La experiencia de ganarle a la sequía con la producción hidropónica en Cutral Co
Se cultivan verduras de hoja como acelga, espinaca, lechuga y rúcula.
Después de abrir la puerta del invernadero los diferentes tonos de verdes sorprenden a quien ingresa. Allí esperan su momento para ser cosechadas acelgas, lechugas, rúculas y espinacas. Las verduras se encuentran a casi un metro del suelo y tal vez así se aprecian mejor porque el método elegido por un productor local es el hidropónico, ideal en estos lugares, donde la optimización del agua es fundamental.
En pleno barrio Centro Norte de Cutral Co, Emiliano Manzetti, ingeniero agrónomo decidió iniciar su emprendimiento. Después de trabajar en el sector frutícola de una empresa, terminó la temporada y quedó sin trabajo. En el medio, se desató la pandemia y lo encontró a este cordobés de nacimiento, pero crecido desde los 5 años en Cutral Co, con la necesidad de encontrar una salida laboral.
“Pensando qué podíamos hacer, había visto este método en la facultad y como teníamos este terreno de mis padres que estaba ocioso, nos decidimos a intentar la experiencia”, relata. Ya para noviembre de 2020 estaba en marcha Pehuen Hidroponía.
Junto a su padre, construyeron el invernadero, montaron los bancos y comenzaron con la siembra de las plantas de espinaca, lechuga, acelga y rúcula. La elección del sistema hidropónico fue fundamental a la hora de evaluar qué tipo de cultivo iba a llevar adelante. Este sistema que ahorra un 90 % de agua comparado con el tradicional, en una ciudad donde la escasez de agua es una de las principales características, ante la falta de un río o lago cerca.

“Vimos la oportunidad para aprovecharlo y acá no conozco que existan producciones agrícolas, de este tipo. Aprovechamos mucho el agua, reducimos su consumo y podemos brindar producción todo el año porque estamos todo el año”, describió Emiliano.
En el invernadero de 13 metros por 13 metros de largo y tres y medio de alto, se dispuso el primer banco que tenía posibilidades de cultivar 180 plantas. Después, si lo ampliaron y ahora son cuatro bancos, dos de los cuales tienen 12 metros de largo y tienen 600 plantas cada uno y los otros dos, tienen ocho metros y medio y 450 plantas.
En cuanto al sistema de riego, que es el corazón del sistema, el emprendedor describió que los bancos ocupan 220 litros de agua. Si bien, se debe calcular un litro de agua por planta –en este caso, por la cantidad que tienen sería menor- el seguimiento que se hace cada dos días para revisar el nivel de líquido de los tanques, se observa la cantidad de nutrientes y en función de eso se rellena, en el caso de ser necesario.
En cada reservorio de 220 litros de agua, se coloca una bomba sumergida que eleva la solución nutritiva hasta al comienzo de cada banco, que tiene una pendiente de 3 % de principio a final.
“El agua con solución nutritiva baja por gravedad y en el otro extremo del caño recolector, es el que junta la solución nutritiva de todos los caños y la devuelve al tanque y se ahorra porque se recircula todo el día”, manifestó. El sistema cuenta con un temporizador que marca el momento que se debe regar según la temperatura del día.
La primera experiencia resultó y por esta razón es que decidieron avanzar. Los problemas que surgieron, en principio con la estructura, porque debió ser más alta porque la temperatura en verano es muy elevada y necesitaría la ventilación a mayor altura. Estas situaciones se fueron sorteando y se encontraron las soluciones.

Una situación similar se dio con la calefacción porque, Emiliano supuso que no iba a requerir un artefacto artificial y las bajas y constantes temperaturas del invierno obligaron a instalar un calefactor de 6.000 calorías que, al menos, impide que la cosecha de queme por las heladas.
La primera cosecha de lechuga que tuvieron tampoco resultó porque se “floreció”. “Sembramos rúcula, lechuga y acelga, y la lechuga no nos funcionó, tuvimos problemas en la forma de sembrarlo”, explicó.
Sin embargo, la rúcula y acelga si superaron ampliamente las expectativas que tenían. En dos meses alcanzaron la primera cosecha y, a partir de allí, hicieron los cambios. En el emprendimiento, Emiliano se dedica a comprar las semillas y sembrarlas, a diferencia de algunas otras experiencias, en las que a partir de los plantines se hace el proceso de cultivo. La mejor calidad de la semilla es lo que redundará luego en el tipo de la cosecha, señaló.
Una vez que tuvo la cosecha, el desafío fue ponerlo a la venta. Aunque, las redes sociales, son la principal vía para dar a conocer el emprendimiento, las personas interesadas, llegan hasta el lugar, eligen y compran. “Por ahora, vienen a comprar acá, y ahora una vez por semana que se hace el reparto”, dice el productor.
Mientras que la venta a una escala superior, todavía no la logra para darle continuidad a la cadena de venta. En algunas ocasiones, se las ofrece a algunas verdulerías y las coloca allí pero todavía no llega a los supermercados, por ejemplo. Lo mismo ocurre con las casas de preparación o elaboración de comidas, que tal vez, compran a una escala mayor con precios más competitivos.
Sin embargo, Emiliano sostiene que, a diferencia de otros cultivos, se prioriza el cuidado del medio ambiente y en este sentido, no se aplica ningún plaguicida como agroquímicos para combatirla porque no hay insectos, y eso es “más saludable para el consumidor”.
Escuchá la entrevista a Emiliano Manzetti en RN RADIO:
Después de abrir la puerta del invernadero los diferentes tonos de verdes sorprenden a quien ingresa. Allí esperan su momento para ser cosechadas acelgas, lechugas, rúculas y espinacas. Las verduras se encuentran a casi un metro del suelo y tal vez así se aprecian mejor porque el método elegido por un productor local es el hidropónico, ideal en estos lugares, donde la optimización del agua es fundamental.
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