La cara más dura de la crisis se ve en escuelas de SAO

Ahora las carencias no sólo alcanzan a los alumnos, también a los maestros que viven gracias a las "vaquitas" de sus compañeros. El invierno se viene duro y con muchos desocupados.

SAN ANTONIO OESTE (ASA)- El clima adverso pone en evidencia las cada día más profundas carencias socioeconómicas. El hambre y la falta de vestimenta, se incrementan cuanto más cerca está el invierno, que se anuncia como muy frío y lluvioso.

Con menos intensidad de lo que se estimaba a fines del verano, la miseria acuciante repercute en el ámbito escolar. No alcanza exclusivamente a los alumnos sino también a algunos maestros, que a veces comen gracias a las «vaquitas» que realizan sus compañeros.

Algunas escuelas vienen lidiando con estas problemáticas sociales desde hace años. Es el caso de la Nº 161, ubicada en el barrio «La Loma», donde se concentra la mayor parte de la población de más bajos recursos de la localidad. «Este año nosotros no notamos que los problemas sean mucho más graves. Antes había casos extremos que hemos podido revertir», afirmó la directora Mabel Leonardo, recordando a chicos que otros años asistían a la escuela en mangas de remera en pleno invierno o con infecciones a raíz de la proliferación impresionante de piojos.

Pero, mientras por un lado la tarea docente permite modificar hábitos de higiene y diversas instituciones de asistencia social proveen elementos para satisfacer necesidades básicas, por otro, la desocupación y la cada vez más dramática situación económica suman víctimas desprotegidas ante su inhumana embestida.

A mediados de abril los operarios de la pesquera Aguacampo, que se encuentra paralizada, se sumaron a la ya importante lista de desocupados de la localidad. Además, la construcción está en crisis y la obra de Alpat sigue siendo una quimera. Aunque, como afirma la directora de la escuela Nº 161, haya menos casos de pobreza extrema, las carencias se están generalizando y el invierno se encamina a ser duro, tal vez el más duro de la historia de la ciudad.

En esa escuela funciona desde el 2000 un ropero comunitario en el que un grupo de madres recolecta vestimenta en desuso, la arregla y la entrega a los alumnos que la necesitan. «El primer año otorgamos 1200 prendas, el segundo 900 y en lo que va del 2002 ya entregamos 400 y no damos abasto», expresaron Azucena Fortete y Dorila Jara, dos mamás que a pesar de sus propias necesidades continúan trabajando en este grupo para tratar de combatir las carencias de los más humildes.

«El otro día un nene me hizo llorar cuando le fuimos a probar un pantalón y no tenía ni calzoncillos ni medias», dijo Dorila. «Es terrible la demanda de zapatillas y camperas. Hay nenas que no tienen ni bombachita para ponerse», asiente Azucena.

Y para colmo hace una semana que llueve sin parar, el frío recrudece y las necesidades se profundizan.

La escuela sigue siendo un refugio ante las adversidades. Lejos está de ser el templo del saber. Para los pequeños, la institución se transforma en el cálido hogar que contiene, abriga y hasta provee un tazón de leche.

Frente a frente con la pobreza

En la Escuela Nº 179, inserta en pleno barrio ferroviario e históricamente receptora de hijos de pescadores, la situación es otra. Aunque siempre hubo algunas carencias aisladas, la problemática se profundizó en los últimos meses. «Este proceso no fue de un día para el otro», aclaró la directora María Inés De Echave.

La extrema pobreza está aflorando con fuerza en ese establecimiento y la comunidad educativa en pleno siente el impacto de la crisis. «Ahora no hay ánimo para proyectos ambiciosos», reconoce la directora descartando que este año pueda ponerse en marcha alguno. «Vamos a priorizar el trabajo áulico», enfatiza. «Padres, maestros y alumnos estamos susceptibles. La intolerancia se nota en la tarea cotidiana», agrega preocupada.

Mientras tanto, algunos padres están organizando un ropero. «Hoy tuve que traer un par de medias de mi casa para un chico», dijo una maestra. (ASA)

La 247 de Las Perlas está desbordada y muchos no tienen lugar

CIPOLLETTI (AC).- Pasó lo anunciado. La escuela 247 de Las Perlas tiene la matrícula desbordada a raíz de la explosión demográfica que vivió el sector en los últimos dos años. Al menos unos 40 chicos no pudieron empezar las clases por falta de espacio en el edificio.

Según dijeron los padres y docentes, casi la mitad de los alumnos que quedaron afuera corresponden a la sala de cuatro años de jardín de infantes, «que se prometió pero no se creó». Otras aulas están superadas. En primer grado, por ejemplo, hay 30 chicos y en cuarto grado 25, cuando la capacidad en ambas aulas es para 17 alumnos.

«Parecemos aislados de todo. Somos un cero a la izquierda», criticaron los padres.

A fines del año pasado la comunidad educativa de la escuela 247 solicitó al Consejo Provincial de Educación la necesidad de construir dos aulas más «como consecuencia de la explosión demográfica vivida por la localidad, con el consecuente aumento de matrícula».

Luego de varias entrevistas con funcionarios del CPE, en diciembre del año pasado «se nos garantizó que la obra estaría en marcha», dijeron.

También requirieron entonces un salón de usos múltiples. Los padres dijeron que sólo falta que el Consejo confeccione los planos y gestione en Viedma la autorización para la puesta en marcha de esta iniciativa, porque ya cuentan con los materiales y la mano de obra necesaria.

En una nota que dieron a conocer esta semana, expresaron que «hoy, luego de un momento de entusiasmo ante la posibilidad de resolver ya sea vía CPE o a través del esfuerzo de la comunidad, un problema que advertimos con suficiente anticipación, nuestros chicos no tienen garantizado el espacio físico correspondiente, vulnerándose el derecho a la igualdad de oportunidades que plantean la Constitución Provincial y la Ley Orgánica de Educación, corriendo riesgo el desarrollo del presente ciclo lectivo».

El viernes pasado se realizó una asamblea en la que se detallaron algunos de los tantos problemas:

• La falta de reparación de calefactores, cerraduras, puertas, termotanque e instalaciones eléctricas.

• La falta de desagote de pozo ciego.

• La no resolución del problema de transporte que afecta a los chicos del sector de chacras que, al día de hoy, deben caminar en algunos casos 10 kilómetros.

• La reposición de focos y la provisión insuficiente de elementos de limpieza.

• La falta de respuesta al pedido de creación de la sala de 4 años de jardín de infantes.

• La no reparación de las goteras del techo.

• La necesidad de contar con una línea telefónica, ya que «es la única escuela de la supervisión Cipolletti que no cuenta con ese recurso».

Sonia Valenzuela, una mamá de la escuela, dijo que «los padres estamos cansados de esperar a que venga algún funcionario. Parecemos aislados de todo», criticó.

El director, Fernando Russo, destacó el trabajo realizado por la cooperadora, que no sólo impulsó las donaciones para construir el salón de usos múltiples.


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