Jugar a perder

Por Redacción

Puede que desde el hundimiento de su proyecto reelectoralista la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sea lo que los norteamericanos llaman un “pato rengo”, pero parecería que ni ella ni sus simpatizantes se han enterado de que, al aproximarse el fin de su gestión, un mandatario saliente debería resignarse a ser un mero espectador del drama político. Para frustración de Daniel Scioli y regocijo de Florencio Randazzo, Cristina sigue protagonizándolo. A ratos da a entender que apoyará la candidatura presidencial de Scioli, aunque sólo fuera porque se ha mantenido a la cabeza de casi todas las encuestas y por lo tanto es su sucesor natural, pero entonces se pone al lado de Randazzo por suponer que, en el caso de que triunfara tanto en las PASO de agosto como en las elecciones definitivas, le será más leal que el gobernador bonaerense. Asimismo, en opinión de algunos, Cristina preferiría que ganara un opositor a que otro peronista la sucediera en la Casa Rosada, lo que le brindaría al nuevo caudillo el poder necesario para desalojar a los kirchneristas de los lugares que han colonizado tanto en las estructuras del movimiento como en la administración pública, y ha optado por respaldar al ministro del Interior y Transporte porque cree que, por ser un precandidato bastante antipático, perdería, acaso por un margen muy grande, de tal modo eliminando el peligro que le supondría la presencia de un compañero en la presidencia de la República. Huelga decir que la sospecha de que Cristina está más interesada en hacer tropezar al candidato oficialista más popular perjudica no sólo a la víctima de sus maniobras sino también al país en su conjunto. Aunque las perspectivas inmediatas frente a la Argentina ya son sombrías, la presidenta parece decidida a impedir que el oficialismo evolucione en un movimiento capaz de prescindir de su conducción. Es tradicional que el presidente de turno nos asegure que la ciudadanía tendrá que elegir entre él y el caos, pero sería de esperar que, al consolidarse la democracia, todos los dirigentes políticos se acostumbraran a la alternancia en el poder. Sin embargo, por miedo a lo que podría sucederles si un gobierno nuevo optara por respetar a rajatabla la división de poderes consagrada por la Constitución, Cristina y quienes la rodean siguen pensando en términos que serían más apropiados para la Argentina de otros tiempos. Dadas las circunstancias, la voluntad de los kirchneristas de conservar una cuota significante de influencia puede considerarse lógica, pero sus esfuerzos por asegurar que el futuro les resulte benigno han incidido de forma muy negativa en el clima político. Es dolorosamente evidente que los kirchneristas que responden sólo a Cristina se han propuesto socavar a Scioli porque creen que les convendría que el próximo gobierno fuera débil. No quieren que la Argentina supere las deficiencias institucionales que tanto han contribuido a depauperarla. Antes bien, parecen resueltos a sembrar desorden por entender que no sería de su interés que, después de las elecciones previstas para el 25 de octubre o, de resultar necesaria una segunda vuelta, el 22 de noviembre, el país disfrutara de un período prolongado de tranquilidad relativa. Con el propósito de merecer la confianza de la presidenta, Scioli ha procurado convencerla de que es un fanático del “modelo” que nos ha dado una tasa de inflación altísima, una recesión, deudas cuantiosas y reservas escasas y que es un gran admirador de las dotes intelectuales y administrativas del ministro de Economía Axel Kicillof. A juzgar por lo ocurrido últimamente, las manifestaciones de fe kirchnerista del gobernador no le han servido para conmover a Cristina pero sí han tenido repercusiones en los mercados, ya que muchos inversores internacionales han comenzado a temer que un eventual gobierno de Scioli sería tan caprichoso como el actual porque el presidente continuaría dejándose manipular por quienes lo desprecian y, para colmo, incluiría a Kicillof como vicepresidente o mandamás económico. Asimismo, sorprendería que la obsecuencia reciente de Scioli no le costara los votos de la parte del electorado que, si bien se siente conforme con la gestión de Cristina, cree que sería mejor que su sucesor fuera un presidente de verdad, no un títere sumiso.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Sábado 30 de mayo de 2015


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