Antes de la miel, las abejas

Este alimento único y extraordinario tiene muchos eslabones que lo producen. Nuestra tarea como humanidad es cuidarlos.

Por Victoria Rodríguez Rey (@victoriarodriguezrey)

“A mí me gusta trabajar así que, algo va a salir y si no me traeré mis colmenas que están en el campo”. A Salvador Sangregorio le dio siempre tanta confianza sus ganas de trabajar como sus abejas. Quizá de ellas aprendió a amar el territorio, el trabajo colectivo y la organización. Este año cumple cuarenta años vinculado a la actividad apícola. Mientras estudiaba agronomía en Buenos Aires tenía un par de colmenas en una terraza y se enamoró de todos sus movimientos. Se fue a trabajar a la cordillera con las comunidades mapuches, luego estuvo como jefe de la agencia local de Producción Agropecuaria en Las Lajas. De coordinador provincial del Programa Social Agropecuario, lo convocan del INTA. Y allí está, vinculado a los temas de desarrollo rural con el corazón siempre en la apicultura.


Las fundamentales: las abejas



Como humanidad hemos incorporado la miel como producto alimenticio y medicinal desde hace miles de años. Hay registros en pinturas rupestres, también en tumbas del Antiguo Egipto. Sin embargo, antes de la miel están las abejas, piezas fundamentales para la reproducción de la vida, para el equilibrio del ecosistema. “Si se nos acerca una abeja nos ponemos nerviosos, nos escondemos o alejamos, eso es porque sólo pensamos en los aguijones, en las posibles picaduras, en el peligro. Nos han instruido de esa manera y no tenemos en cuenta que las abejas no son agresivas, lo que tienen es un comportamiento defensivo. Solo si se sienten agredidas van a tratar de defenderse, pero la gente las mata y eso sí que es grave como lo es cualquier muerte absurda. Pero también tenemos motivos para tener que cuidarlas, disfrutarlas y ver cómo van y vienen de la flor a la colmena y así vamos a ver para qué”, explica Sangregorio que supo entenderlas desde hace mucho tiempo.

Abejas, piezas fundamentales para la reproducción de la vida.


Las abejas son mucho más importantes de lo que imaginamos para el planeta, por lo tanto, para el ser humano. Si bien es más significativo asociar a la abeja con la miel, perdemos de vista un montón de otros productos que nos provee y que ellas fabrican. Salvador manifiesta que las abejas “son importante para el planeta dado que con su ir y venir van visitando las flores y de las flores sacan el néctar y el polen para alimentarse ellas y sus crías. En realidad lo que están haciendo es juntar reservas para el invierno, donde no pueden salir por las condiciones climáticas, en su colmena y consumen lo que han acumulado durante la primavera y el verano. Entonces van a visitar las flores, van a obtener el néctar, ese néctar lo van a mezclar con un montón de sustancias propias, de enzimas, de minerales, etc, lo van a deshidratar y van a formar lo que conocemos como miel.


Pero ¿qué es la miel?



La miel es ese producto dulce que elaboran las abejas obreras que salen al campo, a partir del néctar de las flores y de otras partes vivas de los vegetales, ellas lo van a juntar, lo van a transformar, lo combinarán con sustancias específicas y lo van a almacenar en los panales donde va a ir madurando hasta que se forma la miel. “La miel, es mucho más que eso. Desde los tiempos más remotos de la humanidad había una estrecha relación. El ser humano ya conocía las cualidades alimenticias y energéticas que nos da la miel de abejas. Se calcula que las abejas están sobre el planeta hace unos 200 mil años. Lo vemos tanto en esas pinturas rupestres, que son de 10 mil años antes de cristo, o en algunas escrituras muy antiguas. Ahí confirmamos que la miel siempre estuvo presente, tanto como medicina, como un alimento extraordinario”.

Una cucharada de miel contiene una cantidad interesante de vitaminas, proteínas, aminoácidos, sales minerales, ácidos orgánicos, enzimas, dentro de las cuales hay una de ellas con un alto poder bacteriostático que impide el crecimiento de bacterias. Es decir, estamos frente a un alimento con una categoría muy superior.

