La crisis, prueba de fuego para China

El fin del «milagro económico» chino pone a prueba a los líderes comunistas. En tres décadas de una política reformista y de apertura, el partido siempre se legitimó a través de su capacidad de garantizarle al pueblo un rápido crecimiento económico. Si eso termina ahora, la amenaza serán la insatisfacción y disturbios sociales, con lo cual el partido se tambalearía. Nadie lo sabe mejor que Wen Jiabao, quien en el inicio de la sesión plenaria del Congreso del Pueblo en Pekín este jueves expresó que es «indispensable» un alto crecimiento para garantizar la estabilidad social.

Pero aun así su objetivo de que su país crezca en el 2009 «alrededor del ocho por ciento» -pese a la crisis económica mundial- podría verse truncado, según coinciden el Banco Mundial y varias compañías de inversión.

Ahora, con la espalda contra la pared, la cúpula trata de despegarse del tema para que de un problema económico no se pase a uno político. La crisis será «una prueba para la capacidad gubernamental de nuestro partido», dijo el jefe de Estado y de partido, Hu Jintao.

Ya que el Estado chino está poco endeudado en comparación con otros países, se inyectarán millones a la economía, «tal vez lo necesario», apunta un representante empresarial extranjero.

Los masivos gastos estatales generarán este año el mayor déficit en los 60 años de historia de la República Popular. Si hace apenas un año hubo que poner las riendas a una economía que iba al galope, ahora se vuelven a aflojar los frenos a la concesión de créditos.

Si fluye tanto dinero, la pregunta lógica de los aproximadamente 3.000 representantes legislativos es a qué monederos. «Eso debería ser más transparente», pide la empresaria privada y a la vez delegada de Hangzhou, Hu Lijuan, mientras en el Gran Salón del Pueblo suena el aviso para la primera sesión.

Se destinan cuatro billones de yuanes (más de 500.000 millones de dólares/400.000 millones de euros) a reactivar la economía. El gobierno central da una cuarta parte de esa cantidad, el resto deberá ser aportado por los gobiernos locales y bancos.

«¿A dónde va el dinero? ¿Cómo se utilizará?», interroga Hu Lijuan. «Todos nosotros deberíamos ejercer una supervisión de eso»; en definitiva, es producto de la tributación.

Hay consenso en que se debe apoyar a las grandes industrias clave, ¿pero quién piensa en las pequeñas y medianas empresas, pese a que son un motor económico cada vez más importante?

«El mayor problema es que por un lado el gobierno central subraya cuán importante es el respaldo para las pequeñas y medianas empresas, pero las autoridades en el campo están lejos de implementarlo», dice Shen Peiping, delegado y alcalde del famoso centro del té Pu´er en la provincia sureña de Yunnan. «Cuando se trata de créditos o hipotecas, en el pueblo no se ve nada del respaldo deseado».

Todavía no se hace notar el nuevo programa de coyuntura, sólo en abril se podrían sentir los primeros efectos. Al economista Ben Simpfendorfer del Royal Bank of Scotland la magnitud del paquete le resulta lo suficientemente grande para que en el segundo semestre favorezca una recuperación económica.

Pero también existe el riesgo «de que el paquete financiero lleve a nuevas sobrecapacidades en el sector industrial». Algunos economistas chinos se quejan de que además se invierte demasiado en infraestructura.

Un experto financiero considera urgente la necesidad de dolorosas reestructuraciones y advierte de un fuego de fácil expansión. «Con masivos gastos estatales se puede generar cuantitativamente un alto crecimiento, pero ¿qué calidad representa eso a largo plazo?», se pregunta.

 

ANDREAS LANDWEHR

DPA


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