Indefenso

Bianchi está muy preocupado y se vienen cambios.

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DEPORTES

Caruzzo hizo dos penales y Orión los atajo. Burdisso zafó por sus goles a Quilmes.

Fotos/AP y FBaires

A Riquelme lo esperan para momentos importantes. ¿Se acelerará su vuelta?

ezequiel Fernández moores

No sé qué fue más preocupante para los hinchas de Boca: si la derrota ante el Toluca o el rostro casi desfigurado de un Bianchi que parecía no poder creer lo que estaba viendo. El Virrey parecía “El Grito”, una célebre pintura de 1893 del noruego Edward Munch. Pero a Bianchi no lo asustaba el horror de la vida, como el personaje del cuadro. El horror era la defensa de Boca. Y Bianchi, lejos de encontrarle solución, parecía enojado con todo, incómodo hasta en su propio cuerpo, acaso sin poder creer que su vuelta a la Bombonera y a la Libertadores fuera esa pesadilla.

Todo estaba servido. Debut de local, rival que venía en pobre forma en el campeonato mexicano y cansado por el largo viaje. El 1-0 con un penal dudoso pareció servir aún más el escenario ideal. La gente vivaba al Virrey. Y con Riquelme sentado, por ahora de espectador, mientras recupera forma para momentos más importantes. Lo que se vio el miércoles por la noche en la Bombonera, la inesperada derrota 1-2 contra Toluca, podría poner en duda imaginarse que en la Libertadores puedan llegar momentos más importantes.

Boca tiene defensores pesados y sin rapidez para el uno contra uno. La vieja defensa Roncaglia-Schiavi-Insaurralde y Clemente Rodríguez, conserva sólo a éste último. Cuentan que Bianchi piensa en una nueva defensa ideal con Franco Sosa (lesionado), Chiqui Pérez (debutaría el domingo), Burdisso y Clemente. El primero, se sabe, tampoco ofreció garantías por ahora (el uruguayo Albín parece postergado en el nuevo ciclo), el segundo es toda una incógnita con la camiseta de Boca, el tercero luce más haciendo goles que defendiendo y el cuarto fue responsable el miércoles del empate mexicano, al salir tarde para el offside.

La defensa anterior, aún con todas sus limitaciones, fue la que llevó a Boca a la final de la última Copa Libertadores. Una campaña, bueno es recordarlo, que también comenzó mal, con un pálido empate sin goles en Venezuela contra el humilde Zamora y, para peor, con Falcioni equivocando los tiempos y reabriendo una interna con Riquelme que terminó desgastando su autoridad ante el plantel. La situación ahora es distinta. Riquelme no tiene más que admiración por Bianchi. El Boca sin defensa del miércoles, pero también falto de fútbol en ataque (apenas lució el primer tiempo del Burrito Martínez) precisa otra vez de Román, de alguien que sepa tener la pelota y decidir los tiempos. De alguien que ayude a cambiar la cara de horror de Bianchi.

¡Qué carita, Virrey! El DT del Xeneize tendrá que buscar variantes para que el equipo reaccione.


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