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Jorge Carrión: “¿Qué no pueden hacer los algoritmos? Divertirse”

El escritor y académico español Jorge Carrión estuvo en el país para presentar “Los campos electromagnéticos”, el primer ensayo escrito “a cuatro manos” con inteligencia artificial en español.

El reconocido escritor y académico español Jorge Carrión presentó hace unos días, en Buenos Aires, su último libro “Los campos electromagnéticos”, el primer ensayo experimental escrito por seres humanos e inteligencia artificial en español, que desafía los límites del alcance de los algoritmos y propone una novedosa dinámica en donde demuestra que el chat GPT ya es (y seguirá siendo) un protagonista en el campo literario y en la industria cultural que obliga a redefinir nociones como las de creación o plagio.

“Un algoritmo no es capaz de hacer una conexión argumental entre dos fenómenos que parecen tener relación. Lo humano está ahí, en experimentar y ensayar conexiones que no son evidentes. Y eso nos obliga a repensar prácticas como trabajo escolar, plagio, examen. Cualquier tipo de práctica que estaba bien hasta hace tres meses para evaluar el nivel académico, de conocimiento o laboral de alguien, ya no tiene sentido”, apunta en entrevista con Télam el escritor español, quien esta semana se expidió sobre el tema en charla con la artista Jazmín Adler que tuvo lugar en el Malba.

Hacia el final de esta entrevista, Jorge Carrión se definirá a sí mismo como un escritor que siempre ensaya narrativas en distintos lenguajes. La cucarda que le gusta mostrar es la de ser un intelectual de carácter anfibio: la de nunca haberse detenido en un género determinado. Una suerte de reivindicación de la libertad propia.

El autor es escritor, periodista y director del Máster en Creación Literaria de la UPF-BSM de Barcelona. Colabora con varios medios como La Vanguardia y The Washington Post, es autor de múltiples libros y también guionista de podcast y de cómic. Su experimentación lo llevó a trazar un recorrido cuyo botín arroja “Todos los museos son novelas de ciencia ficción”, un libro que es una vivencia paranormal que puede leerse también como un catálogo de exposición. También es fundamental “Membrana”, una historia que transcurre en el 2100 escrita por Carrión simulando ser inteligencia artificial.

“Los campos electromagnéticos” (Caja Negra) es ahora el brote final de un proceso inevitable del autor, un volumen que es un registro de la potencia y los límites de la escritura algorítmica en 2023 y un ensayo en el doble sentido de la palabra: un ejercicio de pensamiento especulativo y un experimento abierto en forma de libro.

En el nuevo texto escriben Jorge Carrión y Jorge Carrión Espejo, un chat GPT-2 creado por el autor y los ingenieros y artistas de Taller Estampa con tres tipos de data set. En este proceso, el refinamiento, la última etapa de la elaboración, se realizó con los libros previos del autor para que el algoritmo escriba como él.

El resultado es un experimento absolutamente lúdico, un texto de escritura especulativa, por momentos surreales, hipnóticos e inquietantes a la vez. Un ensayo donde el ser humano y la tecnología pretenden igualarse, jugar el mismo juego en un plano horizontal: la escritura colaborativa en el sentido más amplio y honesto posible.

P: El libro es una suerte de ensayo, un experimento, y está planteado además como un ejercicio de escritura colaborativa. ¿Qué aportes trae esto al ecosistema literario de hoy?

Jorge Carrión: Yo hice una tesis doctoral y la publiqué como libro académico. Es el libro que menos gente ha leído de todos los que he publicado y fue el libro que menos me estimuló. Entonces decidí no volver a publicar ningún libro académico. No he vuelto a escribir nada académico porque me parece un género muy rígido, poco estimulante y que intuyo muy pronto van a poder escribir los algoritmos. Diría que el ensayo académico, los best seller, la poesía de Instagram y la autoayuda son los géneros que antes van a poder escribir los algoritmos como los humanos. El primer conflicto humano-no humano a nivel literario va a ser entre estos géneros y la producción textual algorítmica. Lo que no hay en esos géneros es experimentación. Hay repetición de fórmulas, con variantes mínimas. Ese tipo de lenguaje y remezcla las máquinas lo van a hacer muy bien.

De modo que “En los campos electromagnéticos” lo que me propongo es crear un cortocircuito entre dos conceptos que en teoría no tienen nada que ver, cuya relación es poética. Y ahí es donde hay futuro. Hoy hay en el Barcelona FC una crisis enorme en relación a que quizás hayan comprado árbitros. Escribí un artículo sobre el tema hace muy poquito y creo que la primera parte del artículo la podría haber escrito un algoritmo. Pero de pronto, hay un giro en el artículo hacia un punto en el que desarrollo la idea de que hay una crisis enorme en el fútbol, porque un partido dura 90 minutos y nuestra atención no puede estar más de unos segundos concentrada en algo. Un algoritmo no es capaz de hacer una conexión argumental entre dos fenómenos que parecen tener relación. Lo humano está ahí, en experimentar y ensayar conexiones que no son evidentes. Y eso nos obliga a repensar prácticas como trabajo escolar, plagio, examen. Cualquier tipo de práctica que estaba bien hasta hace tres meses para evaluar el nivel académico, de conocimiento o laboral de alguien y que automáticamente como el algoritmo lo hace mejor, ya no tiene sentido.

