¿Estuvo en la mira?
Que la dictadura militar no dudaba en asesinar todo atisbo de oposición, no merece ser probado. Simplemente fue así. Así como asesinó a los obispos Angelelli y Ponce de León, a dos sacerdotes de la Diócesis de Catamarca que lideraba el primero y torturaran hasta el extermino a cinco palotinos en pleno Barrio de Belgrano, en la Capital Federal, ¿estuvo Miguel en la mira de la dictadura? Veamos. En agosto del 76, a semanas del asesinato de monseñor Angelelli, en el Obispado de Viedma, Hesayne recibió por correo una amenaza de la cual se muestra una copia. Lo demás, en cuanto a eventuales planes de matar a Hesayne, son conjeturas. Atar cabos que vinculan situaciones, palabras provenientes de los pliegues y repliegues del poder militar. De ese tramado puede rescatarse un hecho que quedó en el arcón de la historia en términos de tema pendiente de investigar. Y este diario hizo alusión al mismo años atrás en el marco de publicaciones referidas a aquel tiempo de desprecio por la vida. A fines de octubre, o quizá avanzado noviembre del 76, llegó a Viedma un grupo de tres civiles furiosamente antiperonistas y antitodo. Todos siempre armados. Uno de ellos empecinado en lucir la mastodónica Colt 45. Aparentemente venían a ocupar cargos en el gobierno de facto de la provincia, liderado por el contraalmirante Aldo Bachmann. Un hombre sereno que no alentó caza de brujas y al que Río Negro debe realizaciones como el Invap. Hoy tiene más de 90 años. Los tres civiles peregrinaban por Casa de Gobierno a diario. Asistían a la misa diaria y dominical que oficiaba monseñor Hesayne. Incluso, alguno de ellos libreta en mano sacaba apuntes de lo dicho por el obispo. Uno de esos hombres tenía doble apellido. El primero era López. El restante se pierde en la neblina de los tiempos. Elegante. Cabello muy canoso. Ojos fríos, grises. Edad: más de 50 años. Y estilo aristocrático que perdía todo su equilibrio cuando hablaba de la guerrilla, los “curas comunistas”, claro está, los peronistas. En ese trance su rostro se encendía. Sólo rabia y odio. En aquellos pliegues y repliegues del poder se solía señalar que había sido comando civil en el 55. Y de su pertenencia al Servicio de Inteligencia del Ejército durante la Libertadora. Y siempre en tren de información proveniente de aquel espacio, se sostenía que había jugado un rol importante en la organización de la exposición en la Joyería Ricciardi –plaza San Martín– de las joyas de Eva Perón tras el movimiento que derrocó a Perón. Los dos compañeros que acompañaban a este “López” eran las piezas rústicas. –Estos tipos andan todo el día tras Hesayne, preguntan y preguntan por Hesayne… Nos tienen pelotudos… al almirante Bachmann no le gustan. No quiere problemas –comentó ya avanzado noviembre de aquel 76 una fuente oficial casi como al descuido. Días después, el trío desapareció. Con el correr de los días, desde el gobierno se deslizó: –Los sacamos de juego, afuera… Por supuesto que desde lo operativo asesinar a monseñor Hesayne no requería mayor dificultad para una estructura de poder impune como la dictadura. Como no lo requirió matar a miles de argentinos. Y por supuesto que aquel trío mostraba tanto interés en monseñor Hesayne que esto bien podría volverse contradictorio con el sigilo en el manejo de aquella eventual operación. Pero aquel trío siempre quedó en la memoria de quienes en Viedma vivieron intensamente aquel tiempo de desprecio por la vida.