La cultura del subsidio



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Los servicios públicos son bienes de consumo, por lo tanto quien tiene que pagar por ellos es quien lo consume, y en la medida de cuánto consume. El resultado de lo que se tiene que pagar es de acuerdo a los costos que tiene la prestación de ese servicio. En caso contrario, si la tarifa no representa el costo que tiene prestar ese servicio, se tiene que subsidiar. Y los subsidios los aplica el Estado, con partidas que pueden surgir de recursos genuinos o de fondos espurios, como es la emisión sin respaldo, siendo éste un excelente motivador de la inflación. Más subsidio siempre representa más déficit y más déficit siempre representa más inflación.

Ahora bien, si la fantasía de mantener el valor del salario supone que hay que lograr que las cosas bajen de precio (economías subsidiadas con intervenciones y regulaciones estatales), con seguridad, el resultado será que sin tarifas que representen el costo, se logre el deterioro de la calidad de servicio. Y el servicio más caro que existe es el que no se tiene.

En esta coyuntura, estamos presos de la aplicación de las políticas populistas que se implementaron en la última década. En economías fuertes, las cosas valen lo que tienen que valer y la gente gana lo que tiene que ganar. No se puede fortalecer el salario no cobrando el costo de los servicios. En la cultura del subsidio (que no es lo mismo que el “subsidiado”), estamos padeciendo el sindrome de abstinencia.

Ojalá que con el transcurrir del tiempo asumamos que somos una sociedad adicta al subsidio (ergo, populismo y demagogia) y empecemos a terminar con esta patología que logró como resultado una Argentina pobre en educación, economía, en producción, en competitividad. Ojalá que nos demos cuenta que Mauricio Macri es el primer presidente después de tanta adicción populista que trabaja para una Argentina que sincere su economía, que termine con la corrupción.

Con este nuevo país ya hemos comenzado a recuperar el prestigio externo. Sin embargo, resta recuperar también la confianza interna, que es la que debemos tener entre todos los argentinos. Para que esto se posible, será necesario dejar de “hacerle trampa al solitario”, que también forma parte de nuestras adicciones.

(*) Intendente de la Ciudad de Neuquén

En economías fuertes, las cosas valen lo que tienen que valer y la gente gana lo que tiene que ganar. No se puede fortalecer el salario no cobrando los servicios.

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En economías fuertes, las cosas valen lo que tienen que valer y la gente gana lo que tiene que ganar. No se puede fortalecer el salario no cobrando los servicios.

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