Gobierno nacional, el gran gastador
“El tango –dice Juan José Llach en su libro– se baila de a dos y exactamente lo mismo ocurre con el federalismo argentino y sus desventuras. Si hay un poder central con vocación hegemónica exitosa es porque él se enfrenta a gobiernos subnacionales que en gran cantidad prefieren delegar responsabilidades, concretamente, dedicarse a gastar y que ‘otro’, la Nación, tenga que dar la cara recaudadora”. Reflexiona entonces Llach sobre el gasto consolidado, nacional, provincial y municipal en relación con el PBI. Tomando como referencia el lapso 1988-2012, lo define de “astronómico”. Veamos algunas de sus opiniones: • En el tiempo señalado, la proporción del gasto sobre el PBI ha crecido 16 puntos porcentuales desde 1998, para llegar al 46,92% en el 2012, un valor comparable a países como Alemania, Australia, Canadá o el Reino Unido, mayor que el promedio de los países desarrollados y 15 puntos más alto que el promedio de los emergentes. • De esos 16 puntos del PBI, la Nación se llevó la parte de león, ya que aumentó su gasto en un 10,6% del PBI entre 1998-2012, contra el 4,9% las provincias y un mísero 0,5% los municipios. Obsérvese que el grueso del aumento se dio en sólo cinco años, desde el 2007, con un salto de 12,7 puntos del PBI. • Los valores absolutos también impresionan y muestran que el gasto consolidado –incluye a Nación, las provincias, los municipios y las obras sociales– en el 2012 llegó a 1.128.000 millones de pesos o 247.700 millones de dólares (oficiales y corrientes), con un aumento de 210.000 millones de dólares respecto del 2003; de 19.900 a 139.200 millones en el caso de Nación; de 14.800 a 91.600 en las provincias y de 2.900 a 169.000 millones de pesos en los municipios. • La duda sobre la posibilidad de seguir sosteniendo este nivel de gasto surge del hecho de que se apoya en una recaudación de impuestos distorsivos que alcanza al 6,8 del PBI (o 8,79 si se incluye el impuesto inflacionario), que perjudica la competitividad, la inversión, la producción y el crecimiento futuro del país, que debería ser muy rápido para permitir el financiamiento necesario.
“El tango –dice Juan José Llach en su libro– se baila de a dos y exactamente lo mismo ocurre con el federalismo argentino y sus desventuras. Si hay un poder central con vocación hegemónica exitosa es porque él se enfrenta a gobiernos subnacionales que en gran cantidad prefieren delegar responsabilidades, concretamente, dedicarse a gastar y que ‘otro’, la Nación, tenga que dar la cara recaudadora”. Reflexiona entonces Llach sobre el gasto consolidado, nacional, provincial y municipal en relación con el PBI. Tomando como referencia el lapso 1988-2012, lo define de “astronómico”. Veamos algunas de sus opiniones: • En el tiempo señalado, la proporción del gasto sobre el PBI ha crecido 16 puntos porcentuales desde 1998, para llegar al 46,92% en el 2012, un valor comparable a países como Alemania, Australia, Canadá o el Reino Unido, mayor que el promedio de los países desarrollados y 15 puntos más alto que el promedio de los emergentes. • De esos 16 puntos del PBI, la Nación se llevó la parte de león, ya que aumentó su gasto en un 10,6% del PBI entre 1998-2012, contra el 4,9% las provincias y un mísero 0,5% los municipios. Obsérvese que el grueso del aumento se dio en sólo cinco años, desde el 2007, con un salto de 12,7 puntos del PBI. • Los valores absolutos también impresionan y muestran que el gasto consolidado –incluye a Nación, las provincias, los municipios y las obras sociales– en el 2012 llegó a 1.128.000 millones de pesos o 247.700 millones de dólares (oficiales y corrientes), con un aumento de 210.000 millones de dólares respecto del 2003; de 19.900 a 139.200 millones en el caso de Nación; de 14.800 a 91.600 en las provincias y de 2.900 a 169.000 millones de pesos en los municipios. • La duda sobre la posibilidad de seguir sosteniendo este nivel de gasto surge del hecho de que se apoya en una recaudación de impuestos distorsivos que alcanza al 6,8 del PBI (o 8,79 si se incluye el impuesto inflacionario), que perjudica la competitividad, la inversión, la producción y el crecimiento futuro del país, que debería ser muy rápido para permitir el financiamiento necesario.
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