La doble vida de George Cukor

"A mí no me dirige un marica", le gritó Clark Gable durante el rodaje de "Lo que el viento se llevó" al famoso director que abandonó el filme. Una biografía recorre su vida y su intimidad.



BUENOS AIRES (Télam).- En “George Cukor. Una doble vida”, el periodista e investigador Patrick McGilligan recorre la vida del realizador -conocido como el gran “director de mujeres”- y detalla los conflictos que lo llevaron a ocultar su homosexualidad.

Nacido en Nueva York el 14 de julio de 1899, en el seno de una familia judía de procedencia húngara, Cukor era un joven extraordinariamente cortés y genreroso que se esforzaba en cultivar un talante aristocrático e intelectual.

Tras dos meses en el Ejército y un intento de estudiar Derecho, decidió entrar en el mundo del espectáculo. Contestó a un anuncio de una compañía teatral de Chicago en el que se solicitaba un director de escena capaz de hacer también algún papel, conoció a personalidades como Somerset Maugham, Helen Hayes, Edward G. Robinson y Ethel Barrymore.

Aunque era evidente que no le interesaban sexualmente las mujeres, Cukor jamás dio indicios claros de ser homosexual. Ya en Broadway se forjó una notable reputación como director de mujeres por su habilidad para entenderse con las actrices más difíciles e intuitivas.

Con el tiempo dirigiría a las grandes divas de Hollywood en films como “Romeo y Julieta”, “Luz que agoniza”, “Nacida ayer” y “El multimilonario”.

En “George Cukor. Una doble vida”, publicado por el sello español T & B, McGilligan relata que en la primera parte de la década del 30, Hollywood parecía todavía relativamente permisivo en cuestiones de sexo. Pero la homosexualidad era legalmente perseguida, aunque en el ámbito del teatro era más permisivo al respecto.

En el mundo del cine había oficios que estaban prácticamente copados por gays como los de diseñador de decorados, vestuario o maquillaje.

Algunos directores de segunda línea exhibían en forma abierta sus gustos sexuales, pero Cukor, que estaba considerado uno de los mejores del momento, decidió preservar su buena fama y no quiso que se le inhabilitara para filmar un western o una película de acción.

Sin embargo, no prescindió de amigos gays como el decorador Bill Haines y los actores Tom Douglas y John Darrow; el biógrafo cuenta que satisfacía sus necesidades sexuales con hombres musculosos y viriles, especialmente marineros jóvenes, a los que sus amigos llamaban en broma “mariscos”.

Su amistad con Hedda Hopper, a la que dirigió en “Mujeres”, y Louella Parsons, ambas homofóbicas, lo ayudó a mantener intacta su reputación. Pronto se convirtió en uno de los más populares anfitriones de la ciudad y sus almuerzos informales y elegantes cenas eran preparados con sumo cuidado como si se tratara de un guión.

Recién terminado el rodaje de “Margarita Gautier”, Cukor fue contratado por David O. Selznick para llevar a la pantalla “Lo que el viento se llevó”. Pero a punto de iniciar el rodaje se deterioraron las relaciones entre ambos y el asunto se complicó cuando empezó a correrse la voz de que Clark Gable, protagonista del filme, había tenido un romance con Bill Haynes, íntimo de Cukor.

Durante el rodaje de una secuencia, Gable explotó: “!A mí no me dirige un marica!. El director abandonó de inmediato el rodaje y filmó en cambio “Mujeres”.

Tras la Segunda Guerra Mundial, los elegantes convites dominicales de Cukor empezaron a cambiar y la formalidad dio paso a unas veladas relajadas en las que sus amigos tenían ocasión de codearse con una larga colección de jóvenes atractivos junto a un buffet frío servido junto a la piscina.

Las fiestas, en ocasiones, contaban con varios modelos pornos para dar animación a la noche. Servían a Cukor, que no podía ni quería ya ir por los bares. Siempre pagaba por el sexo obtenido pues no deseaba involucrarse emocionalmente.

Con el tiempo, la gente empezó a desertar de sus cenas de los domingos. Se hartaron de la rígidas normas de Cukor y él mismo perdió parte de su sarcasmo. A los 81 años, comenzó a dirigir la que sería su última película, “Ricas y famosas”, y poco después, el 23 de enero de 1983, murió en la más absoluta soledad.


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