Juventud y adultez en las plantas
La flor es su madurez sexual y a veces ésta se hace esperar
El Jardín de Casa
Un tema que preocupa a muchos “locos por las plantas”, es por qué hay casos en que se espera con mucha impaciencia que se inicie la floración de una planta y ésta se hace esperar. Son repetitivas y me han llamado la atención, por lo que trataré de contestarlas desde el punto de vista de la fisiología que, según Wikipedia, “es la ciencia biológica que estudia las funciones de los seres vivos” (del griego physis=naturaleza’, y logos=conocimiento, estudio). Todos los seres vivos caminan por el mismo sendero: nacer, crecer, reproducirse y morir y en ese transitar pasan por diferentes etapas. Nosotros, los humanos, somos un ejemplo de ello. Nacemos totalmente indefensos, luego vamos creciendo y alcanzamos la pubertad (o “la edad del pavo”, en que hacemos pavadas inexplicables), en que se manifiestan los cambios corporales de la maduración sexual, y en la de la adolescencia, que es el de transición entre la niñez y la adultez y en la que “adolecemos” de todo, especialmente de ansiedad por el sexo opuesto. Ya en la adultez nos vamos calmando y en la vejez vivimos de gratos recuerdos … sobran los chistes al respecto. En los animales diferenciamos nítidamente dos estapas … la del simpático cachorrito y la del animal adulto hasta su vejez. Es en los vegetales donde nos cuesta diferenciarlas, porque dependen mucho de las condiciones en que se desarrollan. Si una planta joven encuentra condiciones de clima y suelo muy favorables, extiende mucho más su etapa juvenil que la misma planta en situaciones desfavorables. Por ejemplo, un tomate que tiene agua, comida y calor a disposición “se va en vicio”, como solemos decir … es decir crece indefinidamente y pareciera que nunca va a florecer y dar los ansiados frutos, pero si le mezquinamos el agua entra en pánico, se siente amenazado y antes de morir busca dejar descendencia … ergo, florece y da frutos. Esto no quiere decir que inevitablemente debamos hacerlas sufrir para que florezcan, como suelen hacer algunos mal llamados “domesticadores” de animales que, para doblegarlos, los hacen padecer hambre y sed. El sentido es comprender qué le está pasando -en otro ejemplo- a un limonero que se niega a dar limones o amaga con hacerlo pero los aborta siendo aún muy pequeños … habrán oído que algunos les sacuden cadenazos en el tronco “pa’que aprienda el desgraciao” y a veces tienen éxito. Lo que a mi juicio ha sucedido, es que el limonero, lejos de “aprender” a florecer, al ver lastimado su tronco y dificultada así la ascensión de savia a las hojas, se siente en peligro y entra compulsivamente en la “madurez”. Claro, lo mismo se puede lograr teniéndole paciencia o, si se lo fertiliza, suspendiendo esa práctica y restringiendo algo el riego, de modo de permitirle “madurar” sus tejidos. Quiero hacer también una aclaración en cuanto a las plantas que llamamos “de interior” … al ser cultivadas en un medio muy artificial de temperaturas, humedades e iluminaciones, la forma de lograr floraciones es solucionando estos factores externos y esto requiere de sensibilidad y una buena elección previa.
Teodorico Hildebrandt eljardín@rionegro.com.ar