Entre el mito y el delito, los «corridos narcos»

Las canciones revelan la fuerza de la droga en la frontera mexicana. Muchos los defienden como la expresión de una realidad social. Pero otros los ven como apología del delito y quieren penarlos.

«Por ambición al dinero / me metí en el contrabando / no soporté la pobreza / las promesas me cansaron / me estaba muriendo de hambre / y todo por ser honrado / Al igual que muchos otros / tengo derecho a la vida / hoy tengo mucho dinero / y vivo como quería / sigo siendo agricultor / no más cambié la semilla».

«El agricultor»- Los Pumas del Norte.

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Cada vez son más los mexicanos que bailan pegaditos a ritmo de polka las historias de los narcotraficantes volcadas en canciones de balazos, fugas y traiciones, producto estrella de las bandas de música norteña.

Para los críticos, las letras de los llamados narcocorridos hacen apología del delito, pero fans e investigadores afirman que no son más que noticias musicalizadas, un espejo de lo que sucede alrededor, con la complicidad de policías y funcionarios.

Varias voces se han levantado en los últimos meses contra la música de los modernos juglares norteños de guitarra, tambor y sintetizador, mientras los canciones, al principio circunscritas a los estados del norte, ganan adeptos en el centro y el sur del país.

Los corridos, que como género musical tuvieron su apogeo en la Revolución Mexicana (1910-17) con canciones como «La Adelita», empezaron a ocuparse de las hazañas e infortunios de los narcotraficantes hace unas tres décadas.

En la actualidad forman parte del repertorio de grupos como Los Tigres del Norte, el Grupo Exterminador o los Los Tucanes de Tijuana, con un crecimiento proporcional a la proliferación del tráfico de drogas.

En Sinaloa, tierra caliente del «negocio» y escenario de unos 500 asesinatos anuales, la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión acordó en febrero, a sugerencia del gobierno local, eliminarlos de todas las emisiones.

A nivel federal, la senadora Yolanda González propuso a sus colegas solicitar al Poder Ejecutivo ocuparse de este tema, porque los narcocorridos «cumplen indirectamente la función de hacer de esta actividad un anhelo» e «inciden negativamente en la formación de la infancia y de la juventud, pervirtiéndola».

Sin embargo, según el investigador Luis Astorga, autor del libro «Mitología del narcotraficante en México», en términos prácticos las iniciativas para censurarlos no tienen más efecto que una condena moral.

«A los políticos eso les gana espacio en los medios. Actúan en el nivel simbólico y en lo inmediato quedan bien. Si fueran más lejos y presentaran una iniciativa de ley se tendrían que meter con los pequeños estudios, las grandes compañías discográficas y toda la cadena de distribución», dijo a la Agencia Alemana de Prensa (dpa).

Este tipo de corridos, añadió, son como las bulas papales. «No convierten sino a los convertidos». «Si las canciones infantiles de Cri-Cri convierten a los que las escuchan en ángeles, tendríamos que ponerles a todos canciones de Cri-Cri».

Los narcocorridos, cantados con música de mariachis o grandes tambores, han cruzado ya la frontera con Estados Unidos y existen también en países como Colombia, a donde habrían sido introducidos por narcotraficantes que los conocieron en México.

Hay quienes dicen que los propios capos de la droga pagan para que les compongan canciones, pero -según Astorga- «lo cierto es que estos casos son los menos. Los más son corridos espontáneos que versifican historias al alcance de una gran parte de la gente».

Algunas bandas graban en estudios chicos, pero otras trabajan con compañías como Sony Music o Fonovisa. Por línea general las letras utilizan «claves» para referirse a la droga o al narcotráfico, como «contrabando», «negocio», «carga blanca» o «de la fina».

«Voy viendo que alguien nos sigue / ya sabes lo que hay que hacer / saca pues tu metralleta / y hazlos desaparecer», cantan Los Tigres del Norte en «La camioneta gris».

Según la senadora González, los narcocorridos podrían ser considerados una conducta delictiva dentro del capítulo cuarto del Código Penal, que sanciona la apología del tráfico de drogas.

