Femicidio de Rosana: hubo premeditación y siembra de pistas falsas

El autor del femicidio planificó sus pasos e intentó distraer a los investigadores hacia callejones sin salida. Sus movimiento fueron reconstruidos minuto a minuto.

El femicidio de Rosana Mabel Artigas (46) fue planificado. La fiscalía considera que tiene una prueba clave para demostrarlo: dos días antes del crimen, el imputado José Andrés Fernández fue a la casa de su expareja y retiró un tambor de 200 litros. En el interior de ese recipiente fue hallado el cuerpo de la víctima el 1 de diciembre, sumergido en el río Limay.

A través de geolocalización de celulares, videocámaras y el registro en Google Maps del imputado, la fiscalía pudo reconstruir paso a paso los movimientos de Fernández, a quien le impusieron diez meses de prisión preventiva. Está acusado de homicidio doblemente calificado: por el vínculo y por haber sido cometido mediando violencia de género (femicidio). La pena que recibirá si lo condenan en un juicio por jurados es prisión perpetua.

Según la exposición que realizó el fiscal jefe Juan Agustín García en la formulación de cargos, el martes 21 de noviembre Fernández pasó por la vivienda de una pareja anterior y madre de sus hijos y retiró un tambor de 200 litros.

No se informó qué hizo Rosana ese día, pero una cosa parece cierta: Fernández ya había decidido matarla.

Humo y olor «a ropa quemada»


El jueves 23, a las 9 de la mañana, ella le envió un mensaje de texto. No se sabe por qué -es posible que en respuesta a una comunicación de él- que no fue rescatado.

A las 9:27, Fernández pasó por la casa de Rosana en su Chevrolet Classic. Ella subió y fueron a la casa de él, ubicada en Eduardo Gómez 504, barrio La Esperanza de Plottier. Una vecina los vio llegar a esa hora.

Ese fue el lugar del crimen, según la fiscalía.

Lo siguiente que se sabe es que a las 10:10 de la mañana, otra vecina sintió «olor a ropa quemada» y vio salir humo de la vivienda de Fernández.

Ahora se sabe que para esa hora, Rosana ya había sido asfixiada con una cuerda alrededor de su cuello. Su cuerpo en ese momento estaba en el tambor de 200 litros, tapado con cartón y madera, mojado con líquido combustible, y prendido fuego. Ese fue el olor y humo que percibió la vecina.

Un detalle: en la casa de Fernández quedó una cadenita plateada marca Perla Negra. La víctima aparece en numerosas fotos con ese adorno en el cuello.

También quedó la amoladora con la que ensanchó la boca del tambor para facilitar el ocultamiento del cuerpo de Rosana, quien pesaba 65 kilos.

La pista falsa


A las 10:52, Fernández conducía su Classic por la Ruta Provincial 7 en dirección a Centenario: una cámara de vigilancia lo fotografió y se observa que no lleva acompañante. Al mismo tiempo una antena de telefonía captó su teléfono y el de la víctima.

A esa hora el teléfono de Rosana se apaga. Once minutos después, 11:03, otra cámara capta el Classic regresando por la misma ruta 7. La especulación es que Fernández fue hasta esa zona a deshacerse del celular de la víctima y sembrar una pista falsa.

En efecto, las primeras tareas de búsqueda se concentraron en la zona de Centenario.

Cambio de planes


Fernández regresó a Plottier. A las 13 pasó por el geriátrico a buscar a su madre y después se fue a su domicilio.

En ese momento descubrió que parte del plan había fallado: el fuego había quemado parte de la ropa y cuerpo de la víctima, pero muy lejos de calcinar todo como esperaba.

Entonces, según la fiscalía, cargó el tambor en la caja de su camioneta Renault Oroch y a las 13:30 salió hacia la zona de China Muerta.

En la camioneta


Sendas cámaras captaron la camioneta a toda velocidad: a las 13:45 de ida, con el tambor y dos reposeras («para simular que iba al río»), y a las 13:54 de regreso, ya sin el tacho en la caja.

El tambor fue rescatado el viernes 1 de diciembre, sumergido en el río Limay a un metro y medio de profundidad.

Almuerzo, tarde en el río, cena


De acuerdo con la información de la fiscalía, Fernández retomó sus actividades como si nada hubiera pasado. A las 14:30 le pidió a un amigo que lo invite a almorzar; comieron fideos con albóndigas.

Este hombre fue entrevistado por los investigadores; les dijo que el imputado estaba tranquilo. Después se fueron a tomar mate al río hasta las 19:30, acompañados por la hija del testigo.

«Se burló de los investigadores y de los familiares», dijo el fiscal jefe García. Cuando familiares de Rosana le fueron a preguntar si sabía algo de ella, sonrió y contestó con una grosería.

Terminó su día con una cena con otro amigo, también albóndigas. Pero dijo que «hacía muchos años» que no probaba ese plato. Tampoco lo notó nervioso. Incluso le cobró un dinero para comprar un costillar que iba a asar el sábado.

A los policías que lo entrevistaron les aseguró que quería «colaborar con la investigación».

El fiscal jefe García pidió que le realicen una pericia psiquiátrica y una psicológica. El imputado puede negarse.


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