Faltó la puntada final

Vélez jugó mejor que Peñarol, pero lo perdió en una pelota parada.

Vélez jugó durante buena parte del cotejo como en su cancha, pero así y todo se volvió con las manos vacías de un estadio Centenario de Montevideo que terminó en una fiesta, porque la ida de las semifinales de la Libertadores quedó para un Peñarol (1-0) que lució poco. El equipo de Ricardo Gareca no mereció quedar desventaja. Primero, porque contó con varias situaciones de peligro como para abrir el marcador y segundo, porque se plantó en el césped uruguayo con la autoridad de los conjuntos que quieren marcar una forma de jugar. Es cierto que en los primeros minutos del cotejos los uruguayos jugaron en campo rival, pero con el correr del reloj el fútbol de Vélez se impuso por jerarquía, movilidad y prestancia. El Fortín hizo de la posesión del balón su valor más preciado y eso enloqueció por momentos a un Peñarol que igual, contó con algunas situaciones claras. La primera fue justamente para el local, con un disparo sobre los 6 de Matías Mier que sacó del ángulo, de manera magistral, Marcelo Barovero. Pero Vélez se acomodó en la cancha, el Chapa Zapata comenzó a marcar el compás, Ricky Álvarez se transformó en una pesadilla por la banda izquierda y las triangulaciones de la visita le dieron belleza y efectividad a la noche. Fue así que en un puñado de minutos el conjunto argentino tuvo tres clarísimas: a los 15, Santiago Silva quedó solo adentro del área y la tiró a las nubes; a los 18 tocaron y tocaron Papa y Ricky Álvarez y el disparo del Burrito Martínez demostró lo buen arquero que es Sebastián Sosa; y dos minutos más tarde, fue el lateral quien remató desviado. Peñarol parecía visitante y sus miles de hinchas se habían callado, hasta que a los 26 explotó el estadio con un zurdazo de Martinuccio que dio en el palo. El partido, a esa altura, tenía de todo y era un manjar para los ojos futboleros. Era más Vélez, pero el gol lo encontró Peñarol en la última jugada de la primera parte, cuando un corner bien ejecutado por Mier encontró la cabeza goleadora del interminable Darío Rodríguez. A pesar del golpe, Vélez no perdió su esencia en el complemento. Fue protagonista, manejó el balón siempre y fueron suyas las escasas situaciones. Es cierto, no fueron tan claras como en el PT, pero la respuesta a ello está en la actitud de Peñarol. El equipo uruguayo, más que conforme con el 1-0, se plantó 20 metros más atrás y se dedicó a defender el resultado. Entonces, con el correr de los minutos, el equipo de Gareca cayó en el desconcierto al no poder encontrar profundidad. Peligroso planteo el de Diego Aguirre ante un Vélez que si está lúcido, te liquida. Pero el Carbonero se defendió bien, resignó cualquier tipo de ataque y se llevó un resultado de ida que fue demasiado por lo visto en la cancha. A Vélez le anularon un gol por mano a Martínez y sobre los 29 el mismo Burrito armó un jugadón que no terminó en el empate porque Silva cabeceó horrible. De un momento a otro, el Tigre Gareca sacó a dos de sus mejores armas -Martínez y Silva- y prefirió guardarlos para la vuelta, que será en un José Amalfitani repleto. Una serie que está abierta y es emocionante.

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