciones crediticias y tarifas reguladas en el transporte público.

El denominador común es claro: ante el encarecimiento del crudo y la incertidumbre internacional, los gobiernos buscan contener el impacto directo en el costo de vida y evitar que el shock energético se traduzca en una nueva crisis económica.


El precio internacional del petróleo se disparó más de un 50% desde el inicio del conflicto en Medio Oriente y ya ronda los 110 dólares por barril, generando una fuerte presión sobre los combustibles en todo el mundo. Frente a este escenario, gobiernos de distintos países comenzaron a desplegar medidas de emergencia para amortiguar el impacto en la economía y evitar una escalada inflacionaria.

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