Ola de calor y heladera: qué alimentos se arruinan primero y cómo protegerlos cuando hay más de 35°

Con el aumento del calor, la temperatura interna de la heladera puede verse afectada y acelerar el deterioro de los alimentos si no se toman ciertas precauciones.

En el verano no solo sube la temperatura, sino que además crece el riesgo de que lo que guardamos en la heladera se estropee antes de tiempo. El frío del refrigerador depende del ambiente, y cuando éste se pone al límite, el aparato requiere más tiempo de trabajo para mantener los alimentos seguros. Además, cualquier imprevisto —como abrir con frecuencia la puerta, problemas de ventilación o cortes de electricidad— puede elevar la temperatura interna y acelerar el deterioro de los alimentos.

Incluso un corte de luz de una o dos horas puede llevar la heladera a niveles de temperatura peligrosos, por lo que es importante ser cuidadoso con pequeños detalles, como no abrir innecesariamente la puerta, asegurar una ventilación adecuada alrededor del refrigerador y, si se puede, colocar botellas con agua congelada en la parte superior para ayudar a mantener la temperatura.

Alimentos más vulnerables


Aunque la heladera esté funcionando, hay productos que se estropean más rápido cuando el calor aprieta. Esta guía explica cuáles son y qué señales delatan su deterioro:

Lácteos:
Son altamente sensibles a cambios de temperatura, y pueden echarse a perder si la heladera supera los 7 °C. Esto incluye leche, yogures, crema y quesos blandos como ricotta, mozzarella o cremoso. Las señales de mala conservación son olor agrio, separación de fases, envase hinchado o sabor desagradable.

Carnes crudas:
Necesitan estar por debajo de 4 °C para conservarse bien. Esto abarca carnes vacuna, pollo y cerdo, y especialmente pescados y mariscos, que son los más delicados de todos. La presencia de un olor fuerte, una textura viscosa o pegajosa y el cambio de color indican que ya no están en buen estado.

Platos cocidos y sobras:
Cuando la heladera no está lo suficientemente fría, las bacterias se reactivan. Los guisos, pastas cocidas y el arroz —que puede alojar bacterias como Bacillus cereus— se estropean más rápido. También las salsas y el pollo cocido pueden dar signos de fermentación leve, burbujeo o mal olor.

Huevos y mayonesa casera:
Si no se mantiene la cadena de frío (temperaturas por debajo de 7 °C), los huevos pueden volverse inseguros, y la mayonesa casera supone un riesgo aún mayor por su base emulsionada.

Embutidos y fiambres:
Productos como jamón, mortadela o queso en fetas suelen resistir mejor que otros, pero aun así pueden deteriorarse y presentar bordes secos, olor ácido o coloración gris si no se mantienen bien fríos.

Verduras de hoja:
Aunque no suelen volverse peligrosas, hojas verdes como lechuga, espinaca, rúcula o acelga se deterioran rápidamente cuando la temperatura interna sube, volviéndose “babosas”, con manchas oscuras y mal olor.

Recomendaciones para conservar mejor


Para minimizar el desperdicio y proteger la salud, es clave mantener la heladera funcionando correctamente y seguir estas recomendaciones en días de calor intenso:

  1. Controlá la temperatura: Asegurate de que esté en torno a los 4 °C o menos, y que el freezer marque −18 °C o menos.
  2. No dejar perecederos a temperatura ambiente: Cuando hace mucho calor, el tiempo seguro fuera de la heladera se reduce, a menudo a menos de dos horas.
  3. Usá envases herméticos: Esto ayuda a mantener la calidad y reduce la contaminación cruzada.
  4. Consumí rápido: Las sobras y productos frescos deben usarse cuanto antes, ya que su vida útil se acorta con el calor.

Además, hay consejos prácticos para el uso de la heladera: no colocar alimentos calientes directamente, abrir la puerta lo menos posible, limpiar el aparato regularmente y ubicarlo lejos de fuentes de calor para favorecer su funcionamiento eficiente.


En el verano no solo sube la temperatura, sino que además crece el riesgo de que lo que guardamos en la heladera se estropee antes de tiempo. El frío del refrigerador depende del ambiente, y cuando éste se pone al límite, el aparato requiere más tiempo de trabajo para mantener los alimentos seguros. Además, cualquier imprevisto —como abrir con frecuencia la puerta, problemas de ventilación o cortes de electricidad— puede elevar la temperatura interna y acelerar el deterioro de los alimentos.

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