Está comprobado que 1 kilo de mil es menos calórica que el azúcar común.


De la infinidad de propiedades, Salvador Sangregorio comparte que “la miel tiene muchas características deseables para una alimentación saludable. Comparativamente con otros alimentos 1 kilo de miel tiene 3395 calorías mientras que un kilo de azúcar común de sacarosa tiene 4130, es un poco menos calórica que el azúcar común. De todos modos no hay que abusarse y consumir la dosis justa para cada requerimiento. Es importante recalcar que la miel se ha empleado como alimento para la salud, consumiéndola para problemas internos, como aplicándola exteriormente en heridas para aprovechar la infinidad de propiedades que tiene. Por ejemplo tiene su poder antiséptico, unido al poder emoliente, significa que ablanda, suaviza, desinflama, entonces es un excelente protector de la piel, tanto que se emplea para quemaduras, grietas y heridas”.


La importancia de las abejas en la vida del planeta



Las abejas salen de su colmena y van de flor en flor para aprovisionarse de alimentos, para ellas y sus crías y de esta manera polinizan muchas flores. La polinización es un proceso que va a permitir que de esas flores se formen y nazcan sus frutos. Si no estuvieran las abejas y otros muchos polinizadores, lo que sucedería sería una tragedia para el planeta porque no tendríamos muchos de los alimentos que necesitamos para la subsistencia. Es contundente Sangregorio cuando explica que “más del 70% de los cultivos dependen de la polinización para aumentar los rendimientos, es decir que casi las tres cuartas partes de los alimentos que consumimos van a depender de las abejas para llegar a nuestra mesa. Eso no es un servicio que da la naturaleza gratuitamente, sino que es un servicio que prestan los apicultores a través de las colmenas. Este trabajo necesita ser cuidado, jerarquizado y profesionalizado para que dé sus frutos. Las abejas aportan millones de dólares a la producción del mundo. Sin el aporte de las abejas caería la producción de forma significativa y nos enfrentaríamos a una verdadera tragedia”.

¿Qué beneficios tiene la región de la Patagonia norte para la vida de las abejas?

Para el desarrollo de la vida de las abejas esta parte de la Patagonia tiene condiciones agroecológicas más que interesantes. De hecho, se producen mieles de una calidad más que aceptable y variadas en cuanto en sus colores, con diversidad en aromas y sabores dadas las condiciones ambientales. “En cuanto a la producción de miel nuestra zona tiene gran potencial y contamos con áreas de gran aptitud para la producción y otras zonas que no son tan melíferas, pero que son interesantes para la producción de material vivo. Es decir, pensar en producir hilos de abejas para comercializar esas abejas para ampliar los apiarios de esta región o del resto del país. Tenemos en Patagonia una característica única, está certificado que es una región libre de africanización, quiere decir que no hay abejas africanizadas lo que es muy beneficioso para la producción”.


Desafío principal: mayor consciencia ambiental



Debemos hacer lo imposible para que mucha gente tome consciencia y proteja no solo a las abejas sino a todos los polinizadores. Informarse, estudiar, tomar consciencia y transmitir a los demás que de manera relativamente sencilla podemos cultivar en los jardines, algunas variedades de plantas autóctonas, que puedan florecer en diferentes épocas del año de manera que las abejas tengan una cadena de floración que les permita mejorar su nutrición, tanto en néctar como en polen.

“Tenemos en nuestros valles del norte de la Patagonia, casi un monocultivo de frutales que, es parte del modelo productivo que se diseñó hace tiempo pero que ahora nos damos cuenta que sería muchísimo mejor si vamos diversificando, es decir, tener otras alternativas productivas, otros modelos que produzcan otros cultivos y que como consecuencia también mejoren la cantidad y calidad de polinizadores que haya tanto insectos, como pájaros, etc.”.

Para los apicultores, el cuidado de colmenas, es sacrificado, pero reconfortante.


