Explosión y muerte en Aguada San Roque: «No podemos evitar lo que desconocemos», la frase de una funcionaria del CPE
Patricia Cressatti y Fabio Luna estuvieron imputados en la causa, los sobreseyeron y este jueves declararon como testigos de la defensa. No sabían que en la escuela rural había clases presenciales el día de la explosión.
Ministra de Educación, presidenta del Consejo Provincial de Educación, vocales, directores de Nivel, directores de Modalidad, jefes de supervisores, supervisores, directores de escuelas. En trazos gruesos, ese es el organigrama de la enorme burocracia que el Poder Ejecutivo destina a la educación. Cientos, miles de cargos, que no sirvieron para que alguien se entere que el 29 de junio del 2021 había clases presenciales en la escuela de Aguada San Roque, ni supiera el nombre de la maestra quemada en la explosión.
«No podemos evitar lo que desconocemos», dijo Patricia Cressatti, quien ese día ocupaba el cargo de directora de Nivel Inicial. Este jueves declaró como testigo en el juicio, y trató de explicar de todas las maneras posibles que pese a su alto cargo, no le correspondía estar al tanto de lo que pasaba en la pequeña escuela donde murieron el gasista Nicolás Francés, su sobrino Mariano Spinedi y la docente Mónica Jara.
No es la única. Hasta ahora no apareció nadie que dijera en el juicio «sí, yo sabía» o «era mi deber saberlo».
Tampoco estaba enterado el otro testigo que declaró hoy, Fabio Luna, ex director de Ruralidad. Tanto él como Cressati estuvieron imputados, fueron sobreseídos y ahora son testigos de la defensa.
Ni en Educación ni en Obras Públicas
Cressatti y Luna se enteraron de la explosión del 29 de junio del 2021 por un llamado de la ministra de entonces, Cristina Storioni. Supieron que había una docente herida pero no conocían el nombre. Tardaron un buen rato en enterarse.
En ese momento, en otra rama del Estado de Neuquén, los funcionarios de Obras Públicas tampoco sabían los nombres de los dos operarios fallecidos en una obra que ellos habían licitado. Los dueños de la empresa contratista también los ignoraban. Toda una señal de cuánto importa el recurso humano. ¿A quién había que pedirle esos datos? A un hombre subcontratado irregularmente, que les pagaba fuera de todo registro formal llamado Eduardo Afione y que no está imputado.
Las fotos de Mónica
La noche de la explosión Cressatti y Luna se encontraron con Juan Villanueva, el marido de Mónica, en el hospital Castro Rendón. Allí derivaron a la docente con el 80% del cuerpo quemado.
Villanueva les dijo que su esposa estaba dando clases en la escuela (era su primer día de trabajo), y les mostró fotos con los alumnos sentados en el aula que le había enviado horas antes. «Ahí nos enteramos que había clases presenciales», dijeron los funcionarios.
Cressatti lo contó quebrada por el llanto. Aseguró que esto le pasó después de 40 años de trayectoria.
Las notas de la directora
La exfuncionaria dijo que «no puedo dar fe de quién decidió volver a la presencialidad». También declaró que «en la dirección de Nivel Inicial tenemos 400 escuelas. Nuestros ojos en el territorio son los directores de escuela y los jefes de supervisión. Cada escuela con su supervisor determina si está en condiciones de volver».
Hay que tener en cuenta el contexto: recién se empezaba a salir del aislamiento por el Covid, y una resolución -la 440- del Consejo Provincial de Educación obligaba a retomar las clases presenciales.
Luna y Cressatti no conocieron personalmente a la directora de la escuela de Aguada San Roque, Martha Báez, pero vieron sus numerosos pedidos escritos para que le habiliten el gas y así retomar las clases.
«No sé por qué me lo pedía a mí», dijo la ex directora de Nivel Inicial. Luna, más amplio, señaló que «un director de escuela tiene que recurrir a todos los medios posibles para que le den bolilla».
Las notas de Martha Báez incluían la fórmula «y por su intermedio a quien corresponda». Pocas veces obtenían respuesta.
Ministra de Educación, presidenta del Consejo Provincial de Educación, vocales, directores de Nivel, directores de Modalidad, jefes de supervisores, supervisores, directores de escuelas. En trazos gruesos, ese es el organigrama de la enorme burocracia que el Poder Ejecutivo destina a la educación. Cientos, miles de cargos, que no sirvieron para que alguien se entere que el 29 de junio del 2021 había clases presenciales en la escuela de Aguada San Roque, ni supiera el nombre de la maestra quemada en la explosión.
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