La lectura no es puro cuento

Aproximaciones a la historia en clave de ficción.



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Julieta Grosso

Los tres libros que ya circulan de la colección juvenil Reloj de Arena.

En un año signado por la expansión de la literatura juvenil y el lanzamiento de numerosas sagas dirigidas a ese segmento, la flamante colección Reloj de Arena ofrece una serie de títulos que plantean una aproximación a la historia desde las herramientas de la ficción y exploran cuestiones diversas como la guerra de Malvinas o los viajes de Marco Polo. El emprendimiento que lleva adelante la periodista y editora Jorgelina Núñez para la editorial Atlántida ya lleva publicadas tres obras –“Cruce de caminos”, de Angélica Gorodischer; “La Reina del Nilo”, de Patricia Suárez y “Nunca estuve en la guerra”, de Franco Vaccarini– y tiene previsto para 2013 la aparición inminente de un libro sobre Juan Manuel de Rosas a cargo de José María Brindisi. “La idea de la colección surgió ante las dudas de mis hijos que e ahora tienen 14 y 13 años y a menudo me disparaban preguntas del tipo: “Mamá, ¿cómo fue la revolución cubana?, ¿qué es el peronismo? –explica Núñez a Télam–. Me veía obligada a improvisar un cuentito explicativo para dar respuesta a esas preguntas, pero siempre eran insuficientes y a medida que necesitaba introducir una digresión para explicar alguna cuestión colateral, me desviaba y ellos terminaban aburridos y enterándose de la mitad”. –Los títulos publicados hasta el momento muestran una diversidad temática y estilística muy marcada. ¿La recreación de la vida de Cleopatra o la guerra de Malvinas apunta a un target que está familiarizado con esas cuestiones o directamente se pensó en un lector totalmente ajeno al devenir de la Historia? –Básicamente, la idea de la colección es acercarse a algunos episodios y personajes de la historia a partir del punto de vista de los propios protagonistas o de personajes secundarios que actúen como testigos privilegiados de los hechos que se narran. El enfoque es ficcional pero la información brindada siempre procede de una investigación histórica exhaustiva y rigurosa. Así, por ejemplo, en “La Reina del Nilo” se cuentan situaciones como que Cleopatra se presentó ante el César enrollada dentro de una alfombra o que los egipcios eran muy aficionados a los títeres, que son datos que constan en los libros de historia. Técnicamente hablando, la literatura no le aporta nada a la historia, si entendemos por esto la disciplina que necesita de documentos para poder ser construida. Deberíamos pensar de qué manera la historia y la literatura nos dan la posibilidad de salir de nuestras preocupaciones más inmediatas para poder pensar algunos procesos vividos por la humanidad o las sociedades. –¿Cómo describirías la generación lectora a la que va dirigida la colección? –La generación lectora a la que apunta la colección está entre el fin de la escuela primaria y la primera mitad del secundario. Una edad que todavía mantiene intereses que no están referidos sólo al mundo adolescente. Respecto de las temáticas, cualquiera es válida porque lo importante es el tratamiento que se les dé y la calidad literaria. Por ejemplo, tanto Cleopatra como Marco Polo son nombres de los que apenas se conocen un par de datos, como que la primera tenía una gran belleza y que murió por la picadura de su serpiente. Y de Marco Polo que viajó por China y trajo a Occidente productos del Oriente. Son nombres que se han ido vaciando de contenido. La idea es recuperar esas figuras no sólo por su importancia histórica, sino también porque fueron personalidades riquísimas, sumamente atractivas, con vidas muy novelescas. Además, en los libros de la colección que tratan sobre ellos, el componente humorístico juega un papel muy importante, lo que hace que las historias sean muy divertidas y entretenidas. –¿Qué prevaleció en el tratamiento de un tema como Malvinas: la mirada retrospectiva frente a lo ocurrido o la mirada resignificada que toma en cuenta cómo se lee hoy la guerra? –Prevaleció la necesidad de proveer una mirada vivencial de la guerra. Contarla tal como pudo haberla vivido alguien de la generación de los combatientes, desde su propio lugar, que no fue el de la trinchera pero sí de una proximidad muy grande. De hecho, el libro tiene un componente autobiográfico fuerte y apunta a señalar la transformación que sufre un joven común, parecido a tantos otros, a partir de esa experiencia tan traumática. Aquí, el componente primordial ya no es el humor, sino la emoción. –¿Cómo repercuten en la relación con la lectura la fragmentación de contenidos que propone hoy las tecnologías, básicamente la lectura “no lineal y no secuencial” que define la relación entre los jóvenes y los medios de comunicación? –Creo que estamos asistiendo a nuevas formas de leer, más fragmentarias y tangenciales, más dinámicas y por eso mismo también más inconsistentes. Pero no dejan de ser lecturas, por lo tanto deben ser respetadas. No obstante, mi experiencia me dice que más allá de las formas, los cambios y las modas, es difícil resistirse a una buena historia bien contada. –Hoy el segmento juvenil está casi monopolizado por una serie de sagas que bajo el paradigma de “Crepúsculo” reproducen la fórmula de romance clásico aderezado con seres sobrenaturales, una estética oscura y temáticas posapocalípticas: ¿cuál es el impacto que este tipo de libros han tenido sobre el universo lector? –En principio, yo no estigmatizaría esas sagas a pesar de la fórmula repetida que se utiliza para hacerlas más vendibles. Si la literatura es, tal como lo entendía Borges, un magnífico entretenimiento, es bueno que los jóvenes que siguen estas sagas sientan que pueden divertirse con un libro. Si son sagaces, pronto descubrirán la fórmula y se aburrirán de ella y buscarán otro libro que los siga divirtiendo. Si no lo son, es poco lo que se puede esperar de ellos. (Télam)


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