Kicillof y la pobreza

Por Redacción

Con honestidad conmovedora, el ministro de Economía Axel Kicillof confesó no saber con precisión cuántos pobres hay en el país. Como es natural, su aparente falta de interés en el tema motivó la indignación de quienes enseguida lo acusaron de querer ocultar la verdad, ya que según casi todos los índices que se han difundido la proporción ha aumentado en los últimos años luego de haber bajado cuando la economía crecía “a tasas chinas”. Para un gobierno como el de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el que la realidad se haya alejado tanto de sus propias aspiraciones es con toda seguridad desconcertante. Al fin y al cabo, todos los kirchneristas, progresistas natos, se afirman comprometidos con un “modelo” que, según ellos, debería hacer de la Argentina un país mucho más igualitario de lo que era antes de la puesta en marcha de su “proyecto”. Así las cosas, el que los datos disponibles hagan pensar que hay cada vez más pobres puede tomarse por evidencia de que el “modelo de acumulación de matriz productiva diversificada e inclusión social” confeccionado por el gobierno kirchnerista sobre la base de lo heredado del liderado por el presidente interino Eduardo Duhalde ha fracasado y que, por lo tanto, le convendría reemplazarlo por otro muy distinto pero, claro está, ni a Cristina ni a Kicillof se les ocurriría probar suerte con una alternativa. Por desgracia, la presidenta y el ministro de Economía distan de ser los únicos políticos o funcionarios que, por motivos es de suponer ideológicos, se niegan a prestar atención a los resultados concretos de una gestión determinada. Por el contrario, desde hace mucho más de medio siglo un gobierno tras otro, sin excluir a muchos calificados despectivamente de “liberales”, han luchado por conservar un orden socioeconómico que sólo ha servido para impedir que un país supuestamente condenado al éxito acompañara a otros menos privilegiados –entre ellos algunos, como Japón y Suiza, que carecen casi por completo de recursos naturales– en que escasean los pobres. Para colmo, no es ningún secreto que los gobiernos que más han hecho para mantener un statu quo lamentable han disfrutado del apoyo entusiasta de los sectores más rezagados. Parecería que en nuestro país es normal que las víctimas aplaudan a los victimarios. Asimismo, aunque ya no cabe duda alguna de que el populismo facilista empobrece, tal detalle no impresiona en absoluto a los “militantes” del oficialismo de turno. Parecería que preferirían dejar que millones continuaran viviendo en la miseria a reconocer que sus teorías favoritas han resultado inútiles. Según Kicillof, tratar de estimar la cantidad de pobres en el país sería “estigmatizante”. En cierto modo lo es. Aunque no lo sea para los pobres mismos que, en todas partes, por lo común deben la situación en que se encuentran a factores sociales y culturales que les sería muy difícil modificar, lo es para la clase política nacional, en especial para los sectores dominantes, ya que es merced a sus esfuerzos que la Argentina no está en condiciones de brindar a todos sus habitantes la posibilidad de emular a sus equivalentes norteamericanos, europeos o asiáticos orientales. Sería por lo tanto lógico que los sinceramente preocupados por la persistencia de inmensos “bolsones de pobreza” intentaran identificar las razones por las que algunos pueblos han logrado reducirlos a dimensiones manejables y otros, comenzando con el argentino, les han permitido expandirse, para entonces abandonar los esquemas que no han funcionado y adoptar los que en otras latitudes han tenido éxito. Sin embargo, la mayoría abrumadora de los políticos no parece tener interés alguno en aprender de la experiencia ajena. Antes bien, comparten con Cristina la concepción de que las ideas foráneas, extranjeras, son forzosamente incompatibles con el ser nacional. Se trata de una tesis que tendría algún sentido si la Argentina fuera un dechado de igualitarismo, solidaridad y justicia social, claramente superior a todos los demás países pero, puesto que por desgracia no lo es, sólo refleja la voluntad de quienes se han visto beneficiados por el orden existente al defenderlo, cueste lo que costare, a sabiendas de que ellos mismos no serán perjudicados por la irracionalidad perversa así reivindicada.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Lunes 30 de marzo de 2015


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