La cruzada deportiva contra el racismo

MARCELO ANGRIMAN (*)

La UEFA aprobó en junio del 2013 una nueva normativa por medio de la cual se dispuso la sanción de conductas racistas, con el cierre parcial o total del estadio y multas de 50.000 euros en caso de repetirse. Bajo tal regla, días atrás castigó al reciente campeón de la Champions League, el Real Madrid, con el cierre parcial de los sectores 120 y 122 del Santiago Bernabéu en el próximo partido europeo. Ello debido a que un grupo de aficionados locales exhibió pancartas racistas en el partido de ida ante el Bayern Munich el pasado 23 de abril. Basándose en el artículo 14 de su Reglamento Disciplinario, la UEFA ha ordenado también a la Casa Blanca exhibir una pancarta con las palabras: “No al racismo”. El resolutorio, de neto corte ejemplarizador, no tiembla en avanzar de este modo contra una de las instituciones deportivas más poderosas del mundo. En su defensa, el club merengue adujo que, si bien un simpatizante exhibió un estandarte, éste no era discriminatorio y que es su política luchar contra dicho flagelo, tal como se demostrara con la expulsión de 250 extremistas de los Ultras Sur, reconocidos apologetas del nazismo. La decisión de la UEFA refleja la mentalidad de su titular Michael Platini, quien llamó a las asociaciones miembros y a los poderes públicos a aplicar una política de tolerancia cero en la materia. En dicha línea, el Bayern Munich ya fue sancionado el 24 de marzo por la UEFA con el cierre de una grada del Allianz Arena y el pago de 10.000 euros por una pancarta homófoba exhibida en su partido de Champions frente al Arsenal. En la Liga española, por su parte, semanas atrás un espectador del Villarreal-Barcelona lanzó una banana a Dani Alves. El Submarino Amarillo recibió una multa de 12.000 euros, además de verse obligado a cerrar parte del Madrigal. Puertas adentro, su dirigencia dispuso la expulsión “de por vida” del hincha infractor. En febrero, el CSKA de Moscú y el Apollon Limassol de Chipre también fueron sancionados por ofensas raciales. En Italia, la Roma fue multada en 50.000 euros por cánticos “simiescos” contra Mario Balotelli, paradójicamente uno de los jugadores insignia de la escuadra azurra en la actualidad. El presidente de la FIFA Joseph Blatter no comparte el criterio de la UEFA y es partidario de la pérdida de puntos hasta llegar al descenso del equipo en falta, en lugar de las clausuras parciales o totales de los campos de juego. La NBA sin medias tintas La NBA suspendió de por vida, por primera vez en su historia, a Donald Sterling, dueño de los Clippers de Los Ángeles, luego de que saliera a la luz una grabación en la que se lo escucha decir claros comentarios racistas. En la misma señala a una persona de su círculo íntimo que no salga con negros ni publique fotos en Instragram con personas de ese perfil racial, y que además no los lleve a sus partidos. Es curioso observar como el dueño de un negocio, en el que participan un 80% de atletas negros, se refiere tan ofensivamente a ellos. La reconocida presentadora Oprah Winfrey manifestó que el caso de Sterling hace recordar “los días de las plantaciones”, en obvia alusión a las tierras del sur estadounidense, donde la esclavitud se desató con toda crudeza. Hasta el propio presidente Barack Obama señaló que, “cuando sujetos ignorantes quieren dar a conocer su ignorancia, no hay mucho que hacer, sólo dejarlos hablar”. Los antecedentes locales En nuestro país son tibios los antecedentes habidos al respecto. El Tribunal de Disciplina de la AFA tiempo atrás resolvió quitarle el punto obtenido a Chacarita por las canciones racistas que entonó su hinchada en un partido frente a Atlanta. El artículo 88 del reglamento de Transgresiones y Penas de la AFA establece: “Se impondrán sanciones al club cuyos socios, parcialidad o público partidario ubicado en los sectores asignados a dicha institución, antes, durante o después del partido, exhiban pancartas o símbolos discriminatorios, amenazantes, obscenos, injuriosos u ofensivos a la moral y buenas costumbres, o entonen a coro estribillos o canciones con igual contenido, siempre que estos últimos sean de tal magnitud que resulten nítidamente audibles en un amplio ámbito del estadio”. Si bien la norma existe desde hace años, los cánticos discriminatorios se escuchan en casi todos los estadios semana tras semana. Sin embargo jueces, veedores y dirigentes suelen hacer oídos sordos a los mismos. Naturalizadas, muchas expresiones atacan a las comunidades paraguayas, bolivianas, de homosexuales, al judaísmo y a la mujer. Los cánticos racistas y xenófobos son una constante en el balompié vernáculo, donde la impunidad es la regla. No se ha visto, como sucede ahora con las grandes ligas del fútbol y del básquet, que se intervenga enérgicamente contra los infractores. Mucho menos aún cuando se trata de clubes poderosos. En enero pasado, en un superclásico disputado en Mar del Plata, el árbitro debió suspender el partido en un par de oportunidades por cánticos discriminatorios contra el club de la ribera. Será difícil que la AFA, con la actual conducción y su hábito de mirar al costado ante los desbordes de barras bravas y demás episodios de violencia, cambie su tesitura al respecto. Sería más que interesante que junto a su socio televisivo, el Estado, proyecte campañas publicitarias educativas en los intervalos de los partidos, en lugar de utilizar tales espacios con fines político-propagandísticos. Mientras ello no ocurra todo seguirá igual, lejos de las saludables respuestas que en otras latitudes del mundo, y sin distinción de bolsillo, se están dando a quienes discriminan. Porque como bien señala el sociólogo Daniel Salerno: “La punición sola no sirve. Hay que apuntar a la educación, a la prevención con campañas a largo plazo. A veces es bastante incómodo demostrar lo evidente, que el otro es una persona, pero hay que hacerlo”. (*) Abogado. Profesor nacional de Educación Física marceloangriman@ciudad.com.ar


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