La literatura argentina después de Borges
Dictó un seminario intensivo en Viedma.
Evangelina Martínez
José Amícola, el reconocido teórico argentino de la literatura, sostiene que la figura de Jorge Luis Borges fue tan elevada en el campo literario nacional como su sombra lo fue de amplia para eclipsar a las siguientes generaciones de escritores.
De los nuevos, apenas unos pocos aparecen, según Amícola, como capaces de marcar huellas y cosechar seguidores. Así como en los ‘80, para el estudioso plantense doctorado en Alemania, los máximos referentes de la literatura argentina eran Borges, Julio Cortázar, Roberto Arlt y Manuel Puig, en los nuevos tiempos se elevan sobre el resto Ricardo Piglia, Luisa Valenzuela, Silvia Molloy y César Aira.
No obstante, es este último quien para Amícola, tiene las mayores posibilidades de consolidarse como un faro para la literatura nacional.
La semana pasada en el Centro Regional Zona Atlántica de la UNC en Viedma, Amícola desarrolló un intensivo seminario de posgrado denominado “Los diarios de escritor: el discurso de la discriminación (Bioy, Gombrowicz, Pizarnik)” y luego dictó una charla abierta sobre “Corpus y canon”, durante la cual explicitó interesantes posicionamientos sobre la literatura actual. Luego, en diálogo con “Río Negro” amplió y reformuló algunos de sus conceptos.
–¿Por qué considera a esos cuatro autores como integrantes de una élite literaria con mayor proyección?
–Puse a Piglia, Silvia Molloy, Aira y Luisa Valenzuela, porque pienso en autores no solamente significativos, sino también en autores cuyos proyectos literarios permitan pensar en líneas de fuga de la literatura, como diciendo acá hay posibilidades de marcar hacia donde van.
Uno podría nombrar mucha más gente como Angélica Gorodischer, Tununa Mercado, entre las mujeres o Marcelo Cohen, Martín Kohan y Alan Pauls, pero da la sensación de que Aira, Molloy, Piglia y Valenzuela, tienen posibilidades de que se creen seguidores.
–¿Usted ve que pueden abrir caminos, dejar huella?
–Sí, pero es una apuesta, tal vez en diez años no resulta así. Y en el caso de Aira en particular es notable como rota por editoriales pequeñas a diferencia de lo que pasó con Emecé y Borges. Es cierto que hay un especie de tensión constante entre el mercado y la obra, pero yo no soy tan pesimista como otros teóricos, no creo que él esté dominado por el mercado.
Para mí, es muy astuto lo que él está haciendo. Además, está entregando siempre algo, lo que lo mantiene en la cartelera, porque si un autor publica una novela cada diez años, el público se olvida de ese autor.
–¿De esa forma no se corre el riesgo de escribir a demanda?
–Esa es una lectura, pero la lectura de Aira, lo que corresponde también a su proyecto, es un fluir continuo, es como si fuera un sólo discurso.
Uno puede decir que toda su obra no cambia, que es una novela igual a la anterior, siempre con el mismo procedimiento. Pero una vez que uno entiende eso, entiende a Aira. Lo que él quiere traer, es la idea de un “discurso airiano”, que empieza acá y continúa, sin detenerse hasta que se muera.
–Es como un decir este soy yo y esta es mi obra…
–Claro, es como si estuviera hablando literariamente, infinitamente, sin parar. Como una mujer charlatana que no se puede cortar. No hay otro que haga eso, es único. Esa es la característica de Aira.
José Amícola está convencido de que Ricardo Piglia, Luisa Valenzuela, Silvia Molloy y César Aira son los nuevos referentes.
Pedro Caram
pcaram@rionegro.com.ar
Evangelina Martínez
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