P: En el libro hay un diálogo literario con la obra “Los campos magnéticos” de André Breton y Philippe Soupault, conocida por ser el primer trabajo de literatura surrealista. ¿Cómo pensás vos la relación de las obras literarias del pasado, del presente y del futuro?

J.C: Los campos electromagnéticos, que es la segunda parte del libro hecho por un GPT3, es un remake libre de “Los campos magnéticos” hecho por un algoritmo. Eso me interesa como práctica del arte contemporáneo: del cine, la música o la literatura. Hay ejemplos fascinantes como el de Pablo Katchadjian con “El Aleph engordado”; en España el caso de Agustín Fernández Mayo con “El Hacedor de Borges remake”. Después efectivamente hay una relectura, y una voluntad de reactualizar “Los campos magnéticos” de André Breton y Phillipe Soupault, y eso es propio de la literatura. La literatura siempre dialoga, actualiza, reescribe textos anteriores. Lo que ocurre con el GPT3 y GPT4 es que los puedes entrenar con textos literarios, pero en verdad no distinguen entre textos literarios y no literarios. De modo que pone en crisis lo que se ha entendido por mímesis literaria desde siempre. No distingue entre la calidad de las palabras, y eso genera otro tipo de relación con el lenguaje que no existía hasta ahora.

P: ¿Es posible aventurar que un algoritmo pueda hacer esa distinción más adelante?

J.C: Sin duda. Ahora a la fase final de generación de lenguaje artificial se le llama refinamiento. El GPT2 de Jorge Carrión Espejo está refinado con mis libros, entonces escribe un poco como yo. Porque es más importante lo que refina que lo que nutre la base. Seguramente lo que va a ocurrir con el GPT4, 5, 6 o 7 es que haya refinamientos de carácter estilístico. Y puedas refinar con ambición literaria, con tono poético.

P: ¿Los algoritmos van a poder reemplazar el trabajo de los seres humanos que se dedican a la escritura?

J.C: Eso ha pasado siempre. Una nueva tecnología ha puesto en jaque algunas profesiones, ha eliminado otras profesiones y ha creado nuevas profesiones. Igual, para mí el espíritu de esta época es la convivencia. Ahora, en 2023, apareció un nuevo trabajo que es de experto en escribir con algoritmos. Hay que saber programación y hay que saber escribir, y lo que haces es diseñar formas de personalizar los algoritmos para que escriban el tipo de texto que necesita tu empresa. Los algoritmos no tienen mirada, no tienen concepto, no tienen línea editorial, ni contacto con el mundo real a nivel sensorial. Esas son ventajas que las personas debemos utilizar y convertir en nuestro patrimonio y nuestro valor.

P: En la conversación en Malba se habló de la “liberación” de la escritura, de salirse de los formatos establecidos. Pensaba en el carácter lúdico de esto. ¿Cuánto hay de juego y goce en este libro?

J.C: Mucho. ¿Qué no pueden hacer los algoritmos? Divertirse. ¿Qué no tienen? Humor, ironía. Yo me la he pasado muy bien con Taller Estampa, fue muy divertido, lúdico. La escritura tuvo una parte de fiesta y de ritual que es ajena a la máquina y que me interesa mucho. Hubo momentos en que ante una respuesta de la máquina he contestado: bah, ¡qué cabrón! (risas). Hasta emocionarme porque ha salido una frase o una metáfora que no me la esperaba y era muy buena. Había mucha emoción en el trabajo. Y cuando escogimos el surrealismo evidentemente fue para trabajar la subversión, el carnaval y la fiesta.

P: ¿Es posible una relación horizontal entre nosotros y la tecnología, una dinámica más justa en donde no haya dominación de unos sobre otros?

J.C: Yo creo que sí porque lo contrario es la distopía. O distopía de lo humano que domina a lo que considera que no es digno, y eso nos lleva a la esclavitud, a que las mujeres no voten…. O lo contrario, que es lo que pasa hoy, el control de los algoritmos sobre los mercados bursátiles, el dominio de la economía. Hay que intentar pensar en eso, en los pequeños gestos: darnos cuenta que en la vida los dispositivos son muy importantes, que lo artificial está en lo natural y viceversa. Sacarle dramatismo: somos aliados, somos compuestos híbridos. No hay nada extraordinario en eso. Y después pensar que trabajamos en colaboración con otros humanos, vivos y muertos, y con las máquinas. Estamos colaborando entre todos.


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