En relación a la manera de fomentar la producción Salvador Sangregorio sostiene que es importante educarnos como consumidores. “Culturalmente asociamos a la miel con el invierno y nos perdemos un alimento extraordinario. La Argentina es el primer exportador mundial de miel porque en realidad somos pésimos consumidores de miel. Eso hace que tengamos un saldo exportable muy importante y que lo aprovechen otros, porque vienen de otras partes del mundo y nos compran muy buena calidad y muy barata. Es importante también adquirir la miel a los apicultores de la zona, de confianza, sabiendo que esa miel no tenga ningún tipo de proceso, ni de refinamiento”.

Plantar más árboles, arbustos con flores, dejar algunas franjas con campo natural donde eso se convierta en refugios de polinizadores, diversificar el paisaje agrícola con más cultivos, desarrollar un ordenamiento territorial, controlar el avance de la zona urbana sobre la rural, reformular el modelo de explotación ambiental, son algunas de las acciones que están a nuestro alcance para mejorar y alentar la vida de las abejas en el planeta.

Hay que cuidar y proteger a las abejas, de lo contrario toda vida en el planeta se marchita y muere.


“Quizá estemos a tiempo, de hacer lo que esté a nuestro alcance y juntarnos con más gente que esté dispuesta a comprometerse para tener un ambiente más saludable. Sabemos ahora que las abejas son muy importantes en los ecosistemas. Sabemos que lo que hacen es fomentar la reproducción de las plantas en nuestro planeta y necesitamos de las abejas para que polinicen y para tener las frutas y verduras que consumimos a diario, sino éstas desaparecerían”.

“Tenemos unas 25.000 especies de plantas con flores, sino estarían las abejas esas platas irían desapareciendo de a poquito y con ellas la humanidad toda. Es urgente lograr cierta estabilidad ambiental, tener otros modelos productivos que ya están probados y que la ambición y la avaricia del humano no termine por destruir lo que nos queda de nuestra casa común que es el planeta tierra. Otro modelo de consumo, de convivencia es posible, somos muchos los que pensamos y estamos dispuestos a hacer algo en esa huella”, concluye Sangregorio.


Cuántas mieles hay, la relación entre las flores y las abejas



“Hay mieles cristalinas, hay mieles más amarillentas, hay otras de color ámbar, otras marrones y otras muy oscuras. Y ninguna de ellas tiene nada que envidiarles a las otras. La presencia de pigmentos va a determinar las diferentes coloraciones de la miel. Esto es en función a las diferentes floraciones que las abejas visitan. Entonces no es lo mismo la miel que las abejas puedan formar a partir del néctar de los frutales, que las que pueda visitar una alfalfa o la floración de la barda con la jarilla, el alpataco, el tamarisco. Las flores van a determinar un tipo de miel, característico de cada zona y de cada época”.

“La relación que hay entre abejas y flores no solo es muy estrecha sino beneficiosa para ambas. La planta se reproduce y las abejas obtiene alimento. Pero además ese beneficio con incumbe a nosotros, parte de nuestra vida va a depender de esa asociación de beneficio mutuo. El tema es que tenemos un desafío grande por delante porque tenemos que aprender a cuidar mejor a las abejas ya que en las últimas décadas ha habido en el planeta una merma importante de estos bichitos polinizadores a los cuales no estamos cuidando de la mejor manera”.


“Lo urbano se sigue comiendo el área rural, avanza la frontera de lo urbano sobre lo rural. La actividad petrolera también hace que queden pocos espacios aptos para cultivos. Hoy día los mejores terrenos con las mejores tierras, habiéndolos sistematizado, emparejado, forestado y regado, hoy todas esas superficies con condiciones para lo agropecuario se la están tapando de cemento. Entonces acá también los polinizadores sufren esas condiciones. Otra cuestión a la que se tienen que enfrentar, que es un desafío para la humanidad toda es el cambio climático. Las condiciones desfavorables que estamos teniendo en las últimas décadas hace que tengamos las primaveras demasiado frías o inestables con abruptos cambios de temperaturas y las plantas se desorientan sufren, los humanos y las abejas también se estresan, porque lo poco que habían acarreado se lo tienen que consumir los días que no pueden salir al campo. Como tienen que interrumpir la recolección de néctar y polen eso va a dañar el ciclo habitual de la colonia.”


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