La «ley de la selva» destruye vidas en la alcaidía de Roca

Cruzar la reja central de la cárcel es ingresar a tierra de nadie. La violencia y los "códigos" de los presos tuvieron finales trágicos.

Muchas veces no se alcanza a comprender cómo no se pueden evitar los vejámenes que sufren de sus propios compañeros de detención, los detenidos en la alcaidía de Roca. Como si se tratara de la «ley de la selva», el predominio del más fuerte es una realidad.

Pero para ello se conjugan diversos factores que no hacen más que propiciar estas prácticas aberrantes que están establecidas entre los «códigos» que manejan los presos, a las que nadie les pone freno.

Sabido es lo que habitualmente le pasa a un detenido que ingresa por delitos sexuales. Los violadores o abusadores son apartados del resto y se los ubica en un determinado pabellón. Sin embargo este pabellón no está aislado de los otros, por lo que no es imposible que los presos «justicieros» lleguen hasta él.

Además de la aplicación de la ley del Talión, los «aprietes» de algunos presos con jerarquía o experiencia hacia los más novatos, es casi permanente.

Se transforma en una especie de trueque, en el que el preso nuevo entrega parte de la mercadería que recibe de sus familiares, (en muchos casos prácticamente la totalidad), además de cigarrillos o dinero. Si tiene suerte, puede lograr protección a cambio. Si no pasa a ser la «sirvienta» del pabellón. Tendrá que limpiar los pisos y tender las camas de todos, poner la mesa y hasta oficiar de «novio» de alguno de los pesos pesados. En este caso, no podrá ser «pareja» de otro interno, ya que se originaría un enfrentamiento.

Muchos de los novatos, no saben cómo poner los límites. Es que es algo que no está establecido en ningún libro.

Poner «banca» puede significar lograr un poco de respeto y tener un pasar un poco más tranquilo. Pero, ¿quién le garantiza que la reacción puede ser mucho más violenta por negarse a obedecer una «orden»?.

Las «facas» son las armas blancas de fabricación casera con las que cuenta más de la mitad de los internos. Cuando hay diferencias entre detenidos con alguna experiencia, las asperezas suelen limarse con especies de «duelos criollos». Al lugar puede llegar uno de los que participará en el duelo, y le arroja una «faca» a su contrincante. Si este la toma, deberá pelear.

Si no lo hace, abandonará el pabellón y deberá buscar un lugar donde sea aceptado para dormir. De todos modos, el hecho de no haber tomado la «faca», lo transforma en un preso sin «chapa» ni peso, por lo que pasará a ocupar uno de los últimos escalones de la imaginaria escala de rangos entre los detenidos.

¿Pero cómo es que esto ocurre sin la intervención de los guardias?. ¿Cómo se explica semejante libertad tras la reja central?. No es nuevo que la falta de personal se nota y mucho en la alcaidía. Tal vez más que en una comisaría, donde también los uniformados son escasos.

Cada pabellón de la alcaidía de Roca tiene unos 40 internos. Además, hay gente alojada en la caldera, en la biblioteca, en la sala de abogados, en la enfermería, y cinco internos viven y duermen en una escalera.

Para cuatro pabellones (unos 160 presos), suele haber un celador, o dos en el mejor de los casos. Si están encerrados, debe abrir la reja cada vez que alguno quiera usar el teléfono público. Los riesgos de ser «chupado», son inmensos. Para cuando sus compañeros se den cuenta, será tan tarde como quieran los atacantes. Pero seguramente no lo podrán salvar si el ataque tiene como fin la muerte del policía.

Tampoco tienen los elementos de seguridad. No cuentan con chalecos que pueda evitar ser heridos con una «faca», por lo que están a la «buena de Dios».

Pero además, los guardias son tan pocos, que están recargados en forma permanente. Si además hacen adicionales para engrosar un poco su magro salario, se tendrá a un policía cansado por falta de horas de sueño. Y lo más peligroso es que con el sueño, se pierde atención y reflejos. Es decir, está más desprotegido aún ante un ataque de un recluso, y tal vez difícilmente pueda abortar una fuga, ya que se han detectado casos de policías vencidos por el cansancio en una garita del muro.

El malestar por la superpoblación y el hacinamiento, se controla a fuerza de concesiones. Entonces los presos, cada vez ganan más terreno y poder. Circulan de pabellón a pabellón con total libertad, y el personal para requisar periódicamente los pabellones, no alcanza.

La alcaidía tiene dos realidades. La falta de soluciones por parte del Estado, y la de rejas adentro, esa tierra de nadie que manejan aquellos presos con experiencia.

En los últimos meses, este sistema carcelario se cobró la vida de Enzo Pérez. También dejó a otro joven violado con problemas psicológicos permanentes. Y además, los policías conviven con el riesgo permanente de la falta de equipamiento.

Hugo Albizúa

halbizua@rionegro.com.ar

Foto: Cuando se cruza la reja principal, se ingresa a otro mundo. Ahí manda la ley del más fuerte, desafiando a cualquier ley penal o moral.


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