La madre de todas las encuestas

Por Redacción

Desde el punto de vista de los partidarios de los tres políticos que de acuerdo común lideran con comodidad la carrera presidencial –Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa–, las PASO se asemejan a una gran encuesta de opinión realizada a más de dos meses y medio de las elecciones. Aunque muchos parecen creer que, como sucedió en el 2011, muy poco cambiará en el período así supuesto, es de esperar que en esta ocasión se hayan equivocado y que tanto los presidenciables como los aspirantes a otros cargos electivos significantes se animen a aprovecharlo para que la ciudadanía pueda asistir a una campaña electoral auténtica, una en la que los candidatos se vean constreñidos a precisar sus respectivos programas de gobierno. Por razones comprensibles, ninguno ha querido arriesgarse hablando de dificultades por venir, pero convendría que comenzaran a preparar al país para enfrentar una etapa que, aun cuando no resulte ser tan deprimente como pronostican algunos agoreros, será con toda seguridad muy complicada. Mucho dependerá de la evolución de la economía. Frente a ella, los principales candidatos se han resistido a definirse. Todos afirman estar dispuestos a reducir la inflación “a un dígito”, como si a su entender el 9,9% anual fuera normal; Macri afirma que lo haría en dos años, Scioli en cuatro y los asesores económicos de Massa se suponen capaces de hacerlo en tres. Coinciden en que no resultaría necesario “ajustar” nada. Huelga decir que ninguno ha querido entrar en detalles acerca de cómo se las arreglaría para sanear las distorsionadas finanzas nacionales, lo que puede entenderse ya que, a juzgar por la experiencia universal en la materia, los programas antiinflacionarios nunca son populares. Tampoco nos han dicho mucho sobre lo que tratarían de hacer para conseguir las inversiones que el país requeriría para salir del estancamiento en el que se debate desde hace cuatro años, frenar el crecimiento exponencial del gasto público, estimular la industria y reanimar las moribundas economías regionales. Felizmente para los políticos, parecería que buena parte de la ciudadanía comparte la preocupación que sienten cuando piensan en los desafíos que le aguardan al eventual heredero del “modelo” kirchnerista, razón por la que, a diferencia de sus equivalentes en otras democracias, no se ven sometidos a presiones y por lo tanto pueden limitarse a formular declaraciones reconfortantes. Si bien es probable que, antes de celebrarse las elecciones definitivas, escándalos como el motivado por las denuncias contra Aníbal Fernández perjudiquen a algunos candidatos y beneficien a otros, los estrategas de las agrupaciones más importantes parecen convencidos de que en las próximas semanas no se modificará mucho el mapa político insinuado por los resultados de las PASO. Suponen que si Scioli obtiene más del 40% de los votos y Macri menos del 30 todo estará dicho, de suerte que el bonaerense podría alejarse más de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, lo que con toda seguridad provocaría más tensión en el peronismo que ya se ve dividido entre los kirchneristas más fervorosos y veteranos que los creen intrusos. Por su parte, el líder de Pro confía en mantenerse en carrera, pisándole los talones a Scioli, aunque sólo fuera merced a los aportes de sus socios de Cambiemos Elisa Carrió y Ernesto Sanz, y en que la precandidata a gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, conseguirá más votos que Aníbal Fernández o Julián Domínguez aunque, desde luego, sabrá que es muy escasa la posibilidad de que su propia alianza supere al Frente para la Victoria en el distrito electoral más importante del país. En cuanto a Massa, parecería que últimamente ha logrado recuperarse un poco del bajón que atribuye a la polarización protagonizada por Scioli y Macri gracias no sólo a sus propios esfuerzos sino también a la virulencia extrema de la interna oficialista y el abrupto cambio de discurso del porteño que, para alarma de sus partidarios, pareció “kirchnerizarse” de golpe luego de enterarse del ajustado triunfo de Horacio Rodríguez Larreta en el balotaje celebrado en su propio feudo metropolitano por miedo a que una postura demasiado liberal le cueste la posibilidad de convertirse en presidente de la República.


Exit mobile version