Pero grupos como Los Tigres del Norte, que no sólo se dedican a este tipo de música, sino que también cantan corridos sobre el amor u otros temas sociales, rechazan las críticas con vehemencia.

«Sólo tocamos la música que la gente quiere escuchar y si componemos o interpretamos corridos que hacen mención a las drogas o a secuelas del narco, es porque esa es nuestra realidad», afirmó Jorge Hernández, integrante de la banda norteña.

Prohibirlos sería inútil, sostuvo. «El verdadero éxito radica en la promoción que el mismo público les da de boca en boca, como lo hacían los juglares en alguna época de la historia». (DPA)

Traficantes de EE.UU. exportan éxtasis para comprar la cocaína

WASHINGTON (dpa) – En el camino inverso al que sigue la cocaína desde Bolivia, Perú y Colombia, el éxtasis circula desde Estados Unidos hacia América Latina en cantidades cada vez mayores. Si en la barra de un bar o una discoteca de Buenos Aires, Sao Paulo, Caracas, Bogotá o Ciudad de México se observa a un cliente consumir únicamente agua, el parroquiano está »rolling», como se conoce popularmente a los que están en el apogeo del consumo del éxtasis.

El detalle del agua tiene su explicación, si la droga se mezcla con alcohol se anula su efecto.

Una mafia cada vez más organizada exporta la »droga de moda», generalmente desde Miami, hacia los países latinoamericanos, dentro de la amplia variedad de rutas del narcotráfico, según un informe de las autoridades de la »Drug Enforcement Agency» (DEA).

En sólo seis meses, la DEA, Aduanas y la policía de Florida han confiscado en Miami más de tres millones de unidades de éxtasis, equivalentes a la tercera parte de lo que se decomisó en todo Estados Unidos en 2000.

Es la droga »ideal» para traficantes y consumidores. Para los primeros por los bajísimos costos de fabricación (50 centavos) y grandes ganancias (entre 20 y 35 dólares la pastilla para la venta) y, para los segundos, por su fácil acceso y precio en comparación a otras drogas.

Las agencias federales antidroga han aumentado su atención a este problema en crecimiento, según los datos de la DEA, porque ante la proximidad del verano (boreal) se calcula que habrá una auténtica explosión del consumo y demanda entre la juventud en los bares y discotecas.

El éxtasis se ha popularizado rápidamente en los últimos años entre la juventud estadounidense y ya se proyecta hacia América Latina. Produce sensaciones de euforia y se dice que sensibiliza los sentidos para disfrutar mejor la música, quita el hambre y el sueño.

Ante el crecimiento de la demanda y los frecuentes casos de emergencia en los hospitales por los efectos de la popular droga, el Congreso de Estados Unidos amplió la energía de las sanciones contra los traficantes y propietarios de locales de diversión que amparan el negocio ilícito.

El diario »The Miami Herald» informó que entre julio y diciembre del 2000, en el estado de Florida se registraron 59 muertes por esas drogas y son cada vez más frecuentes las atenciones de emergencia por sobredosis.

La DEA advierte que los adictos al éxtasis pasan con facilidad al consumo de drogas fuertemente adictivas como la cocaína, la heroína y el LSD.

Las amplias ganancias que genera el comercio de esa droga de moda a inducido a los traficantes a mejorar sus métodos de contrabando desde Europa hacia Estados Unidos.

Empieza a abandonarse el empleo de simples correos que transportaban limitadas cantidades, para sustituirlos por embarques de magnitud en aviones y otros transportes.

En el Aeropuerto Internacional de Miami, donde el Departamento de Aduanas ha decomisado el 54 por ciento del éxtasis que ha entrado a Estados Unidos, 1.4 millones de tabletas han sido confiscadas desde octubre pasado.

Por esa ruta se ha observado desde marzo pasado un crecimiento en 400 por ciento del número de confiscaciones, mientras que el volumen de droga incautada desde ese mismo mes creció en 224 por ciento.

Las fuertes ganancias y su facilidad de fabricación a partir de elementos químicos sintéticos, alientan a la mafia a la expansión de su mercado hacia Latinoamérica, indican las autoridades de la DEA en Washington.(DPA)


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