Indec: terapia intensiva

Por Redacción

Destruir un organismo tan complejo como el Indec es fácil; el exsecretario de Comercio Guillermo Moreno y su “patota” de matones pudieron hacerlo en un par de días sin tener que esforzarse demasiado. En cambio, reconstruirlo desde el vamos para que recupere el prestigio internacional del que disfrutaba antes de la intervención ordenada por el entonces presidente Néstor Kirchner será extraordinariamente difícil. Habrá estado en lo cierto, pues, Graciela Bevacqua cuando, antes de abandonar la dirección técnica del organismo responsable de las estadísticas nacionales, insistía en que la tarea tomaría ocho meses o más pero, como debería haber reconocido la especialista, ni el gobierno del presidente Mauricio Macri ni el resto del país pueden resignarse a esperar tanto tiempo para que por fin haya índices económicos y sociales oficiales. Así lo entendió el director del Indec, Jorge Todesca, que para sorpresa de muchos decidió prescindir de los servicios de la funcionaria que, merced a su negativa tajante a dejarse intimidar por Moreno, se había convertido en un símbolo viviente del rigor técnico y por lo tanto de la honestidad frente a la mendacidad sistemática. Para el gobierno, la salida es de suponer por motivos exclusivamente principistas de Bevacqua ha sido un revés doloroso que lo ha perjudicado mucho. Además de hacer pensar que dista de ser tan eficaz como le gustaría parecer, ha brindado a sus adversarios un pretexto irresistible para insinuar que quiere continuar falseando las estadísticas, como ha sido rutinario a partir de enero del 2008, razón por la que ha echado a una funcionaria que se negaría a prestarse a una maniobra ilícita. Incluso los kirchneristas que fueron responsables del desaguisado se han puesto a criticar a los macristas por la situación del Indec. Aunque la mayoría sabe que es muy poco probable que el nuevo gobierno se haya propuesto adulterar los números económicos con el propósito de engañar a los sindicalistas que están reclamando aumentos salariales significantes y a los bonistas cuyas ganancias dependen de la evolución de ciertos índices, en política las impresiones suelen importar más que los hechos concretos. Macri está procurando convencer a todos los agentes económicos, tanto los locales como los extranjeros, de que por fin la Argentina tiene un gobierno serio. Necesita que haya estadísticas creíbles porque, de difundirse la idea de que las disponibles son tan engañosas como las confeccionadas por el gobierno anterior, toda su estrategia socioeconómica fracasaría. Con todo, mientras el Indec esté en terapia intensiva, al gobierno no le cabrá más alternativa que basar muchas decisiones en los índices, inevitablemente provisorios, producidos por Capital Federal y la provincia de San Luis que, de acuerdo común, son los únicos confiables. Que éste sea el caso resulta sin duda lamentable, pero es inútil suponer que sería posible reconstruir en un par de meses el Indec devastado. Así, pues, hasta nuevo aviso los equipos económicos y sociales del gobierno nacional tendrán que intentar navegar sin información precisa. No les servirá de consuelo, pero en todos los países es habitual revisar una y otra vez las estadísticas clave. Con frecuencia las modifican organismos tan respetados como la Reserva Federal de Estados Unidos sin que nadie cuestione su buena fe. Pueden hacerlo porque los interesados entienden muy bien que es muy pero muy difícil estimar variables como la tasa de inflación o la cantidad de pobres en un país por ser tantos los factores en juego. Pero, claro está, si los macristas intentaran asegurarnos que no sería del todo realista exigirles reparar casi enseguida los daños ocasionados al Indec por kirchneristas resueltos a subordinar los números al “relato”, muchos reaccionarían con desprecio, acusándolos de no estar a la altura de sus responsabilidades. En opinión de los adversarios de Macri más vehementes, el gobierno que encabeza ya es culpable de todas las lacras del país, entre ellas el estado nada satisfactorio del Indec. Como no pudo ser de otra manera, militantes kirchneristas como el extitular del organismo Norberto Itzcovich están tratando de sacar el máximo provecho del episodio protagonizado por Bevacqua atribuyéndolo a la impericia de quienes procuran poner cierto orden en el organismo que ellos mismos inutilizaron.


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