La gloria que llegó de tanto perseverar

La hazaña de Vicky en el Mundial tiene una historia atrás.

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Gentileza(Foto: Rodríguez López concretó su sueño en las pistas de Italia. )

Para las neuquinas Victoria Rodríguez López y Maira Arias el paso por el Mundial Italia 2012 de patín carrera fue más que auspicioso, ya que fueron protagonistas claves de la delegación argentina. Los números son concluyentes: de las tres medallas que rescató el equipo nacional en su aventura por Ascoli Piceno y San Benedetto di Tronto, una de ellas, la más trascendente, llegó de la mano de Vicky (oro con récord mundial en los 200 metros) y la restante de Maira, con un fantástico tercer puesto en una competencia tremenda y desgastante. La tercera, que alcanzó apenas para mejorar la pobre labor del año anterior en Yeosu, fue fruto del esfuerzo de tres pibes fervorosos (el porteño Juan Cruz Araldi y los marplatenses Ezequiel Capellano y Guillermo Servian), que luego de 20 años sin podio entre los varones en equipos, se colgaron el bronce en los 3.000 con relevos, dejando afuera nada menos que a Colombia. “Persevera y triunfarás”, dijo alguna vez el filósofo Lucio Séneca. Y si bien la frase ya pasó a la historia como el imperio romano, le calza justo a Rodríguez López, una producto auténticamente neuquino, moldeado por el vapuleado coach Marcos “Topo” López, quien descubrió un diamante en bruto y lo transformó -aunque muchos no lo reconocen- en una campeona del mundo. Este sueño fantástico que Victoria hizo realidad hace apenas unos días en un improvisado circuito rutero entre frondosas palmeras comenzó a forjarse en la lejana Anyang, seis años atrás cuando apenas era una niña y afrontaba su primera experiencia internacional. En esa oportunidad, en tierras coreanas, pecó de soberbia cuando desperdició la chance de colgarse su primera medalla en los 200 metros, pero se retractó con el bronce en los 500 metros, tras los consejos que insólitamente le brindamos, quien esto escribe y su padre, quienes nos convertimos en improvisados entrenadores. Esa noche, mientras las lágrimas de emoción cubrían el rostro de papá José Luis y mamá Marisa, Vicky se juró ser campeona del mundo. Pero claro, no fue una empresa fácil: un año más tarde se tuvo que “bancar” el “robo” de Cali, cuando terminó en un dudoso segundo lugar a solo 2,9 milésimas de la colombiana Sara Vallejos ante casi 10.000 personas que metieron presión desde las gradas para que el oro quede en casa. Y luego, las alegrías incompletas en Gijón y Haining, donde el oro le volvió a ser esquivo pese a volver con medallas; y las frustraciones de Guarne y Yeosú, donde su cuerpo no respondió a los deseos de su mente. Esta vez sí, sin el karma de la “Negra” Jercy Puello (ausente por tramposa), le permitió alcanzar la gloria. Merecida, por tanto perseverar. (Luis Amaolo)


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